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“En las familias siempre, siempre hay cruz, siempre. Porque el amor de Dios, el Hijo de Dios, nos abrió también ese camino. Pero en las familias también después de la Cruz hay Resurrección”, señaló el Papa Francisco durante el Encuentro Mundial de las Familias - Filadelfia 2015.

Una familia cuya vida fue profundamente marcada por la Cruz fue la de Santa Teresita del Niño Jesús y sus padres, Santos Celia y Luis Martin.

Ellos hicieron de los dolores y las tribulaciones un camino de santidad.

Aquí presentamos siete dolores que marcaron a la familia de Santa Teresita del Niño Jesús, los cuales pueden ayudar y dar esperanza a quienes atraviesan situaciones similares:

1. Extrema exigencia

Luis y Celia fueron hijos de padres militares, cristianos de fe viva.

Sin embargo, Celia fue criada con extrema rudeza, autoritarismo y exigencia. Se sabe que su madre fue una mujer de muy mal carácter.

Por ello, en una de sus cartas la santa afirmó que su infancia y juventud fueron tristes “como un sudario” y que su madre “era demasiado severa; era muy buena pero no sabía darme cariño, así que sufrí mucho”.

2. Rechazados para la vida religiosa

Celia estudió en el internado de las religiosas de la Adoración perpetua y Luis con los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle). Durante su juventud, ella pidió formar parte de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul y él quiso ingresar al Monasterio del Gran San Bernardo. Sin embargo, ambos fueron rechazados.

Luis se dedicó al oficio de relojería y Celia se convirtió en una famosa empresaria con el “punto de Alençon”, un famoso encaje de la época.

En una ocasión, ambos se cruzaron por la calle y Celia quedó impresionada al ver a un joven de noble fisonomía, semblante reservado y dignos modales. Ella sintió una voz que le decía: “Éste es el hombre predestinado para ti”. Se conocieron, se enamoraron y tres meses después de su primer encuentro se casaron.

3. La pérdida de los hijos

Luis y Celia tuvieron nueve hijos, pero sufrieron la muerte prematura de cuatro de ellos.

Entre las cinco hijas que sobrevivieron se encontraban Santa Teresita del Niño Jesús y Leonia, cuya causa de beatificación fue abierta en el 2015.

4. El cáncer

A los 45 años, Celia se enteró de que tenía un tumor en el pecho y vivió su enfermedad con mucha esperanza cristiana hasta su muerte en 1877.

Tras la muerte de su esposa, Luis tuvo que sacar adelante a su familia. Se trasladó a Lisieux, donde residía el hermano de Celia, y la tía Celina lo ayudó a cuidar de las hijas. Años más tarde, las cinco se hicieron religiosas, cuatro en el Carmelo y una en la Visitación.

5. Holocausto para Dios

Luis tenía una enfermedad que lo fue invalidando hasta el punto de perder sus facultades mentales. Fue internado en el sanatorio del Buen Salvador en Caen.

En ocasiones tenía periodos de alivio y tuvo la plena facultad de ofrecerse como víctima de holocausto a Dios. Partió a la Casa del Padre en julio de 1894.

6. Camino de soledad

Santa Teresita sufrió mucho con la muerte de su mamá y escogió a su hermana Paulina como su segunda madre. Tiempo después, Paulina ingresó al Carmelo y la pequeña Teresa cayó gravemente enferma con síntomas alarmantes de regresión infantil, alucinaciones y hasta anorexia.

El 13 de mayo de 1883, después de varios novenarios de Misas y oración, una imagen de la Virgen María sonrió a Teresa y ella quedó curada súbitamente.

La santa también sufrió por la enfermedad de su amado padre, quien la llamaba “su reinecita”.

7. Firmes ante las adversidades

En su libro “Historia de un Alma”, Santa Teresita escribió lo siguiente sobre sus progenitores: “Tuve la dicha de pertenecer a unos padres incomparables, que nos rodearon de los mismos cuidados y cariños… Quería Jesús sin duda, en su amor, hacerme conocer a la madre incomparable que me había dado, y a la que su divina mano quería a toda prisa coronar en el cielo… Mis primeros recuerdos guardan la huella de las más tiernas sonrisas y caricias… Amaba yo mucho a papá y a mamá, y les demostraba de mil maneras mi ternura”.

“Nuestro padre querido bebería la más amarga, la más humillante de todas las copas… El 29 de julio del año pasado, Dios rompió las ataduras mortales de su incomparable servidor, llamándole a la recompensa eterna” (Tomado de “Historia de un alma”).

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SANTIAGO, 01 Oct. 18 (ACI Prensa).- Los obispos de Chile y Bolivia reiteraron la hermandad que existe entre los dos pueblos y llamaron a acatar la sentencia de la Corte Internacional de Justicia de La Haya emitida este lunes 1 de octubre.

“Somos dos pueblos hermanos, unidos por la fe y por la experiencia de comunión, de fraternidad y solidaridad”, indicaron los obispos en un comunicado conjunto emitido ayer domingo.

Este lunes la corte con sede en Holanda emitió su dictamen en el que resolvió que Chile no tiene obligación de negociar el acceso al océano Pacífico que pide Bolivia.

En su demanda interpuesta en 2013, Bolivia aspiraba a terminar con la “puerto-dependencia” de Chile, ya que el 75% de su carga utiliza las instalaciones del país vecino.

Por su parte, Chile se defendió bajo el argumento de que Bolivia goza condiciones preferentes en los puertos chilenos, de acuerdo al tratado de 1904 firmado por ambos países que establece las fronteras e incorpora el requisito del “libre tránsito” de los embarques bolivianos.

El tratado fue firmado más de 20 años después de que culminó la guerra que confrontó a Chile contra Bolivia y Perú, y en la cual el país demandante perdió su litoral.

Previo a conocerse la sentencia, los consejos permanentes de las Conferencias Episcopales de Chile y Bolivia invitaron a “todos los católicos y a las personas de buena voluntad de nuestros dos países a acatar la sentencia con fe, paz y sensatez, espíritu constructivo y fraterno”.

“Y, más allá de lo que el Tribunal decida, ejercer nuestra responsabilidad como instrumentos de integración, justicia y unidad entre nuestros pueblos, manteniendo y profundizando un trabajo común como pueblos hermanos, particularmente en favor de los más desposeídos”, exhortaron en su mensaje.

Al sentirse llamados a ser “instrumentos de unidad”, los obispos expresaron su deseo de “facilitar el conocimiento mutuo y el compartir de experiencias para superar las divisiones entre nuestras naciones”.

Explicaron que al pertenecer a América Latina, “somos una unidad geográfica y cultural que la gente de nuestros pueblos sabe reconocer y expresar a través de tantos signos de integración, relaciones interpersonales y muestras de religiosidad popular que traspasan fronteras”.

Pero estos intentos de integración no siempre son exitosos y “nos hace constatar también la falta de concordia por contradicciones y brechas de estridentes desigualdades y marginaciones”.

Pese a ello, destacaron los obispos, “nuestros pueblos tienen vocación de paz”.

Finalmente los obispos recordaron que en el año 2014 el Papa Francisco afirmó que la paz “sólo es posible alcanzarla realmente y gozar de ella, como mejor calidad de vida y como desarrollo más humano y sostenible, si se asume en la práctica, por parte de todos, una determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común. Lo cual implica no dejarse llevar por el afán de ganancia o por la sed de poder”.

“Que Dios bendiga a Bolivia y a Chile y que la Virgen María nos ayude en este camino de comunión, cuyo más firme fundamento es la fe y el deseo de vivir como naciones hermanas·, concluye el mensaje.

En los últimos tres años más de dos millones de venezolanos han abandonado el país, según datos de ACNUR y otras organizaciones internacionales, debido a la grave crisis económica, política y social que atraviesa.

El Obispo de Trujillo (Venezuela), Mons. Oswaldo Azuaje, fue entrevistado en el programa Perseguidos Pero No Olvidados que la Fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada tiene en la cadena Trece en España.

Mons. Azuaje se encontraba en España después de participar en la visita ad límina que los obispos de Venezuela hicieron al Papa Francisco recientemente y donde el Santo Padre les animó a “mantenerse fuertes y cercanos” al pueblo.

“También nos invitó a poner en práctica una realidad: la resistencia. Nunca había oído así este concepto que no tiene que ver nada con un lenguaje político ni populista ni militar. Nos invitó a resistir firmes en la fe, en la esperanza y en la caridad”, aseguró el Prelado.

La Diócesis de Trujillo es una de las “circunscripciones más pobres, económicamente hablando. Se encuentra en la región andina, es una zona de montaña, predominantemente rural”, pero que cuenta con una “riqueza humana y cultural muy grande”.

“Sufrimos, como en el resto del país, la carencia de alimentos y medicamentos. Numerosas personas se han marchado a otros países y la economía está muy resentida. En los pueblos se nota más la falta de acceso a alimentos que en la capital o las ciudades importantes del país”, aseguró Mons. Azuaje.

El Prelado explicó que recientemente visitó la frontera que Venezuela tiene con Colombia, en el estado de Táchira. “Desde la Diócesis de San Cristóbal, en el lado venezolano, y la Diócesis de Cúcuta, en el lado colombiano, se está haciendo una ingente labor. Yo me metí entre la gente que cruza a Colombia y es impresionante, huyen por miles cada día”, aseguró.

También precisó que actualmente “la Iglesia alimenta diariamente a entre 5.000 y 8.000 personas, esto no son cifras exactas, y son solo los atendidos por la Iglesia”.

Aunque también hay quien cruza la frontera solamente para comprar productos que no hay en Venezuela y que pueden encontrar en Colombia.

Entre las principales consecuencias del éxodo de venezolanos, el Obispo destaca “la falta de jóvenes y personas de mediana edad”.

“El éxodo es forzoso porque hay una gran falta de alimentos y medicamentos, la gente necesita y no los encuentra en el país ni tiene cómo poder comprarlos por la gran devaluación de la moneda”, subraya.

Ante la grave situación que afronta el país, la Iglesia Católica se ha organizado en lo que llaman “ollas comunitarias”, donde gracias a la caridad y a la generosidad de los fieles, se cocina diariamente para alimentar a los que lo necesitan.

“Hay desnutrición en niños y también en ancianos. Hace unos días me llamó mi hermana, que cuida de mi madre, para decirme que no encontraba pollo, ni huevos, ni carne, que no sabía dónde ir porque no encontraba ninguna tienda donde poder comprar. La gente emplea mucho tiempo en llenar la cesta, si es que lo consiguen. Viven en un vía crucis diario en busca de comida”, aseguró Mons. Azuaje.

Por eso, el Prelado agradeció “la ayuda del pueblo venezolano”, la de “aquellos que han compartido con nosotros y siguen compartiendo lo poco que tienen”.

Aunque subrayó que debido a la escasez actual deben recurrir a la ayuda de fuera “porque si no sería imposible”.

Por eso dio las gracias “a la Iglesia en Europa, sobre todo en Alemania, Italia y España, que nos está sosteniendo para apoyar a nuestros sacerdotes. Con los estipendios de Misa, ellos se pueden mantener de forma más o menos digna. Pero además, esta ayuda nos mantiene unidos a la oración, para no perder la esperanza”.

“Pido al Señor santos sacerdotes, pero también que estos sacerdotes puedan tener un sustento digno para servir al pueblo de Dios y responder a su vocación con más fuerza”, apuntó Mons. Azuaje.

También agradeció la colaboración de Ayuda a la Iglesia Necesitada porque, según precisó, por su ayuda “nuestras comunidades no van a decaer en su misión de consolar y ser luz en medio de tanta oscuridad en Venezuela. La falta de alimentos, medicinas, agua, luz, produce mucho estrés, contra el que tenemos que luchar”.

Además pidió oraciones por los obispos venezolanos para que no caigan en la tentación “de tirar la toalla”.

“Nuestra misión es sostener al pueblo, a través de los sacerdotes, así que sigan apoyándonos para mantenerles un digno sustento, para que así podamos mantener las ollas solidarias, el reparto de medicamentos y distribuir el resto de ayuda social”, aseguró Mons. Azuaje.

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Los obispos de Chile y Bolivia reiteraron la hermandad que existe entre los dos pueblos y llamaron a acatar la sentencia de la Corte Internacional de Justicia de La Haya emitida este lunes 1 de octubre.

“Somos dos pueblos hermanos, unidos por la fe y por la experiencia de comunión, de fraternidad y solidaridad”, indicaron los obispos en un comunicado conjunto emitido ayer domingo.

Este lunes la corte con sede en Holanda emitió su dictamen en el que resolvió que Chile no tiene obligación de negociar el acceso al océano Pacífico que pide Bolivia.

En su demanda interpuesta en 2013, Bolivia aspiraba a terminar con la “puerto-dependencia” de Chile, ya que el 75% de su carga utiliza las instalaciones del país vecino.

Por su parte, Chile se defendió bajo el argumento de que Bolivia goza condiciones preferentes en los puertos chilenos, de acuerdo al tratado de 1904 firmado por ambos países que establece las fronteras e incorpora el requisito del “libre tránsito” de los embarques bolivianos.

El tratado fue firmado más de 20 años después de que culminó la guerra que confrontó a Chile contra Bolivia y Perú, y en la cual el país demandante perdió su litoral.

Previo a conocerse la sentencia, los consejos permanentes de las Conferencias Episcopales de Chile y Bolivia invitaron a “todos los católicos y a las personas de buena voluntad de nuestros dos países a acatar la sentencia con fe, paz y sensatez, espíritu constructivo y fraterno”.

“Y, más allá de lo que el Tribunal decida, ejercer nuestra responsabilidad como instrumentos de integración, justicia y unidad entre nuestros pueblos, manteniendo y profundizando un trabajo común como pueblos hermanos, particularmente en favor de los más desposeídos”, exhortaron en su mensaje.

Al sentirse llamados a ser “instrumentos de unidad”, los obispos expresaron su deseo de “facilitar el conocimiento mutuo y el compartir de experiencias para superar las divisiones entre nuestras naciones”.

Explicaron que al pertenecer a América Latina, “somos una unidad geográfica y cultural que la gente de nuestros pueblos sabe reconocer y expresar a través de tantos signos de integración, relaciones interpersonales y muestras de religiosidad popular que traspasan fronteras”.

Pero estos intentos de integración no siempre son exitosos y “nos hace constatar también la falta de concordia por contradicciones y brechas de estridentes desigualdades y marginaciones”.

Pese a ello, destacaron los obispos, “nuestros pueblos tienen vocación de paz”.

Finalmente los obispos recordaron que en el año 2014 el Papa Francisco afirmó que la paz “sólo es posible alcanzarla realmente y gozar de ella, como mejor calidad de vida y como desarrollo más humano y sostenible, si se asume en la práctica, por parte de todos, una determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común. Lo cual implica no dejarse llevar por el afán de ganancia o por la sed de poder”.

“Que Dios bendiga a Bolivia y a Chile y que la Virgen María nos ayude en este camino de comunión, cuyo más firme fundamento es la fe y el deseo de vivir como naciones hermanas·, concluye el mensaje.

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El Papa Francisco aseguró que la santidad es el camino de la verdadera reforma de la Iglesia. En una audiencia que concedió a los participantes en el Capítulo General del instituto de la Caridad, sobre el tema “Sed perfecto, sed misericordiosos”, el Santo Padre afirmó que “la santidad y el ejercicio de las virtudes no están reservados a unos pocos”.

“Todos pueden vivirlas en la cotidiana fidelidad a la vocación cristiana; y los consagrados, en particular, en la fiel adhesión a la profesión religiosa”, explicó. En este sentido, subrayó que “la santidad es el camino de la verdadera reforma de la Iglesia que transforma el mundo en la medida en que se reforma a sí misma”, como afirmaba el Beato Antonio Rosmini, fundador del Instituto de la Caridad.

Por eso, insistió en la necesidad de poner en primer plano “la noticia alegre de que todo cristiano está llamado a la santidad”.

Francisco señaló cómo el Beato Rosmini quiso, mediante el Instituto por él fundado, resaltar la supremacía de la virtud de la caridad.

“En vuestra actividad eclesial”, continuó el papa, “os invito a disponer obras de caridad corporales, intelectuales, espirituales y pastorales, de modo que secundéis siempre al Espíritu Santo que indica dónde, cuándo y cómo amar”.

El Papa concluyó su discurso recordando a los participantes en el Capítulo General que “con la luz del Espíritu Santo encontréis los caminos para continuar con fuerza renovada recogiendo los signos de los tiempos, las urgencias sociales y la pobreza espiritual y material de cuantos escuchan las palabras y gestos de salvación y de esperanza”.

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El Secretario General del Sínodo de los Obispos, Cardenal Lorenzo Baldisseri, ofreció algunos detalles de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos dedicada a los jóvenes y el discernimiento vocacional que comienza el próximo miércoles 3 de octubre.

Durante una conferencia de prensa ofrecida en el Vaticano, el Cardenal destacó que este Sínodo es el tercero convocado por el Papa Francisco.

Señaló que esta Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos “se sitúa en la línea de las asambleas precedentes, en la que el hilo conductor es la renovación de la Iglesia y de la sociedad a partir del mismo fundamento: la familia y los jóvenes que garantizan las generaciones futuras”.

Explicó que “el tema de los jóvenes supone un desafío” que “la Iglesia no tiene miedo a afrontar”, y señaló que, en esta tarea, la comunidad eclesial “cuenta con la fuerza espiritual y humana que procede del Espíritu Santo”.

Por otro lado, recordó que en la Asamblea participarán 266 Padres Sinodales: 31 Padres ex oficio (15 Patriarcas, Arzobispos Mayores y Metropolitanos de las Iglesias metropolitanas sui iuris  de las Iglesias Católicas Orientales; 16 Jefes de Dicasterios de la Curia Romana; el Secretario General y el Subsecretario del Sínodo de los Obispos; y 15 Miembros del XIV Consejo Ordinario), 181 Padres electos de las Conferencias Episcopales y 41 Miembros de nombramiento pontificio.

Entre los Miembros hay 50 Cardenales, 6 Patriarcas, 1 Arzobispo Mayor, 44 Arzobispos, 101 Obispos titulares, 37 Obispos Auxiliares, 6 Vicarios Apostólicos y 1 Obispo Prelado. También hay 10 religiosos en representación de la Unión de Superiores Generales y 10 Miembros designados entre presbíteros y religiosos.

Además de los Padres Sinodales, el Cardenal Baldisseri explicó que también participarán 23 expertos, 49 auditores y 34 jóvenes de entre 18 y 29 años.

Destacó también como significativa la presencia de ocho delegados fraternos, representantes de otras Iglesias y comunidades eclesiales, “manifestación de la voluntad de trabajar juntos para conseguir la plena unidad visible de la Iglesia de Cristo”.

Asimismo, de entre todos los objetivos del Sínodo, subrayó tres: “Hacer consciente a toda la Iglesia de su compromiso misionero de acompañar a todos los jóvenes hacia la alegría del amor que Jesucristo ofrece a todas las nuevas generaciones”.

En segundo lugar, “tomar conciencia de la llamada universal del concepto de vocación y, en consecuencia, el vínculo entre la pastoral juvenil y la pastoral vocacional”. El tercer objetivo destacado por el Cardenal fue “la renovación eclesial auspiciada por el Papa Francisco”.

Los trabajos del Sínodo se desarrollarán en tres unidades de trabajo bajo los epígrafes de “Reconocer: la Iglesia en escucha de la realidad”, “Interpretar: fe y discernimiento vocacional”, “Elegir: caminos de conversión pastoral y misionera”.

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Dos días antes de la apertura del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, el Vaticano publicó la Instrucción de las Asambleas Sinodales y sobre la actividad de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos que detalla la normativa en que se desarrollarán esta institución.

La Instrucción comienza subrayando que es competencia del Papa convocar el Sínodo de los Obispos, establecer el tema o temas que tratará, elegir a los miembros del Sínodo, presidir la Asamblea del Sínodo, promulgar y ratificar el Documento final y concluir, actualizar, transferir, suspender o disolver el Sínodo.

Este documento tiene dos partes: una primera en la que se detalla los sujetos que forman parte de la Asamblea del Sínodo y de la Secretaría General del Sínodo; y una segunda parte en la que se detalla el procedimiento del Sínodo.

En declaraciones a los periodistas acreditados ante la Santa Sede, el Sub secretario del Sínodo de los Obispos, Mons. Fabio Fabene, explicó que esta Instrucción está unida a la reciente Constitución Apostólica Episcopalis Communio, del 15 de septiembre de 2018, sobre la función y estructura del Sínodo de los Obispos.

Por lo tanto, esta Instrucción sustituye a lo establecido en el Ordo Synodi Episcoporum. Sin embargo, como señaló Mons. Fabene, la Instrucción no supone una ruptura con lo establecido en el Ordo, ya que una parte de su articulado es común, sino que es “una continuación en el desarrollo”.

No obstante, Mons. Fabene citó algunas novedades significativas: “la ampliación de la Secretaría General del Sínodo, debido al hecho de que el Consejo Ordinario será, a partir de ahora, constituido por 21 Obispos, de los cuales 16 serán elegidos por la Asamblea General Ordinaria”.

Entre esos últimos, “un Obispo provendrá de las Iglesias Orientales Católicas y de otras 15 de las Iglesias de rito latino de diferentes orígenes geográficos: 2 Obispos representarán la América Septentrional, 3 la América Latina, 3 Europa, 3 África, 3 Asia y 1 Oceanía”.

Otra novedad de la Instrucción es que, en virtud de la Episcopalis Communio, “podrán ser elegidos sólo Obispos diocesanos, en el espíritu del Concílio Vaticano II, que pedía que, en ayuda del Papa, se constituyera un organismo central permanente compuesto por Pastores responsables de las Iglesias particulares”.

“Junto a los miembros electos, estarán también los Jefes de los Dicasterios de la Curia Romana competentes del tema de la Asamblea Sinodal, una vez que sea establecido por el Santo Padre, y otros 4 miembros de nombramiento pontificio”.

“De esta manera”, concluyó Mons. Fabene, “el Sínodo se configura, a todos los efectos, como una peculiar expresión de los vínculos indestructibles que unen a los Obispos entre ellos y con el Papa en el servicio al Pueblo de Dios”.

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