2022

Este 17 de mayo, las Naciones Unidas “celebran” el Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia y la Biofobia, una fecha caracterizada por la promoción de la agenda LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales). Pero, ¿qué son realmente estas “fobias”?

Marcial Padilla, director de ConParticipación, dijo a ACI Prensa que, en realidad, el “día contra la homofobia es una herramienta más que utilizan” los grupos LGBTI “para intentar imponer una reingeniería social a través de la manipulación del lenguaje”.

El líder profamilia mexicano indicó que en México, “el día contra la homofobia nació en el 2011 bajo el nombre de ‘día de la tolerancia’, ya que trataba de ayudar a las personas a convivir. Sin embargo, este día fue manipulado y le introdujeron las denominadas ‘fobias’”.

Estas ‘fobias’ se usan para imponer una forma de pensamiento. Lo que hacen estas fobias ideológicas es castigar a quienes digan que nacemos hombre o mujer, que el hombre y la mujer están hechos el uno para el otro y que de esa unión nace la vida”, continuó.

Padilla aseguró que, como ciudadanos, “debemos rechazar totalmente cualquier manipulación y reingeniería social por medio del lenguaje”.

Por otra parte, dijo que “lo que debemos hacer es rescatar las causas justas que son manipuladas de forma injusta”.

“Sí es justo buscar que las personas sean acogidas sin importar lo que sientan o su situación emocional. Todos tenemos que tener acceso al trabajo, salud, vivienda y educación”, destacó.

El presidente de la ONG Más Vida, Raúl Magnasco, señaló que los “grupos de poder que se han formado detrás de los lobbies LGTB”, son los que “impulsan tales cosas como la homofobia, pero en realidad lo hacen por unos intereses de fondo”.

En el manual diagnóstico y estadístico de las enfermedades mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM) de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría no se encuentra clasificadas la homofobia, transfobia y bifobia como trastornos o enfermedades.

Origen de la palabra “homofobia”

Según la Real Academia Española la homofobia significa “aversión a la homosexualidad o las personas homosexuales”.

El término “homofobia” fue introducido por George Weinberg, un psicólogo estadounidense que acuñó el término en 1965 y luego lo inmortalizó en su libro de 1972 “Society and the Healthy Homosexual” (La sociedad y el homosexual saludable).

El cofundador de Gay Activists Alliance (Alianza de Activistas Homosexuales), Arthur Evans, admitió en un artículo titulado The Logic of Homophobia (La Lógica de la Homofobia) que la palabra fue inventada por Weinberg porque era un “amigo” de la comunidad que “asistía regularmente”.

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El gran San Felipe Neri nació en Italia en el año 1515. Es patrono de educadores y humoristas, así como también fundador del Oratorio en Roma. Se le conoce por tener el don de la curación, de la profecía y porque podía leer los pensamientos.

El P. Felipe solía organizar conversaciones espirituales con niños y jóvenes, que terminaban con la adoración al Santísimo. Esas reuniones comenzaron a hacerse conocidas entre la gente, que empezó a llamar a los concurrentes “oratorianos”, ya que San Felipe las convocaba tocando la campana para rezar en su oratorio.

De allí, posteriormente, nacería la Congregación del Oratorio.

En una ocasión la Virgen María se le apareció para consolarlo en medio de una enfermedad que lo aquejaba.

La Madre de Dios le concedió el milagro de quedar definitivamente curado. Siendo él mismo un hombre íntegro, caracterizado por la sencillez, una alegría serena y la humildad, recibió el don de curar a otros.

Cercanos a su fiesta que se celebra cada 26 de mayo, recordando un poco de su historia y doctrina, te presentamos una novena de preparación:

Etiquetas: Santos, Novenas

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Cada 17 de mayo la Iglesia celebra a San Pascual Bailón, fraile franciscano del s. XVI que destacó por su inmenso amor a Jesús Eucaristía. Fue tan grande ese amor y tal la dedicación que Pascual le tuvo a Cristo Sacramentado -horas y horas dedicadas a contemplarlo- que el Papa León XIII, el 28 de noviembre de 1897, lo declaró “Patrono de los Congresos Eucarísticos y de las asociaciones eucarísticas”.

Dios se muestra a los más pequeños y sencillos

Aunque el buen Pascual apenas sabía leer y escribir, fue capaz de expresarse con gran elocuencia en torno a la presencia de Jesús en la Eucaristía; algo que debe ser subrayado doblemente puesto que sus tiempos fueron los de la propagación de las ideas de la Reforma Protestante. El Protestantismo, queriendo liberar el espíritu humano de supuestas cargas innecesarias, se dejó conducir por un escepticismo que arrasó con dones preciadísimos, indispensables para la salvación, como son los correspondientes al sacramento eucarístico.

En lo que a Pascual respecta, siendo solo un hermano lego, confirmó a sus hermanos en la fe, enseñándoles cómo al negarse el milagro de la Eucaristía se imponen graves distorsiones a la comprensión del amor divino. Dios le regaló a Pascual eso que se conoce como “ciencia infusa”, es decir, la adquisición de un vasto conocimiento teológico por acción del Espíritu, sin mayores estudios. El fraile sorprendía constantemente a quienes le escuchaban, o solían realizarle preguntas complejas, con acuciosas e iluminadoras respuestas. Dios hizo en él lo mismo que con muchos hombres y mujeres sencillos, quienes han recibido este don a lo largo de la historia de la Iglesia para beneficio y edificación de los corazones que aman al Señor, y para aleccionamiento de quienes, instruidos debidamente, creen haber penetrado en el misterio divino, olvidando su profundidad y gratuidad.

La Pascua del Espíritu Santo

Pascual Bailón nació en Torrehermosa en el reino de Aragón (España), el 24 de mayo de 1540. El día de su nacimiento coincidió con la fiesta de Pentecostés, llamada en España "la Pascua del Espíritu Santo”, por lo que recibió el nombre “Pascual”.

Sus padres fueron campesinos y labradores, y él también se dedicó a esta noble labor entre los siete y los 24 años, hasta que ingresó al convento de los frailes menores (franciscanos) de Albatera.

Debido a su poca instrucción, le fueron asignados oficios muy sencillos: portero, cocinero, mandadero y barrendero. Su tiempo libre lo dedicaba a la adoración Eucarística, puesto siempre de rodillas con los brazos en cruz. Por las noches regresaba a la capilla y pasaba unas horas más ante el Santísimo Sacramento, dormía un rato para luego levantarse y continuar su adoración de madrugada, antes de volver a las labores cotidianas.

El milagro de la “Ermita de la Aparición”

En la pedanía de Orito, Monforte del Cid (España), se encuentra la "Ermita de la Aparición". En ese lugar, que puede ser visitado hoy, San Pascual tuvo una visión de Jesucristo presente en la Eucaristía. Este hecho fue tremendamente significativo para la vida del santo. Aquel encuentro con el Señor sacramentado, de manera personalísima, le infundió un deseo inmenso por orientar a otros a las alturas del espíritu, ahí donde todo el amor de Dios se concentra en el sencillo Pan, alimento de vida eterna. Este hecho sirvió para que la Iglesia nombrara a Pascual “patrón de los congresos eucarísticos”.

Apóstol de la Eucaristía

Alguna vez se le confió llevar un mensaje -una carta oficial- al general de la Orden franciscana, que se encontraba en París. Pascual hizo de aquel viaje una oportunidad para anunciar el Evangelio y compartir la alegría que llenaba su corazón, aún con dificultades. Dijo de él el Papa León XIII: “Abiertamente profesó la verdad de la Eucaristía entre los herejes y, por ello, tuvo que pasar por graves pruebas” (Breve apostólico Providentissimus del Papa León XIII). Muchos, a través de San Pascual, se convirtieron y se acercaron a Dios.

San Pascual Bailón falleció el 15 de mayo de 1592, Domingo de Pentecostés. Abundantes fueron los testimonios de los milagros que se obraron después de su muerte gracias a su intercesión.

El santo franciscano fue beatificado el 29 de octubre de 1618 por el Papa Pablo V, y canonizado el 16 de octubre de 1690 por el Papa Alejandro VIII. Su culto floreció sobre todo en su tierra natal (la región alicantina de Orito, Monforte del Cid, Elche, Alicante, Novelda, Aspe, Crevillente, la Vega Baja y el pueblo de Villarreal) y en el sur de Italia, pero también se difundió ampliamente en el resto de España y América del Sur.

La cocina de San Pascual

Un dato curioso, relacionado con América, ha hecho de San Pascual el “patrono de la cocina”.

En tiempos del virreinato de Nueva España (los territorios del Nuevo Continente anexados a la Corona) se difundió una hermosa tradición. Las cocineras de la época solían encomendarse a San Pascual como el “santo protector de los fogones y de los accidentes en las cocinas”. La cultura popular perennizó la costumbre de mencionarlo en frases o refranes, al modo de oraciones como esta: “San Pascual Baylón, báilame en este fogón. Tú me das la sazón, y yo te dedicó un danzón”. Hoy, en algunos lugares se sigue ofreciendo el premio San Pascual Bailón a los mejores cocineros.

Puedes encontrar más información sobre este santo en la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Pascual_Bailón.

Más información:

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En la mañana de este lunes 16 de mayo, el Papa Francisco recibió en audiencia a los rectores de 13 universidades públicas de Roma y del Lacio, región situada en el centro de Italia.  

Tras darles la bienvenida, el Papa Francisco defendió que las universidades “en este momento histórico concreto tienen encomendada una tarea de gran responsabilidad”. 

En esta línea, el Papa recordó los años de la pandemia y “la tercera guerra mundial en pedazos de Europa” a la que ha hecho referencia más de una vez.  

El Santo Padre definió esta situación como “un reto que tiene una fuerte implicación cultural, intelectual y moral” y aseguró que “este escenario se presenta ante las generaciones más jóvenes, con el riesgo de generar un clima de desánimo y desconcierto, de pérdida de confianza, y lo que es peor, de adicción”. 

Por ello, el Papa Francisco defendió la necesidad de realizar una “inversión educativa” ya que “es verdaderamente importante el servicio que puede prestar la universidad; que ustedes y las universidades que representan, cada una con sus propias características, pueden aportar para repensar y adaptar nuestros modelos de desarrollo, reuniendo las mejores energías intelectuales y morales”, dijo el Papa a los rectores.  

“Los estudiantes no se conforman con la mediocridad, con la mera repetición de datos, ni siquiera con una formación profesional sin horizonte”, dijo el Papa a continuación. 

Asimismo, el Pontífice animó a los presentes a “escuchar a los estudiantes” y destacó la importancia de “formar a jóvenes capaces de aportar algo nuevo al mundo del trabajo y de la sociedad, para formarlos también en el respeto a uno mismo, en el respeto al prójimo, a la creación y al Creador”. 

“En la promoción de la excelencia en los estudios y la investigación, les pido que estén atentos para que todos los que lo merecen y carecen de medios puedan ejercer plenamente su derecho al estudio y la formación”, pidió el Papa. 

“Espero que las suyas sean comunidades vivas, transparentes, activas, acogedoras, responsables, en un clima fructífero de cooperación, intercambio y diálogo, valorando a todos y cada uno”, dijo a continuación. 

Además, el Papa Francisco recordó en Jubileo que se celebrará en el año 2025 y destacó que “que sólo tres años después de la primera celebración del Jubileo, en 1300, se estableció el Studium Urbis, para mostrar en la práctica y reafirmar la relación nativa entre la Iglesia y la institución universitaria, una de las expresiones más antiguas y paradigmáticas de la civilización europea, que luego se desarrolló en todo el mundo”. 

“Esta antigua y consolidada relación -continuó el Papa Francisco-, en distinción y cooperación, estamos llamados a desarrollarla y continuarla en la construcción responsable y sostenible de vías de desarrollo”. 

“El lema del próximo Jubileo de 2025, ‘Peregrinos de la esperanza’, puede expresar entonces este compromiso convergente, hacia objetivos compartidos de vida, bondad y fraternidad”, concluyó.  

 

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El Ministerio Amigos de Jesús y María, un apostolado del Centro por la Paz de Florida, realizará un taller para enseñar cómo preparar a los niños a rezar el Santo Rosario.

El taller lo realizará, a través de la plataforma de conferencias virtuales Zoom, el equipo evangelizador de este ministerio con sede en Panamá, desde las 9:00 a.m. hasta las 12:30 p.m. (hora de Panamá).

El Centro por la Paz de Florida (Florida Center for Peace, en inglés) ha sido reconocido como una asociación privada de fieles por la Arquidiócesis de Miami, donde se encuentra su sede principal. Actualmente la organización cuenta con presencia en 20 países.

En un comunicado remitido a ACI Prensa, el Ministerio Amigos de Jesús y María explicó que este taller responde a su proyecto de “Nidos de Oración”, dirigidos a niños de entre 3 y 12 años.

En estos “Nidos de Oración”, señaló, los guías “animan a los pequeños a orar y meditar la vida de Jesús a través del rezo del Santo Rosario y el evangelio dominical”.

También enseñan a los más pequeños de casa a “adorar el Santísimo Sacramento y consagrarse a la Virgen María, después de prepararse junto a su familia, utilizando  abundante material didáctico de acuerdo con las diferentes edades de los niños”.

Para participar en el taller, puede registrarse en el formulario: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSeaw4BTpQhI1ZEgw9KwiHL52oROOyKTnzibzeNhDOKhNMZUpQ/viewform

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El Papa Francisco recibió esta mañana a los miembros de la Fraternidad Política Chemin Neuf, a quienes animó a vivir la política de forma cristiana, “acogiendo al otro y aceptando su diferencia, en un diálogo respetuoso”. 

En su mensaje dirigido a los presentes, el Papa aseguró que “la política es encuentro, reflexión, acción y ante todo un arte del encuentro”.  

A continuación, el Papa Francisco afirmó que, como cristianos, no podemos contentarnos “con un diálogo superficial y formal, como esas negociaciones a menudo hostiles entre partidos políticos”.  

“Estamos llamados a vivir el encuentro político como un encuentro fraterno, especialmente con aquellos que están menos de acuerdo con nosotros; y esto significa ver en aquel con quien dialogamos a un verdadero hermano, a un hijo amado de Dios”. 

Para lograr esto, el Papa aseguró que es necesario “un cambio de mirada hacia el otro, un respeto acogedor e incondicional hacia su persona”.  

“Si no se produce este cambio de mentalidad, -advirtió el Papa-, la política corre el riesgo de convertirse en una confrontación, a menudo violenta, para hacer triunfar las propias ideas, en una búsqueda de intereses particulares en lugar del bien común, en contra del principio de que la unidad prevalece sobre el conflicto”. 

 Para el Santo Padre, la política desde una visión cristiana “es también reflexión y la formulación de un proyecto común”, donde se busca el bien común y no solamente existe “una confrontación de intereses contrapuestos”. 

“Todo ello es posible teniendo como brújula el Evangelio, que aporta al mundo una visión profundamente positiva del hombre amado por Dios”, dijo a continuación. 

El Papa Francisco también explicó que “la política es acción” y que como cristianos “tenemos que comparar siempre nuestras ideas con la profundidad de la realidad, si no queremos construir sobre arena que tarde o temprano acaba derrumbándose. No olvidemos que la realidad es más importante que la idea, no se puede hacer política con la ideología”. 

 Por último, el Papa habló de la importancia del “asombro”, aquello que “hace sentir que estoy en Jesús, con Jesús. El asombro de ver la grandeza del Señor, la grandeza de su Persona, la grandeza de su programa, de sentir la grandeza de las Bienaventuranzas como programa de vida. Y luego el recuerdo, la esperanza, el asombro. El pasado, el futuro y el presente: no hay futuro sin el presente, y no hay esperanza sin asombro”, concluyó. 

 

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Este lunes 16 de mayo, el Papa Francisco se reunió en el Vaticano con los participantes del Capítulo General de los Camilianos, la Orden de los conocidos como Ministros de los Enfermos. 

En su discurso, el Santo Padre advirtió que “nuestro tiempo está marcado por un individualismo y una indiferencia que generan soledad”, una situación que hace que “se desechen tantas vidas”. 

Más tarde, el Papa Francisco aseguró que “la respuesta cristiana no está en la observación resignada del presente ni en el lamento nostálgico del pasado, sino en la caridad que, animada por la confianza en la Providencia, sabe amar su tiempo y, con humildad, da testimonio del Evangelio”. 

Tomando como ejemplo a San Camilo de Lelis, fundador de la Orden, el Papa animó a los presentes “a mirar la realidad del sufrimiento, la enfermedad y la muerte con los ojos de Jesús”, algo que “requiere una dócil apertura al Espíritu Santo, que es el alma de todo dinamismo apostólico”. 

A continuación, el Papa Francisco destacó dos dimensiones esenciales de la vida cristiana; “el deseo de un testimonio extrovertido y concreto hacia los demás y la necesidad de entenderse a sí mismo según los cánones de la pequeñez evangélica”. 

“Por eso, os invito a extraer siempre de nuevo la sabiduría de las Bienaventuranzas, para llevar, con mansedumbre y sencillez, la buena nueva a los pobres y a los últimos de hoy”, dijo el Papa Francisco. 

Además, aseguró que "el bien que se da a una hermana o a un hermano que sufre es un don que se da al mismo Jesús", y que aquello "que se vive y se ofrece cada día con alegría, aunque sea invisible a los ojos del mundo, no se pierde nunca, sino que, como una semilla caída en la tierra, germina y da fruto”. 

También animó a los presentes a no descuidar “el recuerdo del primer amor con el que Jesús conquistó su corazón”, refiriéndose a la llamada de Jesús a la vocación para “renovar siempre su elección de vida consagrada desde las raíces”. 

“Os animo a colaborar con el Espíritu Santo en la búsqueda de todos los modos de vivir su carisma de misericordia, valorando también de las formas más oportunas la colaboración con los laicos, en particular con los agentes sanitarios. Cultivar entre vosotros y con todos la espiritualidad de la comunión os ayudará a discernir mejor lo que el Señor quiere de vosotros”, defendió el Papa Francisco. 

Por último, el Pontífice agradeció a los Padres Camilianos su servicio a la Iglesia y subrayó que “si  queremos ofrecer a la gente un buen ‘hospital de campaña’, donde los heridos puedan encontrarse y sentir la cercanía y la ternura de Cristo, no podemos prescindir del carisma de San Camilo de Lelis”.  

“Les corresponde dar sus manos, sus pies, su mente y su corazón a este don de Dios, para que siga suscitando las obras de Dios en nuestro tiempo”, dijo por último el Papa Francisco.

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San Juan Nepomuceno es, sin duda, modelo preclaro de lo que significa la protección y fidelidad de un sacerdote frente al sacramento de la confesión o sigilo sacramental. Se le considera como el primer mártir del secreto de confesión, es decir, prefirió la muerte antes que traicionar la promesa hecha a Cristo: administrar la misericordia de Dios sin condición alguna.

Juan Nepomuceno nació en Checoslovaquia entre los años 1340 - 1350, en Nepomuk -de ahí el nombre de Nepomuceno-. Se doctoró en la Universidad de Padua y fue párroco de Praga. Después fue nombrado Vicario General del Arzobispado de dicha ciudad gracias a que el Cardenal checo lo consideraba un hombre de confianza.

El Santo fue confesor de Sofía de Baviera, la esposa del rey de Praga, Wenceslao. Por ello, el rey, que tenía ataques de cólera y de celos, ordenó al sacerdote que le revelara los pecados de su mujer. La negativa del Santo enfureció a Wenceslao y lo amenazó con condenarlo a muerte si no le contaba sus secretos. San Juan se negó rotundamente, ganándose el resentimiento del rey, aunque de primera intención no cumplió su amenaza.

Una segunda fuente de tensiones ya había alejado a Wenceslao de Juan: el monarca intentó apoderarse de un convento que encerraba tesoros históricos y entregárselo a uno de sus parientes. El Santo se lo prohibió y lo encaró con valor.

Ante la negativa de San Juan de revelar lo que había escuchado en confesión, el rey, lleno de cólera, lo mandó torturar hasta que muriera y arrojar su cuerpo al río Moldava. Su cadáver tuvo que ser recogido y sepultado posteriormente, para darle cristiana sepultura. Era el año 1393.

En vista de su heroica actitud de preferir la muerte antes que revelar un secreto de confesión, San Juan Nepomuceno fue considerado patrono de los confesores.

También se le considera como protector contra las calumnias y las inundaciones.

Más información en el siguiente enlace.

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Estas 5 ideas te servirán para celebrar con tus seres queridos el Día Internacional de las Familias 2022, que se conmemora cada 15 de mayo.

El Día Internacional de las Familias fue proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1993 con la finalidad de resaltar la importancia de la unidad básica de la sociedad.

1. Orar y agradecer por tu familia a Dios

La plataforma May Feelings resalta que la familia es "la mejor red social del mundo", y por ello ofrece un sitio web para que los interesados pueden dejar sus oraciones por sus familiares y seres queridos.

2. Escribe cartas, e-mails o envía mensajes por redes sociales

Una buena idea para expresar el amor que sientes hacia tu familia, sobre todo la que se encuentra lejos de ti, es escribirles mensajes que expresan cuán importantes han sido y siguen siendo para tu vida.

En caso de no poder enviar una carta por correo postal, puedes enviarla vía correo electrónico o por mensajería instantánea.

3. Prepara un momento especial

Reunidos en casa pueden destinar un momento especial del día para celebrar el Día Internacional de las Familias. 

Para ello puedes preparar el rincón más especial de la casa junto algunos alimentos que salgan de la dieta común y conversar sobre recuerdos especiales que atesoren en su vida.

4. Fotos u objetos significativos

En ese momento también pueden escoger un par de fotos u objetos significativas para recordar momentos especiales en la vida. 

Pueden mencionar detalles, sensaciones, sentimientos y anécdotas entre otros recuerdos que permanecen vivos en la memoria.

5. Árbol genealógico                               

En familia pueden elaborar un árbol genealógico para conocer y recordar a todos sus integrantes.

Será un buen ejercicio para comentar alguna de sus características, recordar con cariño a quienes han partido y valorar a quienes han forjado la familia.

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San Isidro nació en 1082 en el seno de una familia de campesinos muy pobres. Por este motivo, no recibió educación alguna que no sea la que debe recibirse primero en una familia: el amor a Dios, la caridad con el prójimo, y la importancia de la oración y los sacramentos. Quedó huérfano muy pequeño y a los 10 años comenzó a trabajar como peón de campo en una finca cerca de Madrid (España). Años más tarde, contrajo matrimonio con María de la Cabeza, quien llegaría también a ser santa.

San Isidro empezaba cada jornada asistiendo a Misa muy temprano. Sin embargo, a veces, por ese motivo, se retrasaba un poco en llegar al campo a trabajar. Sin querer despertó la cólera de varios de sus compañeros, quienes lo acusaron con el patrón de holgazán.

El dueño de las tierras verificó que la acusación era cierta -el Santo sí solía retrasarse un poco- pero quedó impactado al ver que, mientras Isidro no llegaba, los bueyes con los que trabajaba movían el arado como si él los estuviera guiando. Así, corrió el rumor de que mientras Isidro estaba en Misa, un ángel cubría su puesto en el campo.

Cuando los musulmanes invadieron la ciudad, muchos católicos se vieron obligados a huir a zonas más apartadas. San isidro fue uno de ellos y por eso experimentó el sufrimiento de los migrantes y las necesidades por las que pasa quien tiene que trabajar en un lugar desconocido. Aún así, Isidro visitaba a pobres y enfermos, sin descuidar a su esposa e hijo, con los que se le veía pasear de vez en cuando por los campos. Se dice que un día, el niño cayó con una canasta a un pozo muy profundo. Los santos esposos corrieron a ayudarlo pero no encontraban la forma de rescatar al muchacho. Entonces, se arrodillaron a rezar con tanta fe que las aguas del pozo empezaron a subir y el pequeño apareció en la superficie dentro de la canasta, sano y salvo.

Al retornar a Madrid, San Isidro volvió a trabajar en una finca y, previsiblemente, dada su forma de ser, los otros peones lo acusaron de laborar menos que todos; la razón: andar rezando y quedarse mucho tiempo en el templo. Grande fue la lección que recibieron sus acusadores cuando se hizo el inventario: la parcela a cargo del Santo produjo el doble que las de los demás.

San Isidro murió el 30 de noviembre de 1172. Su fiesta se celebra cada 15 de mayo y la de su esposa, Santa María de la Cabeza, el 9 de septiembre. San Isidro es patrono de Madrid.

Más información en el especial de San Isidro Labrador.

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Una turba de musulmanes atacó e incendió iglesias católicas en el norte de Nigeria (África), en protesta por la detención de los sospechosos de lapidar y quemar viva a una joven cristiana acusada de ofender a Mahoma.

El P. Christopher A. Omotosho, director de comunicaciones de la Diócesis de Sokoto, informó este 14 de mayo que “el gobierno del estado de Sokoto ha declarado el toque de queda de 24 horas para ayudar a detener las protestas de jóvenes musulmanes en la capital estatal hoy”.

En las protestas, los jóvenes liderados por algunos adultos, atacaron la Catedral de la Sagrada Familia en Bello Way, destruyendo ventanas de la iglesia, las de la secretaría y vandalizaron un autobús de la comunidad en el recinto.

También atacaron y quemaron parcialmente la iglesia St. Kevin, destruyendo además ventanas del nuevo complejo hospitalario, aún en construcción, en las mismas instalaciones.

“Los matones también atacaron el Bakhita Center en la calle Aliyu Road y quemaron un autobús en las instalaciones”, indicó el P. Omotosho en su comunicado.

Finalmente, indica la nota, la turba musulmana fue dispersada por la policía local.

Ante lo ocurrido, el Obispo de Sokoto, Mons. Matthew Hassan Kukah, pidió al gobernador de Sokoto, Alhaji Amino Tambuwal, que “actúe prontamente declarando un toque de queda de 24 horas para detener las protestas”.

También pidió a las “fuerzas de seguridad que actúen prontamente para evitar mayores daños en nuestros establecimientos”.

El comunicado indica asimismo que durante los ataques “no hubo pérdidas humanas”.

“El Obispo pide a los cristianos que sigan respetando la ley y recen por el retorno a la normalidad”, resalta la nota, que señala finalmente que todas las Misas en Sokoto han sido suspendidas hasta que se levante el toque de queda.

Las violentas protestas islámicas se dieron luego que una turba de musulmanes lapidó y quemó viva a Deborah Yakunu, una joven estudiante cristiana, acusada de haber compartido en el Shehu Shagari College of Education en Sokoto un audio en WhatsApp,  en el que se habría referido de manera irrespetuosa a Mahoma, el principal profeta del Islam.

Varios medios también publicaron un video en el que se ve la lapidación y el cuerpo de la joven en llamas; mientras que un joven con vestimenta musulmana grita: “La maté. La quemé. Esta es la caja de fósforos que usé para prenderle fuego”.

En el video se oye a otro joven gritar “Allahu akbar”, que quiere decir “Alá es grande”.

El asesinato hizo que las autoridades locales dispusieran el cierre del centro de estudios y que se ordene una investigación.

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El Papa Francisco alentó a imitar el ejemplo de Marie Rivier en la apertura “de la mente de los más pequeños a las cosas de Dios, en la preocupación por el prójimo y en la admiración por la creación”.

Así lo dijo el Santo Padre este 14 de mayo en la vigilia de la canonización de la Beata Maria Rivier, que será proclamada santa el domingo 15 de mayo junto a Charles de Foucauld y otros 8 beatos, al recibir a una delegación de la Diócesis de Viviers (Francia), su tierra natal.

Tras destacar las tres claves de la espiritualidad de Charles de Foucauld Evangelio, Eucaristía y Evangelización, el Papa Francisco subrayó el modelo de Marie Rivier.

Marie Rivier se dedicó a la educación de los niños y fundó la Congregación de las Hermanas de la Presentación de María.

“Les deseo que abran la mente de los más pequeños a las cosas de Dios, a la preocupación por el prójimo y a la admiración por la creación”, dijo el Papa.

En esta línea, el Santo Padre señaló “¡qué importante es esto! Espero que siga habiendo muchas mujeres de esta talla, humildes y valientes para dar a conocer el amor de Dios a los pequeños que solo piden aprender” y añadió que “este deseo está arraigado en la Esperanza que no defrauda”.

“Se lo confío a la Virgen María, Madre de esta Congregación ahora extendida por todo el mundo y que sigue dedicándose incansablemente a los niños, los jóvenes y los excluidos” afirmó el Papa quien rezó para que al dejar Roma tengan “un amor más grande por la Iglesia”.

Luego, el Papa Francisco se refirió a la ceremonia de Canonización del domingo 15 de mayo que “dará una imagen de la universalidad de la Iglesia y de sus múltiples rostros, todos ellos dirigidos hacia el único Salvador”.

“Los encomiendo a todos a la intercesión especial de ‘sus’ futuros santos, Marie Rivier y Charles de Foucauld. Que siempre sean un estímulo y una inspiración para ustedes. De corazón los bendigo y, a través de ustedes, a todos los fieles de su diócesis. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí”, concluyó el Papa.

Breves datos biográficos

Anne Marie Rivier nació el 19 de diciembre de 1768 en Montpezat-sous-Bauzon (Francia). Cuando tenía solo 16 meses de nacida sufrió un accidente: se cayó de su cama y se rompió la cadera.

Este accidente le causó graves problemas de salud y le hizo sufrir un calvario durante su infancia, al punto que tenía que arrastrarse con sus manos para movilizarse. Sin embargo, esta experiencia también la llevó a descubrir su vocación religiosa años más tarde.

En 1774, la pequeña Marie Rivier logró ponerse de pie con la ayuda de unas muletas, pero sufrió otra caída que le impidió volver a incorporarse por dos años más. Luego, en 1777, a los 8 años, su determinación y confianza en Dios la llevaron a recuperarse completamente.

Tras superar esta difícil situación, y haber descubierto en medio del sufrimiento su llamado a la vida religiosa, Rivier pidió ser admitida en la Congregación de las Hermanas de Notre Dame de Pradelles; sin embargo, fue rechazada debido a su “no apta” condición de salud.

En 1786, con tan solo 18 años, obtuvo el permiso de abrir una escuela y dedicarse a la visita y cuidado de los enfermos y los pobres. La joven Marie se hizo terciaria dominica y franciscana, y abrió un salón para capacitar laboralmente a jóvenes desempleadas de la parroquia.

En 1789, cuando estalló la Revolución Francesa, se trasladó a Thueyts (Francia), donde reunió a algunas mujeres jóvenes. Pese a que los revolucionarios cerraron las órdenes religiosas en el país, el 21 de noviembre de 1796, fiesta de la Presentación de María en el Templo, nació la pequeña comunidad de Rivier.

En 1801 su comunidad religiosa recibió la aprobación diocesana y la congregación se expandió por el mundo. En total, la religiosa llegó a fundar 141 casas y recibió más de 350 hermanas para continuar su misión.

La Beata Marie Rivier falleció el 3 de febrero de 1838 en Bourg-Saint-Andéol (Francia).

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El Papa Francisco destacó los 3 conceptos claves de la espiritualidad de Charles de Foucauld, quien será canonizado en el Vaticano el domingo 15 de mayo.

Al recibir en audiencia a un grupo de jóvenes de la Diócesis francesa de Viviers, diócesis natal del Beato Charles de Foucauld, el Papa Francisco explicó algunas de sus enseñanzas y los animó a “basar su vida cristiana en tres E” que son las “tres palabras clave de la espiritualidad de Charles de Foucauld: Evangelio, Eucaristía y Evangelización”.

“Aquí tienen todo un programa de vida en la escuela de Cristo. Y también les sugiero que aprendan y mediten a menudo la magnífica oración de entrega a Dios, tomada de sus escritos: ‘Padre mío, me entrego a ti, haz conmigo lo que quieras. Hagas lo que hagas conmigo, te lo agradezco. Estoy listo para todo, acepto todo. Mientras se cumpla Tu voluntad en mí y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Dios mío...’”.

En esta línea, el Santo Padre alentó a los jóvenes que esa oración de Charles de Foucauld “se convierta en su oración en los momentos de elecciones y en las cruces de la vida”.

Asimismo, el Papa Francisco invitó a aprender de Charles de Foucauld “esa experiencia de Dios que le llevó a evangelizar por presencia. Una forma discreta de evangelización, sí, pero muy exigente, porque requiere el testimonio de una vida coherente, es decir, que se ajuste verdaderamente a las aspiraciones de todo hombre amado por Dios y llamado a algo más que al placer fugaz o a los resultados inmediatos y visibles”.

Por ello, los animó a aceptar ser “como la levadura en la masa” para seguir el ejemplo de Charles de Foucauld para que las futuras generaciones puedan “cosechar sus frutos espirituales”.

De este modo, el Papa resaltó “la dinámica evangélica” de la Iglesia en esta Diócesis porque “manifiesta el deseo de vivir la fraternidad universal del ermitaño del Sahara” y mencionó en particular a “los grupos de scouts que se han puesto bajo el patrocinio de Charles de Foucauld”.

Finalmente, el Santo Padre recordó al P. Gabriel Longueville, mártir, beatificado en 2019, a quien conoció en Argentina e indicó que “su abnegación y su atención a los más pobres en la parroquia donde trabajaba son un modelo para los sacerdotes de su patria”.

“Esta sucesión de beatos y futuros santos muestra claramente la fecundidad de su diócesis y espero que puedan conservar esta herencia de santidad, y también hacerla crecer e ir hacia adelante”, concluyó el Papa.

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En 1992 Jorge Mario Bergoglio vivía en la ciudad de Córdoba, donde se dedicaba a ser confesor, tras algunos años de haber dirigido a los Jesuitas en Argentina. El 13 de mayo de ese año supo, inesperadamente, que se convertiría en obispo.

Así lo relata él mismo en el libro biográfico “El Jesuita”, escrito por los periodistas argentinos Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti.

En el libro, el Papa Francisco recuerda que el entonces Nuncio Apostólico en Argentina, Mons. Ubaldo Calabresi, "me llamaba para consultarme acerca de algunos sacerdotes que, seguramente, eran candidatos a obispo. Un día me llamó y me dijo que esta vez la consulta debía ser personal”.

“Como la compañía aérea efectuaba el vuelo Buenos Aires-Córdoba-Mendoza y viceversa, me pidió que nos reuniéramos en el aeropuerto mientras el avión iba y volvía de Mendoza", relata el Papa Francisco.

"Fue así que conversamos allí –era 13 de mayo de 1992–, me hizo una serie de consultas de temas serios y, cuando el avión, ya vuelto de Mendoza, estaba próximo a despegar de regreso a Buenos Aires y avisan que los pasajeros deben presentarse, me informa: ‘Ah... una última cosa... fue nombrado obispo auxiliar de Buenos Aires y la designación se hace pública el 20’. Así no más me lo dijo”.

Al conocer la noticia de su nombramiento, que efectivamente se hizo pública el 20 de mayo de 1992, el Papa Francisco dijo que su primera reacción fue de sorpresa. “Me bloqueé. Como señalé antes, como consecuencia de un golpe, bueno o malo, siempre me bloqueo. Y mi primera reacción es, también, siempre mala”.


Consagración episcopal de Jorge Mario Bergolio, hoy Papa Francisco. Crédito: Cortesía del hermano jesuita argentino Mario Rafael Rausch

Jorge Mario Bergoglio recibió la consagración episcopal el 27 de junio de 1992, a los 55 años de edad, con lo que inició su servicio como Obispo Auxiliar de Buenos Aires.

Al ser preguntado sobre su nombramiento, tiempo después, como Arzobispo Coadjutor de Buenos Aires, el Santo Padre dijo que su reacción fue igual a la que tuvo cuando le dijeron que sería obispo auxiliar.

"Como era su vicario general, cuando [el Cardenal Antonio] Quarracino pidió a Roma un coadjutor, yo a su vez le solicité que no me enviara a ninguna diócesis, sino volver a ser un obispo auxiliar a cargo de una vicaría zonal de Buenos Aires. ‘Soy porteño y fuera de Buenos Aires no sé hacer nada’, le expliqué. Pero el 27 de mayo de 1997 a media mañana me llama [Monseñor Ubaldo] Calabresi y me invita a almorzar”.

“Cuando estábamos por el café, y yo me aprestaba a agradecerle el convite y despedirme, veo que traen una torta y una botella de champagne. Pensé que era su cumpleaños y casi lo saludo", relata.

"Pero la sorpresa sobrevino al preguntarle. ‘No, no es mi cumpleaños –me respondió con una amplia sonrisa–, lo que pasa es que usted es el nuevo Obispo Coadjutor de Buenos Aires”. Eso ocurrió el 3 de junio de 1997.

Mons. Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco, asumió plenamente la sede de la Arquidiócesis de Buenos Aires el 28 de febrero de 1998, tras el fallecimiento del Cardenal Quarracino.

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El 13 de mayo de 1981, un día como hoy hace 41 años, el Papa San Juan Pablo II se salvó de morir en el día en que la Iglesia  celebra a la Virgen de Fátima.

Ese día, cuando el Santo Padre recorría la Plaza de San Pedro en el papamóvil saludando a los peregrinos reunidos para la audiencia general de ese miércoles, fue herido gravemente de bala por los disparos del turco Mehmet Alí Agca. Herido, el Santo Padre fue conducido al Hospital Gemelli, donde permaneció varios meses.

El sitio web del Vaticano recuerda que la audiencia general nunca se realizó y que, cuando San Juan Pablo II terminaba de dar la primera vuelta con el papamóvil para saludar a los más de 30 mil fieles presentes, ocurrió el atentado.


San Juan Pablo II en brazos de su secretario, el ahora Cardenal Stanislaw Dziwisz. Crédito: Vatican News

“La inmensa multitud quedó atónita y sumida en la más profunda consternación. La única reacción común fue la plegaria. Los altavoces explicaron lo acaecido y la inmensa asamblea comenzó a rezar. La voz del Vicario de Cristo no llegó a oírse”, explica el Vaticano.

Ese día, en su saludo a los enfermos, el Papa San Juan Pablo II tenía preparadas unas palabras que luego podrían aplicarse a su propia situación.

El Papa confió los enfermos “a la Virgen María Madre de Cristo, a quien está consagrado el mes de mayo en la piedad y el alma de los fieles. Ella conoció en su existencia la alegría más íntima y honda junto a la tristeza y a la prueba más terrible. Así ocurre a cada uno de nosotros, y el gozo se alterna con el dolor mezclando en nuestra vida las rosas con las espinas”.

“La Virgen Santísima, que es flor de los valles y Madre Dolorosa, nos conceda que sepamos transformar en mérito la suerte que nos sitúa con Ella al pie de la cruz”, agregó.

Ese fatídico 13 de mayo, el Papa peregrino iba a ofrecer una catequesis sobre los 90 años de la publicación de la encíclica social Rerum novarum del Papa León XIII; y también iba a anunciar la creación del Pontificio Consejo para la Familia.


Otra vista del Papa San Juan Pablo II herido en el papamóvil. Crédito: Vatican News

Aunque ninguna de estas palabras fueron dichas por San Juan Pablo II, el Vaticano las publicó precisando que pasaban a formar parte las “enseñanzas pontificias”.

Luego del atentado, el Papa Wojtyla se acercó más a la devoción por la Virgen de Fátima convencido de que Santa María lo protegió.

El 14 de mayo de 2006, cuando se cumplían 25 años del atentado, el Papa Benedicto XVI recordó el atentado y dijo que “Juan Pablo II sintió que había sido salvado milagrosamente de la muerte por la intervención de ‘una mano materna’, como él mismo dijo, y todo su pontificado estuvo marcado por lo que la Virgen había anunciado en Fátima: ‘Al final mi Corazón Inmaculado vencerá’”.

San Juan Pablo II señaló que cuando fue alcanzado por la bala, no se dio cuenta que era el "aniversario del día en que la Virgen se apareció a tres niños en Fátima". Luego narró que fue su secretario personal, el ahora Cardenal Stanislaw Dziwisz, quien se lo hizo notar tras la operación en la que le extrajeron un proyectil del intestino.

Fueron cuatro balas las que alcanzaron a San Juan Pablo II, dos de ellas se alojaron en su intestino, otra impactó en su brazo derecho y la cuarta bala en la mano izquierda.

Durante su convalecencia, San Juan Pablo II estudió los informes de las apariciones de Fátima y al año del atentado viajó por primera vez a su santuario en Portugal para "agradecer a la Virgen su intervención para la salvación de mi vida y el restablecimiento de mi salud".


San Juan Pablo II y Ali Agca. Crédito Vatican Media

En diciembre de 1983, el Santo Padre visitó y perdonó en la cárcel romana de Rebibbia a Agca quien preguntó: "¿Por qué no murió? Yo sé que apunté el arma como debía y sé que la bala era devastadora y mortal. ¿Por qué entonces no murió? ¿Por qué todos hablan de Fátima?".

En 1984, el Papa Wojtyla formalizó su devoción y agradecimiento a la Virgen donando al santuario de Fátima la bala que le extrajeron y que fue engarzada en la aureola de la corona de la imagen.

La faja blanca que el Pontífice llevaba el día del atentado fue donada al Santuario Mariano polaco de Jasna Gora, símbolo de la unidad de Polonia.

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“Coraje, que después de unos pocos días de combate tendremos el paraíso para siempre”, escribió alguna vez Santa María Doménica Mazzarello, cofundadora de las Hijas de María Auxiliadora, junto a San Juan Bosco.

Mazzarello nació en Mornese (Italia) en 1837, en el seno de una familia campesina muy cristiana. Desde pequeña empezó a trabajar en el campo. “Para que Dios no deje que nos falte el pan es necesario rezar y trabajar”, decía.

Cierto día caminaba por la calle y tuvo una visión misteriosa en la que había un gran edificio con varias muchachas que corrían en el patio y oyó una voz que le dijo: “te las confío”. Con una amiga cercana, llamada Petronila, decidió abrir un taller para enseñar costura a las chicas pobres. El Señor le envió a las primeras huérfanas, que María Doménica acogió maternalmente. Con ello también llegaron las primeras colaboradoras en su obra. Estas mujeres fueron “bautizadas” por el confesor de María Doménica como las “Hijas de la Inmaculada”.

Don Bosco llegaría a su pueblo en 1864 con la intención de abrir un colegio. En aquella visita tuvo la oportunidad de encontrarse con Sor María y ver el taller de las “Hijas de la Inmaculada”. San Juan Bosco quedó muy impresionado. Santa Mazzarello, por su parte, después de tratar al viejo sacerdote, expresó llena de confianza: “Don Bosco es un santo y yo lo siento así”.

Tiempo después el Papa Pío IX le pidió a Don Bosco que fundara un instituto femenino. Él, de inmediato, pensó en las “Hijas de la Inmaculada”, y decidió ponerlas a cargo del colegio que apenas había construido.

En 1872, las “Hijas de la Inmaculada” se convirtieron en “Hijas de María Auxiliadora” con la venia papal; y Santa María Mazzarello fue nombrada primera superiora, aunque ella pediría que la llamaran “vicaria” -decía que “la verdadera superiora era la Virgen”-.

La Madre Mazzarello fue una persona muy alegre, sencilla y trabajadora. De esas personas que entienden que el cargo de responsabilidad es puesto de servicio y no ocasión para buscar poder. El tiempo pasaría y la obra dio muchos frutos pastorales como consta hasta hoy. Basta considerar cómo las Hijas de María Auxiliadora han extendido su presencia en decenas de países.

Con los años, la salud de Sor María fue decayendo, en buena parte por la intensidad con la que vivió, desapegada de las comodidades del mundo y sin buscarse a sí misma. Consciente de que podía quedarle poco tiempo, se despidió definitivamente de Don Bosco en un último encuentro. Durante este, el Santo le contó una historia en el que la “muerte” entraba a un convento y al no encontrar a nadie a quien llevarse, le pide a la Madre Superiora que sea ella quien le siga. La Superiora, sabiendo que era Dios quien la llamaba, la siguió. De esta manera, el Santo le había confesado que Dios, probablemente, la quería definitivamente a su lado, en el Reino de los Cielos.

Santa Mazzarello partió a la Casa del Padre el 14 de mayo de 1881, en Nizza Monferrato, a los 44 años de edad. Fue beatificada por Pío XI en 1938 y canonizada por Pío XII en 1951.

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El P. Antonio María Domenech Guillén, párroco en Santa Maria del Campo Rus (España), afirmó que existen tres “tipos” de sacerdotes, y que solo uno de ellos cumple su misión de cura de almas.

Así lo indicó el sacerdote en un artículo titulado “Un cura y dos cervezas”, publicado este 12 de mayo en su blog “Se llenaron de inmensa alegría”.

En su texto, el P. Domenech cuestiona al clero: “¿Qué tipo de cura soy? De dos cervezas y nada más. O también, ¿qué espero de mi sacerdote?” o “¿Qué espero del enviado de Jesucristo a mi vida?”.

El sacerdote dijo luego que, así como en la vida diaria hay “tres tipos de personas, aquellos que toman con nosotros un aperitivo, los que forman parte de cualquier grupo (tipo club deportivo, coro parroquial, trabajo, incluso vecinos en los pueblos pequeños), y aquellos amigos de corazón en los que ponemos nuestra confianza plena”, también hay tres “tipos” de sacerdotes.

1.- El cura “campechano”

El primero, explica, es el “cura campechano, con el que da gusto tomarse dos cervezas. Hace sentir cómoda a la gente. ‘¡Oye! ¡Qué tío más simpático!’ Pero no pasa nunca de ahí. Después cada uno a su casa, y si te he visto no me acuerdo”.

El P. Domenech indicó que “es una posición cómoda, ‘hago lo que me piden, no me meto con nadie y que nadie se meta conmigo’”.

2.- El párroco normal que “no me molesta”

El segundo tipo de sacerdote es el “el párroco, en la relación normal de párroco/feligrés”.

Este sacerdote “nos da las directrices para una procesión del Corpus, que además preside, para una Primera Comunión, o para un retiro espiritual”.

Este tipo de presbítero “se sabe imponer, tiene orden en el templo que administra. Ideal, pero no me molesta”.

3.- El sacerdote cura de almas

Para el P. Domenech, el tercer tipo es de presbítero es el “sacerdote que guía mi alma. Al que le consulto las cosas, que cuando frunce el ceño ya sé que no le gusta lo que he dicho, un sacerdote que sabe todo de mi vida. Que solo le interesa llevarme al Cielo”.

Este es un sacerdote que habla “sin rodeos, con cerveza, Coca-Cola y lo que haga falta, pero que habla claro, directo, noble. Sin pretender agradar en lo que dice ni llevar más razón que yo, porque le da igual”.

“Lo importante no es llevar razón, es buscar la Verdad. Es decir, no llega ni a discutir. Si quiero, le hago caso, y si no, como dice él: ‘Puerta’. Pero que, de esta manera, ni me engaño yo, ni se engaña él”.

Para concluir, el P. Domenech invita a meditar, en esta semana en la que se celebró la fiesta de San Juan de Ávila y del Buen Pastor: “¿Qué pretendes tú de un sacerdote? y también, ¿qué medios pones para que sea como quieres?”.

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El Beato Álvaro del Portillo -también conocido como Don Álvaro- fue un obispo español del siglo XX, muy querido y recordado por su talante afable y espiritual. Ha sido siempre una de las figuras más representativas del Opus Dei y fue el primer sucesor de San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador de la Prelatura. De profesión fue ingeniero civil y obtuvo los grados de doctor en filosofía y en Derecho Canónico.

Nació en Madrid (España) el 11 de marzo de 1914 en el seno de una familia muy devota. Ingresó al Opus Dei en 1935, mientras era estudiante de la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid.

El 25 de junio de 1944, tras finalizar los estudios civiles y eclesiásticos, fue ordenado sacerdote en Madrid por el obispo de la diócesis, Mons. Eijo y Garay. En esa diócesis ejerció el ministerio sacerdotal hasta que, en 1946, se trasladó a Roma. Allí tuvo la oportunidad de continuar sus estudios y llegó a doctorarse en Filosofía y Letras, y en Derecho Canónico.

Álvaro del Portillo llegó a ser consultor de varios dicasterios de la curia romana, y participó del Concilio Vaticano II, donde fue secretario de la comisión que elaboró el decreto Presbyterorum Ordinis, sobre el ministerio y la vida de los presbíteros. Asimismo, mantuvo una estrecha relación con varios Papas, especialmente con San Pablo VI, uno de sus primeros amigos en Roma.

Tras la muerte de San Josemaría Escrivá en 1975, fue elegido para sucederlo al frente del Opus Dei, que dirigió durante 19 años, hasta su muerte.

El 28 de noviembre de 1982, al ser erigida la Obra (el Opus Dei) como Prelatura Personal, el Santo Padre Juan Pablo II le nombró Prelado del Opus Dei. Posteriormente, el 6 de enero de 1991, Juan Pablo II le confirió la ordenación episcopal.

Álvaro del Portillo falleció en 1994, después de haber participado en una peregrinación a Tierra Santa. San Juan Pablo II, durante su funeral, se presentó a orar ante sus restos mortales, como reconocimiento por su servicio al pueblo de Dios.

El 5 de julio del 2013 fue hecho público el milagro concedido por intercesión de Don Álvaro. El milagro fue la curación del bebé chileno José Ignacio Ureta Wilson, quien con solo unos pocos días de vida sufrió numerosas y graves complicaciones de salud. Al mes de vida, José Ignacio sufrió un paro cardíaco que duró entre 30 y 45 minutos. Sus padres pidieron la intercesión de don Álvaro y el niño sobrevivió. Actualmente, José Ignacio no presenta secuelas de gravedad.

El Prelado del Opus Dei fue beatificado en Valdebebas (Madrid) por el Cardenal Ángelo Amato el 27 de septiembre de 2014, en una Misa a la que asistieron más de 200.000 personas provenientes de todo el mundo.

Más información en el siguiente enlace.

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San Pancracio fue un joven romano convertido al cristianismo, quien murió ofreciendo la vida en el martirio a los 14 años.

Nació en Frigia, una antigua región de Asia Menor que ocupaba la mayor parte de la península de Anatolia, en el año 289 d.C. Su padre fue un noble pagano que falleció cuando Pancracio solo tenía siete años. Por eso, quedó al cuidado de su tío Dionisio, con quien se fue a vivir a Roma.

Ambos recibieron el mensaje de Cristo gracias a un criado cristiano y se convirtieron a la fe católica. Ya bautizados, comenzaron a vivir intensamente su nueva vida, participaban de la Eucaristía y los sacramentos, compartieron sus bienes materiales con la comunidad eclesial y con quienes vivían en la miseria. Se deshicieron de muchas posesiones familiares para entregar esas riquezas a los pobres.

Cuando el emperador romano Diocleciano decretó la última persecución contra los cristianos, Pancracio fue denunciado y llevado frente a la autoridad imperial. Antes de comparecer, los hombres del emperador le advirtieron a este diciendo: “El hijo de Cleonio de Frigia se ha hecho cristiano y está distribuyendo sus haciendas entre viles personas; además, blasfema horriblemente contra nuestros dioses”.

Diocleciano mandó llamar a Pancracio y conversó largo tiempo con él, tratando de persuadirlo de que renuncie a Jesucristo. Al no lograrlo lo condenó a muerte.

Una vez que Pancracio llegó al lugar del martirio, se arrodilló, levantó los ojos y las manos al cielo, dando gracias al Señor porque había llegado el momento definitorio. Hincó la cabeza frente al verdugo y de un tajo mortal se la arrancaron.

El Papa Vitaliano envió sus reliquias desde Roma a Inglaterra como gesto de generosidad pastoral. Quería que esas tierras conserven el legado espiritual de Pancracio, empezando por los relicarios de los altares de las iglesias nuevas. Como consecuencia, San Agustín de Canterbury le dedicó el primer templo de Inglaterra.

San Pancracio es representado muy joven, casi niño, vestido con la túnica romana o con el traje militar y con los atributos de mártir. Es considerado como el santo de los afligidos por la pobreza.

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El Papa Francisco centró su catequesis de la Audiencia General de este miércoles 11 de mayo al personaje bíblico de Judit y al tema de “una juventud admirable, una vejez generosa”.

“Judit se queda viuda pronto y no tiene hijos, pero, como anciana, es capaz de vivir una época de plenitud y de serenidad, con la conciencia de haber vivido hasta el fondo la misión que el Señor le había encomendado. Para ella es el tiempo de dejar la herencia buena de la sabiduría, de la ternura, de los dones para la familia y la comunidad: una herencia de bien y no solamente de bienes”, dijo el Papa.

A continuación, la catequesis pronunciada por el Papa Francisco:

“Judit. Una juventud admirable, una vejez generosa”

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

Hoy hablaremos de Judit, una heroína bíblica. La conclusión del libro que lleva su nombre —hemos escuchado un pasaje— sintetiza la última parte de la vida de esta mujer, que defendió a Israel de sus enemigos. Judit es una joven y virtuosa viuda judía que, gracias a su fe, a su belleza y a su astucia, salva la ciudad de Betulia y al pueblo de Judá del asedio de Holofernes, general de Nabucodonosor rey de Asiria, enemigo prepotente y despectivo de Dios. Y así, con su forma astuta de actuar, es capaz de degollar al dictador que estaba contra el país. Era valiente, esta mujer, pero tenía fe.

Después de la gran aventura que la ve como protagonista, Judit vuelve a su ciudad, Betulia, donde vive una bonita vejez hasta los ciento cinco años. Había llegado para ella el tiempo de la vejez como llega para muchas personas: a veces después de una vida de trabajo, a veces después de una existencia llena de peripecias o de gran entrega. El heroísmo no es solamente el de los grandes eventos que caen bajo los focos, por ejemplo, el de Judit de haber asesinado al dictador, sino que a menudo el heroísmo se encuentra en la tenacidad del amor vertido en una familia difícil y a favor de una comunidad amenazada.

Judit vivió más de cien años, una bendición particular. Pero no es raro, hoy, tener muchos años todavía para vivir después de la jubilación. ¿Cómo interpretar, cómo aprovechar este tiempo que tenemos a disposición? Yo me jubilo hoy, y serán muchos años, y ¿qué puedo hacer, en estos años, cómo puede crecer —en edad va por sí solo— pero cómo puede creer en autoridad, en santidad en sabiduría?

La perspectiva de la jubilación coincide para muchos con la de un merecido y deseado descanso de actividades exigentes y fatigosas. Pero sucede también que el final del trabajo representa una fuente de preocupación y es esperado con algún temor: “¿Qué haré ahora que mi vida se vaciará de lo que la ha llenado durante tanto tiempo?”: esta es la pregunta. El trabajo cotidiano significa también un conjunto de relaciones, la satisfacción de ganarse la vida, la experiencia de tener un rol, una merecida consideración, una jornada completa que va más allá del simple horario de trabajo.

Por supuesto, hay un compromiso, gozoso y cansado, de cuidar a los nietos, y hoy los abuelos tienen un rol muy grande en la familia para ayudar a crecer a los nietos; pero sabemos que hoy nacen cada vez menos niños, y los padres suelen estar más distantes, más sujetos a desplazamientos, con situaciones laborales y habitacionales desfavorables. A veces son aún más reacios a confiar espacios educativos a los abuelos, concediéndoles solo aquellos estrictamente relacionados con la necesidad de asistencia. Pero alguien me decía, un poco sonriendo con ironía: “Hoy los abuelos, en esta situación socioeconómica, se han vuelto más importantes, porque tienen la pensión”. Hay nuevas exigencias, también en el ámbito de las relaciones educativas y parentales, que nos piden remodelar la alianza tradicional entre las generaciones.

Pero, nos preguntamos: ¿hacemos nosotros este esfuerzo por “remodelar”? ¿O simplemente sufrimos la inercia de las condiciones materiales y económicas? La convivencia de las generaciones, de hecho, se alarga. ¿Tratamos, todos juntos, de hacerlas más humanas, más afectuosas, más justas, en las nuevas condiciones de las sociedades modernas? Para los abuelos, una parte importante de su vocación es sostener a los hijos en la educación de los niños. Los pequeños aprenden la fuerza de la ternura y el respeto por la fragilidad: lecciones insustituibles, que con los abuelos son más fáciles de impartir y de recibir. Los abuelos, por su parte, aprenden que la ternura y la fragilidad no son solo signos de la decadencia: para los jóvenes, son pasajes que hacen humano el futuro.

Judit se queda viuda pronto y no tiene hijos, pero, como anciana, es capaz de vivir una época de plenitud y de serenidad, con la conciencia de haber vivido hasta el fondo la misión que el Señor le había encomendado. Para ella es el tiempo de dejar la herencia buena de la sabiduría, de la ternura, de los dones para la familia y la comunidad: una herencia de bien y no solamente de bienes. Cuando se piensa en la herencia, a veces pensamos en los bienes, y no en el bien que se ha hecho en la vejez y que ha sido sembrado, ese bien que es la mejor herencia que nosotros podemos dejar.

Precisamente en su vejez, Judit “concedió la libertad a su sierva preferida”. Esto es signo de una mirada atenta y humana hacia quien ha estado cerca de ella. Esta sierva la había acompañado en el momento de esa aventura para vencer al dictador y degollarlo. Como ancianos, se pierde un poco la vista, pero la mirada interior se hace más penetrante: se ve con el corazón. Uno se vuelve capaz de ver cosas que antes se le escapaban. Los ancianos saben mirar y saben ver... Es así: el Señor no encomienda sus talentos solo a los jóvenes y a los fuertes; tiene para todos, a medida de cada uno, también para los ancianos. La vida de nuestras comunidades debe saber disfrutar de los talentos y de los carismas de tantos ancianos, que para el registro están ya jubilados, pero que son una riqueza que hay que valorar. Esto requiere, por parte de los propios ancianos, una atención creativa, una atención nueva, una disponibilidad generosa. Las habilidades precedentes de la vida activa pierden su parte de constricción y se vuelven recursos de donación: enseñar, aconsejar, construir, curar, escuchar… Preferiblemente a favor de los más desfavorecidos, que no pueden permitirse ningún aprendizaje y que están abandonados a su soledad.

Judit liberó a su sierva y colmó a todos de atenciones. De joven se había ganado la estima de la comunidad con su valentía. De anciana, la mereció por la ternura con la que enriqueció la libertad y los afectos. Judit no es una jubilada que vive melancólicamente su vacío: es una anciana apasionada que llena de dones el tiempo que Dios le dona. Yo os pido: tomad, uno de estos días, la Biblia y tomad el libro de Judit: es pequeño, se lee fácilmente, son diez páginas, no más. Leed esta historia de una mujer valiente que termina así, con ternura, con generosidad, una mujer a la altura. Y así yo quisiera que fueran nuestras abuelas. Todas así: valientes, sabias y que nos dejen la herencia no del dinero, sino la herencia de la sabiduría, sembrada en sus nietos.

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El Papa Francisco presidió la Audiencia General este miércoles 11 de mayo en la Plaza de San Pedro del Vaticano, donde explicó que “cuando se piensa en la herencia muchas veces se piensa en los bienes y no en el bien” y aseguró que “el bien es la mejor herencia que podemos dejar”.

Continuando con sus catequesis acerca de la vejez, el Papa Francisco reflexionó ante los fieles presentes en la Plaza de San Pedro acerca de un pasaje del libro de Judit, “una heroína bíblica”.

El Santo Padre tomó el ejemplo de Judit para animar a ancianos y jubilados a vivir su última etapa de forma plena y explicó que “la perspectiva de la jubilación coincide para muchos con la de un merecido y deseado descanso de actividades exigentes y cansadas”. 

“Por supuesto, hay un compromiso, gozoso y cansado, de cuidar a los nietos; pero sabemos que hoy nacen cada vez menos niños, y los padres suelen estar más distantes, más sujetos a los viajes, con  situaciones laborales y domésticas desfavorables”, dijo a continuación.

El Papa Francisco lamentó que “a veces son aún más reacios a confiar espacios educativos a los abuelos, concediéndoles sólo aquellos estrictamente relacionados con la necesidad de  asistencia”.

“Para los abuelos, una parte importante de su vocación es sostener a los hijos en la educación de los niños”, explicó el Papa Francisco.

Según el Santo Padre, “los pequeños aprenden la fuerza de la ternura y el  respeto por la fragilidad: lecciones insustituibles, que con los abuelos son más fáciles de impartir y de  recibir. Los abuelos, por su parte, aprenden que la ternura y la fragilidad no son solo signos de la  decadencia: para los jóvenes, son pasajes que hacen humano el futuro”.

A continuación, el Papa Francisco explicó que “cuando se piensa en la herencia muchas veces se piensa en los bienes y no en el bien. El bien es la mejor herencia que podemos dejar”, defendió.

“Como ancianos, se pierde un poco  la vista, pero la mirada interior se hace más penetrante. Se ve con el corazón. Uno se vuelve capaz de ver cosas que antes se le  escapaban”, aseguró el Papa Francisco.

Además, afirmó que “el Señor no encomienda sus talentos solo a los jóvenes y a los fuertes; tiene para todos, a medida  de cada uno. La vida de nuestras comunidades debe saber disfrutar de los talentos y de los carismas de  tantos ancianos, que para el registro están ya jubilados, pero que son una riqueza que hay que valorar”.

“Esto requiere, por parte de los propios ancianos, una atención creativa y nueva, una disponibilidad  generosa. Las habilidades precedentes de la vida activa pierden su parte de constricción y se vuelven recursos de donación: enseñar, aconsejar, construir, curar, escuchar… Preferiblemente a favor de los más  desfavorecidos, que no pueden permitirse ningún aprendizaje y que están abandonados a su soledad”, dijo el Papa Francisco. 

Por último, el Papa Francisco animó a “uno de estos días la Biblia y leer el libro de Judit y leer esta historia de esta mujer valiente que finaliza su vida con sabiduría y con valentía. Así me gustaría que finalizaran nuestros ancianos”.

Ardiente deseo de paz

Después de la catequesis, el Papa Francisco saludó a los peregrinos de lengua portuguesa, especialmente a aquellos que durante estos días se dirigen al Santuario de Fátima, “llevando a la Virgen las alegrías y preocupaciones de sus corazones”.

“Junto a estos hermanos también nosotros confiamos el ardiente deseo de paz en el mundo a la Virgen María, que nos acoge con su mirada materna”, concluyó.

Saludo pueblo de Sri Lanka

Además, el Papa Francisco envió un saludo especial “al pueblo de Sri Lanka, especialmente a los jóvenes, que en los últimos tiempos han hecho oír su grito ante los retos y problemas sociales y económicos del país”.

Me uno a esas autoridades religiosas para instar a todas las partes a mantener una actitud pacífica, sin ceder a la violencia. Hago un llamamiento a todos los responsables para que escuchen las aspiraciones del pueblo, garantizando el pleno respeto de los derechos humanos y las libertades civiles”, pidió el Papa.

Al finalizar la Audiencia General, el Papa Francisco se disculpó “porque hoy no podré llegar hasta ustedes, debido a mi rodilla que todavía está mal. Deberán ustedes caminar un poco hacia mí, y os recibiré con la mano en el corazón”.

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San Francisco de Gerónimo fue un misionero jesuita al que llamaban "el apóstol de Nápoles"; célebre por su incansable trabajo en favor de la conversión de los pecadores, a quienes buscó a ejemplo del Buen Pastor que va en busca de la oveja perdida. Francisco abrió su corazón para que Dios infunda en él amor por los pobres, los enfermos y los oprimidos. Ese corazón que el Señor moldeó anunció su Palabra a tiempo y a destiempo, mediante la palabra y la acción.

Francisco de Gerónimo nació el 17 de diciembre de 1642 en Grottaglie, una ciudad del sur de Italia. A los 16 años entró al colegio de Tarento, donde permaneció bajo la tutela de la Compañía de Jesús. En aquel lugar estudió humanidades y filosofía, y tuvo tanto éxito con los estudios que el obispo lo envió a Nápoles para que asistiera a conferencias de Teología Canónica en el famoso colegio Gesu Vecchio, que por aquel entonces rivalizaba con las más grandes universidades de Europa.

El 1 de julio de 1670 ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús. Al final de su primer año de prueba, fue enviado como misionero a un lugar cercano al municipio italiano de Otranto, para poner en práctica su habilidad para la oratoria o la predicación. Allí confirmó su llamado a ser una voz que anuncie la alegría del Evangelio.

Después de 4 años de predicación en pequeños pueblos y de culminar sus estudios de teología, sus superiores lo nombraron predicador de la iglesia del Gesú Nuovo en Nápoles. Sus sermones elocuentes, breves y enérgicos, llegaron a conmover a muchos, removiendo las conciencias estancadas y despertando el sentido de la fe. Muchas conversiones obró el Señor a través de sus palabras, especialmente de personas que tenían el corazón endurecido y no sentían culpa alguna por sus malas obras.

En algunas ocasiones pasó por no menos de 5 aldeas en un solo día, predicando en calles, plazas públicas e iglesias. La gente que lo conocía llegó a decir que convertía por lo menos a unos 400 pecadores al año.

Una de sus obras de caridad habituales fueron visitar hospitales y cárceles. Y más de una vez fue en busca de algún alma perdida en algún antro. Eso le valió más de una paliza o maltrato, pero no por eso dejó de insistir en el llamado a la conversión, sabiéndose él mismo un pecador perdonado.

San Francisco murió a los 74 años de edad y fue sepultado en la Iglesia de la Compañía de Nápoles. Fue beatificado en 1758 por Benedicto XIV y canonizado en 1839 por el Papa Gregorio XVI.

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Fieles católicos y guardias de seguridad expulsaron a un grupo de abortistas que irrumpieron en la Catedral de Los Ángeles el domingo 8 de mayo, cuando en Estados Unidos y otros países se celebró el Día de la Madre.

En un momento de la Misa dominical, un reducido grupo de abortistas vestidas como personajes de la novela y la serie de televisión “El Cuento de la Criada” (The Handmaid's Tale), empezaron a vociferar y la rápida reacción de los fieles permitió que la Eucaristía siguiera normalmente.

La serie “El Cuento de la Criada” ha sido criticada por reconocidos católicos como el teólogo español José Antonio Fortea, que advirtió que “​​promueve el odio a los valores cristianos”.

Los fieles y los guardias exhortaron a las abortistas a respetar el templo. “¡Respeta! ¡Respeten!” se les oye decir a los católicos en un video compartido en redes sociales.

Las abortistas fueron escoltadas hasta que finalmente salieron de la Catedral, llena de fieles participando en la Misa.

Las mujeres vestidas de rojo habrían seguido la consigna de la organización abortista Ruth Sent Us (Ruth Nos Envió), que toma su nombre de la fallecida jueza pro aborto Ruth Bader Ginsburg, para irrumpir en iglesias durante Misas el Día de la Madre.

La Catedral de Nuestra Señora de Los Ángeles es la principal iglesia de la Arquidiócesis de Los Ángeles, liderada por Mons. José Gomez que, siendo originario de México es también presidente del Episcopado estadounidense y un férreo defensor del derecho a la vida.

Las amenazas abortistas contra los católicos se enmarcan en una reciente filtración del borrador de una opinión mayoritaria de la Corte Suprema, que apuntaría a que se anulará el fallo Roe vs. Wade, que legalizó el aborto todo en Estados Unidos en 1973.

El fin de semana ocurrieron al menos otros dos ataques en el país.

El primero se dio en la antigua Catedral de Nueva York, donde un grupo de abortistas acosó a los católicos que se reunieron para rezar el Rosario y participar en Misa.

El segundo ocurrió en Madison, estado de Wisconsin, donde un centro provida y profamilia fue vandalizado e incendiado con una bomba molotov.

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El Vaticano publicó este 10 de mayo el mensaje del Papa Francisco por la II Jornada Mundial de los Abuelos y de los Ancianos que será el 24 de julio de 2022 con el tema: “En la vejez seguirán dando fruto”.

“Queridas abuelas y queridos abuelos, queridas ancianas y queridos ancianos, en este mundo nuestro estamos llamados a ser artífices de la revolución de la ternura. Hagámoslo, aprendiendo a utilizar cada vez más y mejor el instrumento más valioso que tenemos, y que es el más apropiado para nuestra edad: el de la oración”.

A continuación, el mensaje del Papa Francisco por la II Jornada Mundial de los Abuelos y de los Ancianos que será el 24 de julio

“En la vejez seguirán dando fruto" (Sal 92, 15)

Querida hermana, querido hermano:
El versículo del salmo 92 «en la vejez seguirán dando frutos» (v. 15) es una buena noticia, un verdadero “evangelio”, que podemos anunciar al mundo con ocasión de la segunda Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores. Esto va a contracorriente respecto a lo que el mundo piensa de esta edad de la vida; y también con respecto a la actitud resignada de algunos de nosotros, ancianos, que siguen adelante con poca esperanza y sin aguardar ya nada del futuro.

La ancianidad a muchos les da miedo. La consideran una especie de enfermedad con la que es mejor no entrar en contacto. Los ancianos no nos conciernen —piensan— y es mejor que estén lo más lejos posible, quizá juntos entre ellos, en instalaciones donde los cuiden y que nos eviten tener que hacernos cargo de sus preocupaciones. Es la “cultura del descarte”, esa mentalidad que, mientras nos hace sentir diferentes de los más débiles y ajenos a sus fragilidades, autoriza a imaginar caminos separados entre “nosotros” y “ellos”. Pero, en realidad, una larga vida —así enseña la Escritura— es una bendición, y los ancianos no son parias de los que hay que tomar distancia, sino signos vivientes de la bondad de Dios que concede vida en abundancia. ¡Bendita la casa que cuida a un anciano! ¡Bendita la familia que honra a sus abuelos!

La ancianidad, en efecto, no es una estación fácil de comprender, tampoco para nosotros que ya la estamos viviendo. A pesar de que llega después de un largo camino, ninguno nos ha preparado para afrontarla, y casi parece que nos tomara por sorpresa. Las sociedades más desarrolladas invierten mucho en esta edad de la vida, pero no ayudan a interpretarla; ofrecen planes de asistencia, pero no proyectos de existencia.[1] Por eso es difícil mirar al futuro y vislumbrar un horizonte hacia el cual dirigirse. Por una parte, estamos tentados de exorcizar la vejez escondiendo las arrugas y fingiendo que somos siempre jóvenes, por otra, parece que no nos quedaría más que vivir sin ilusión, resignados a no tener ya “frutos para dar”.

El final de la actividad laboral y los hijos ya autónomos hacen disminuir los motivos por los que hemos gastado muchas de nuestras energías. La consciencia de que las fuerzas declinan o la aparición de una enfermedad pueden poner en crisis nuestras certezas. El mundo —con sus tiempos acelerados, ante los cuales nos cuesta mantener el paso— parece que no nos deja alternativa y nos lleva a interiorizar la idea del descarte. Esto es lo que lleva al orante del salmo a exclamar: «No me rechaces en mi ancianidad; no me abandones cuando me falten las fuerzas» (71,9).

Pero el mismo salmo -que descubre la presencia del Señor en las diferentes estaciones de la existencia- nos invita a seguir esperando. Al llegar la vejez y las canas, Él seguirá dándonos vida y no dejará que seamos derrotados por el mal. Confiando en Él, encontraremos la fuerza para alabarlo cada vez más (cf. vv. 14-20) y descubriremos que envejecer no implica solamente el deterioro natural del cuerpo o el ineludible pasar del tiempo, sino el don de una larga vida. ¡Envejecer no es una condena, es una bendición!

Por ello, debemos vigilar sobre nosotros mismos y aprender a llevar una ancianidad activa también desde el punto de vista espiritual, cultivando nuestra vida interior por medio de la lectura asidua de la Palabra de Dios, la oración cotidiana, la práctica de los sacramentos y la participación en la liturgia. Y, junto a la relación con Dios, las relaciones con los demás, sobre todo con la familia, los hijos, los nietos, a los que podemos ofrecer nuestro afecto lleno de atenciones; pero también con las personas pobres y afligidas, a las que podemos acercarnos con la ayuda concreta y con la oración. Todo esto nos ayudará a no sentirnos meros espectadores en el teatro del mundo, a no limitarnos a “balconear”, a mirar desde la ventana. Afinando, en cambio, nuestros sentidos para reconocer la presencia del Señor,[2] seremos como “verdes olivos en la casa de Dios” (cf. Sal 52,10), y podremos ser una bendición para quienes viven a nuestro lado.

La ancianidad no es un tiempo inútil en el que nos hacemos a un lado, abandonando los remos en la barca, sino que es una estación para seguir dando frutos. Hay una nueva misión que nos espera y nos invita a dirigir la mirada hacia el futuro. «La sensibilidad especial de nosotros ancianos, de la edad anciana por las atenciones, los pensamientos y los afectos que nos hacen más humanos, debería volver a ser una vocación para muchos. Y será una elección de amor de los ancianos hacia las nuevas generaciones».[3] Es nuestro aporte a la revolución de la ternura,[4] una revolución espiritual y pacífica a la que los invito a ustedes, queridos abuelos y personas mayores, a ser protagonistas.

El mundo vive un tiempo de dura prueba, marcado primero por la tempestad inesperada y furiosa de la pandemia, luego, por una guerra que afecta la paz y el desarrollo a escala mundial. No es casual que la guerra haya vuelto en Europa en el momento en que la generación que la vivió en el siglo pasado está desapareciendo. Y estas grandes crisis pueden volvernos insensibles al hecho de que hay otras “epidemias” y otras formas extendidas de violencia que amenazan a la familia humana y a nuestra casa común.

Frente a todo esto, necesitamos un cambio profundo, una conversión que desmilitarice los corazones, permitiendo que cada uno reconozca en el otro a un hermano. Y nosotros, abuelos y mayores, tenemos una gran responsabilidad: enseñar a las mujeres y a los hombres de nuestro tiempo a ver a los demás con la misma mirada comprensiva y tierna que dirigimos a nuestros nietos. Hemos afinado nuestra humanidad haciéndonos cargo de los demás, y hoy podemos ser maestros de una forma de vivir pacífica y atenta con los más débiles. Nuestra actitud tal vez pueda ser confundida con debilidad o sumisión, pero serán los mansos, no los agresivos ni los prevaricadores, los que heredarán la tierra (cf. Mt 5,5).

Uno de los frutos que estamos llamados a dar es el de proteger el mundo. «Todos hemos pasado por las rodillas de los abuelos, que nos han llevado en brazos»;[5] pero hoy es el tiempo de tener sobre nuestras rodillas —con la ayuda concreta o al menos con la oración—, junto con los nuestros, a todos aquellos nietos atemorizados que aún no hemos conocido y que quizá huyen de la guerra o sufren por su causa. Llevemos en nuestro corazón —como hacía san José, padre tierno y solícito— a los pequeños de Ucrania, de Afganistán, de Sudán del Sur.

Muchos de nosotros hemos madurado una sabia y humilde conciencia, que el mundo tanto necesita. No nos salvamos solos, la felicidad es un pan que se come juntos. Testimoniémoslo a aquellos que se engañan pensando encontrar realización personal y éxito en el enfrentamiento. Todos, también los más débiles, pueden hacerlo. Incluso dejar que nos cuiden —a menudo personas que provienen de otros países— es un modo para decir que vivir juntos no sólo es posible, sino necesario.

Queridas abuelas y queridos abuelos, queridas ancianas y queridos ancianos, en este mundo nuestro estamos llamados a ser artífices de la revolución de la ternura. Hagámoslo, aprendiendo a utilizar cada vez más y mejor el instrumento más valioso que tenemos, y que es el más apropiado para nuestra edad: el de la oración. «Convirtámonos también nosotros un poco en poetas de la oración: cultivemos el gusto de buscar palabras nuestras, volvamos a apropiarnos de las que nos enseña la Palabra de Dios».[6] Nuestra invocación confiada puede hacer mucho, puede acompañar el grito de dolor del que sufre y puede contribuir a cambiar los corazones. Podemos ser «el “coro” permanente de un gran santuario espiritual, donde la oración de súplica y el canto de alabanza sostienen a la comunidad que trabaja y lucha en el campo de la vida».[7]

Es por eso que la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores es una ocasión para decir una vez más, con alegría, que la Iglesia quiere festejar con aquellos a los que el Señor —como dice la Biblia— les ha concedido “una edad avanzada”. ¡Celebrémosla juntos! Los invito a anunciar esta Jornada en sus parroquias y comunidades, a ir a visitar a los ancianos que están más solos, en sus casas o en las residencias donde viven. Tratemos que nadie viva este día en soledad. Tener alguien a quien esperar puede cambiar el sentido de los días de quien ya no aguarda nada bueno del futuro; y de un primer encuentro puede nacer una nueva amistad. La visita a los ancianos que están solos es una obra de misericordia de nuestro tiempo.

Pidamos a la Virgen, Madre de la Ternura, que nos haga a todos artífices de la revolución de la ternura, para liberar juntos al mundo de la sombra de la soledad y del demonio de la guerra.

Que mi Bendición, con la seguridad de mi cercanía afectuosa, llegue a todos ustedes y a sus seres queridos. Y ustedes, por favor, no se olviden de rezar por mí.

Roma, San Juan de Letrán, 3 de mayo de 2022, fiesta de los santos apóstoles Felipe y Santiago. FRANCISCO

[1] Catequesis sobre la vejez, 1: “La gracia del tiempo y la alianza de las edades de la vida” (23 febrero 2022). [2] Ibíd., 5: “La fidelidad a la visita de Dios para la generación que viene” (30 marzo 2022).
[3] Ibíd., 3: “La ancianidad, recurso para la juventud despreocupada” (16 marzo 2022).
[4] Catequesis sobre san José, 8: “San José padre en la ternura” (19 enero 2022).

[5] Homilía durante la Santa Misa, I Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores (25 julio 2021).

[6] Catequesis sobre la familia, 7: “Los abuelos” (11 marzo 2015).
[7] Ibíd.

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"Más preferiría vivir sin piel, que vivir sin devoción a la Virgen María", decía San Juan de Ávila, patrono de los sacerdotes españoles, reformador y escritor. La fiesta de este gran misionero, director de almas y consejero de muchos santos se celebra cada 10 de mayo.

San Juan de Ávila nació por el año 1500 en España en una familia rica. Estudió en la Universidad de Alcalá, fue ordenado sacerdote en 1526 y repartió los bienes que le habían dejado sus padres entre los necesitados.

Un gran número de fieles acudía siempre a escuchar sus predicaciones que preparaba arrodillado y en oración por varias horas. En ocasiones se pasaba toda la noche ante el crucifijo o el Santísimo encomendando la prédica y así obtenía muchas conversiones.

"Para poder obtener conversiones hay que tener fe en que sí se conseguirán conversiones. ¡La fe mueve montañas!”, decía el Santo. Además, solía recordar que la principal cualidad para ser un buen predicador es “¡Amar mucho a Dios!”

Con su entusiasmo contagiaba a muchos sacerdotes en la Evangelización. Los enemigos y envidiosos lo acusaron ante la inquisición con falsos testimonios y fue encarcelado. Al salir libre fue ovacionado por el pueblo.

San Juan de Ávila fue amigo y consejero de San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús, San Juan de Dios, San Francisco de Borja, San Pedro de Alcántara y Fray Luis de Granada.

Partió a la Casa del Padre un 10 de mayo de 1569 diciendo: “Jesús y María”. Fue canonizado por el Beato Pablo VI en 1970.

Más información:

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“En el hospital, sobre todo durante la pandemia, aunque los enfermos estaban solos se podía sentir mucha paz, y eso es por los ángeles de la guarda”; Estas son las palabras del P. Iñaki Gallego, uno de los capellanes del Hospital Clínico San Carlos de Madrid (España).

El sacerdote, también párroco de Santa María de Silencio -una parroquia para sordos y ciegos-, y capellán del colegio Santísimo Sacramento de Madrid, habló con ACI Prensa acerca de la importancia del ángel de la guarda en los últimos momentos en la vida terrenal. 

El P. Iñaki, que se ordenó hace 17 años, contó que puede llegar a administrar mil unciones al año. “Hay unos casos más comunes, donde la persona es mayor e incluso ya quiere irse al cielo, pero también hay casos más duros con niños, jóvenes o gente que se muere sola”.

Sin embargo, el sacerdote explicó que los enfermos nunca están solos, ya que cuentan con la compañía del ángel de la guarda, quienes están “en las situaciones vitales más duras”. 

“Dios es Padre y quiere que muramos en paz, por eso nos envía a sus ángeles de la guarda, quienes dan paz en los últimos momentos”, explicó el sacerdote. 

Además señaló que la familia, los sacerdotes y médicos “también son una especie de ángeles” que acompañan al enfermo, por eso los ángeles de la guarda suelen estar al lado del que está solo, de aquel enfermo que no tiene a quien agarrarse. 

“El ángel de la guarda sabe cuándo tiene que estar a nuestro lado. Se sabe retirar y colocar cuando hace falta”, explicó.

El P. Iñaki contó que hay alrededor de 800 enfermos en el hospital, donde la presencia del ángel de la guarda se siente “en las situaciones más duras”.

“El ángel de la guarda acompaña también a los médicos, enfermeros, sacerdotes y voluntarios. Nos llevan hasta sitios y personas que no nos esperábamos. Siempre acabo en un momento necesario en el sitio indicado, cerca de un enfermo que justo necesitaba un sacerdote”, señaló.

“Dios lo hace a través de nuestros ángeles de la guarda, nos lleva a los lugares donde nos necesita sin haberlo planeado”. 

El P. Iñaki también señaló que existen muchas ocasiones en las que el enfermo alarga su agonía debido a que está esperando a alguien de su familia y la ayuda de un sacerdote. “Muchas veces nos han llamado porque se sabe que la persona está esperando algo. Nos acercamos a esa persona, le damos la Unción y a los minutos mueren en paz”

“Eso nos ha pasado bastantes veces, y los ángeles de la guarda son los que lo hacen posible”, defendió el sacerdote. 

“El ángel de la guarda nos tiene que dar paz igual que a Cristo en el huerto de los olivos. En la pandemia estaban tan solos los enfermos que hacíamos lo que podíamos. Había muchos enfermos aislados pero aun así se sentía paz en medio de tanto sufrimiento”, explicó. 

“Tienes paz de saber que esa persona no va a morir sin consuelo, siempre que el ángel esté a su lado. Es una de las maneras que Dios tiene de llegar a las personas que estamos solos. También los ángeles están ahora con los que sufren la guerra de Ucrania”.

Además, defendió que “el ángel está aunque no se le llame”, aunque también “hay que pedir al Señor que nos cuide si estamos asustados, y Dios hará lo posible por socorrerte. Él da sentido a nuestra angustia y nos hace vivir con trascendencia el sufrimiento y darle un significado salvífico”.

También explicó que “Dios no se salta la libertad del hombre. Sabiendo que vamos a equivocarnos nos avisa y nos lo dice, pero nunca nos pone cadenas. Por eso los ángeles no pueden asistir cuando uno de verdad no quiere”.

“Pero Dios es el único que nos puede juzgar, y el único que nos conoce realmente. Si hablas y pides también a la Virgen María, ella intercederá para que su hijo te envíe los ángeles para que te cuiden”, defendió.

“Es el Padre el que se encarga de mandarte la ayuda y lo hace gracias a la intercesión de la Virgen María y el Espíritu Santo. Con los ángeles de la guarda se hace física su ayuda, llevando la paz al enfermo o aquel que lo necesita”, concluyó el sacerdote. 

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