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Hoy la Iglesia Católica celebra la Fiesta de San Juan de Dios, fundador de la Orden de los Hermanos Hospitalarios, la que posteriormente cambiaría su denominación a “Orden Hospitalaria de San Juan de Dios” añadiendo el nombre del Santo en su honor.

San Juan de Dios, O. H. nació en Montemor-o-Novo (“Montemayor” en castellano), Portugal, el 8 de marzo de 1495 y, coincidentemente, fue llamado a la Casa del Padre un 8 de marzo de 1550 en Granada, España. Su nombre de pila fue João Cidade Duarte y fue conocido como "Juan de los Enfermos".

Trabajó como enfermero por vocación y convicción, ya que a lo largo de su vida demostró que era la caridad con los que sufren enfermedad lo que lo movía a entregarse al servicio a los demás. En quienes sufrían un padecimiento corporal, San Juan de Dios encontraba a Cristo sufriente, vulnerable; esperando ser atendido y consolado.

Fundó un hospital en Granada y, posteriormente, junto con su grupo de compañeros, constituyó la que sería la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, dedicada a la pastoral de la salud. Su hospital estaba dedicado especialmente a atender a los pobres y necesitados. En él trabajó incansablemente durante diez años, sin abandonar la oración ni el ayuno, pasando muchas noches en vela ocupándose de los enfermos. Aún con una salud un poco frágil -se resfriaba constantemente-, no buscó ni su seguridad ni su comodidad, sino el bienestar de sus enfermos.

En una ocasión, se produjo un incendio en su hospital y el Santo, poniendo en riesgo su vida, se encargó de rescatar a los pacientes. Se considera como milagrosa la manera como San Juan atravesó el lugar en llamas sin sufrir quemadura alguna. Aquel día ni uno solo de sus pacientes sufrió daño alguno. Dios, una vez más, había protegido a sus pobres y enfermos, a quienes se dedicaba con tanto amor.

El día de su muerte, “Juan de los Enfermos” sintió una premonición de que su hora había llegado. Buscó ponerse en oración, se arrodilló y exclamó: "Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo", y en ese momento falleció.

San Juan de Dios es Patrono de quienes trabajan en los hospitales y de los que difunden libros religiosos. Hoy, que una pandemia azota a la humanidad, su vida y ejemplo de entrega y sacrificio por los sufrientes cobran un sentido aún mayor. Pidamos su intercesión por todos aquellos que arriesgan su vida en los sistemas de salud de todo el mundo, con tal de salvar la vida de otros, y por quienes sufren el dolor del deterioro corporal y la soledad.

Actualmente los religiosos Hospitalarios de San Juan de Dios siguen trabajando por los enfermos en hospitales y centros de salud de muchos países.

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Mons. Bashar Matti Warda, arzobispo caldeo de Erbil (Kurdistán iraquí), agradeció al Papa Francisco este domingo 7 de marzo por su “valentía” en el viaje a Irak y por el mensaje de paz que llevó a Erbil y a todo Irak.

“Le damos las gracias por su valentía, por haber venido aquí, en este turbulento país nuestro, una tierra tan llena de violencia, este lugar de disputas interminables, desplazamientos y sufrimientos para la gente”, afirmó Mons. Warda antes de concluir la multitudinaria Misa celebrada por el Santo Padre en el estadio “Franso Hariri” localizado en Erbil, capital del Kurdistán iraquí, región en la que muchos cristianos se refugiaron ante la invasión del Estado Islámico.

El Arzobispo también agradeció al Papa por haber viajado a Irak “en este tiempo de pandemia y crisis mundial: esto hace concretas las palabras de Cristo ‘no teman’. Papa Francisco, sabemos que Cristo y usted están con nosotros”, 

En su breve saludo de agradecimiento, el Prelado dio gracias al Santo Padre por “sus oraciones por los perseguidos y marginados, aquí en Irak y en todo el mundo” y añadió que saben “que ha continuado a rezar por nosotros durante nuestros tiempos de oscuridad”.

“Sabemos que con sus oraciones continúa pidiendo por este mundo destrozado, y este país destrozado para que encuentre un período de paz, humildad y prosperidad, dignidad de vida y perspectivas para todos”, resaltó.

Por último, Mons. Warda agradeció a nombre de las autoridades eclesiales y civiles junto a los miles de personas presentes en el estadio por “el mensaje de paz que ha llevado a Erbil y a todo Irak” porque “su poderoso mensaje de fraternidad y perdón es ahora un regalo para todo el pueblo de Irak que nos deja, a cada uno de nosotros en este país una responsabilidad duradera para dar vida a su mensaje en nuestra vida diaria, de ahora en adelante”.

“El Señor lo proteja en sus viajes. Permanecerá para siempre en nuestras oraciones”, concluyó el Arzobispo.

Con su visita a Irak, el Papa Francisco cumplió el sueño del Papa San Juan Pablo II que no pudo visitar este país de Medio Oriente debido a la guerra.

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Este domingo 7 de marzo en la ciudad de Qaraqosh en Irak, el Papa Francisco devolvió a los cristianos un libro sagrado de liturgia, luego de 10 meses de restauración en Italia tras haberse salvado del odio destructor de los terroristas del Estado Islámico (ISIS).

El Santo Padre entregó el libro sagrado, conocido como Sidra, a Mons. Yohanna Butros Mouché, Obispo de Mosul, durante el evento realizado en la iglesia de la Inmaculada Concepción en Qaraqosh.

Sidra, el libro sagrado de liturgia de los siglos XIV y XV, es un manuscrito de caracteres siriacos que contiene las oraciones litúrgicas en arameo para las fiestas desde la Pascua hasta la de la Santa Cruz.

La restauración fue coordinada por la Federación de Organismos Cristianos de Servicio Voluntario Internacional (FOCSIV) y del Ministerio italiano de Bienes Culturales.

En enero de 2017 el libro fue identificado por los periodistas Laura Aprati y Marco Bova, para ser luego entregado a Mons. Yohanna Butros Mouché, que luego lo envió a Italia.

Una vez en Italia, con un delicado trabajo, que además fue gratuito, del Instituto Central de Patología de Archivos y Libros (ICPAL) del ministerio italiano, se enmarcó y se restauró algunas de sus peculiaridades como la encuadernación antigua y la tinta especial usada para las miniaturas. 

La Sidra estaba en mal estado: desde la estructura hasta los pigmentos de las miniaturas pasando por la fragilidad del papel y las tablas de la encuadernación.

Para restaurar el libro sagrado fue necesario un examen lingüístico y una comparación con algunos volúmenes siriacos de la misma época conservados en la Biblioteca del Vaticano.

El único elemento original del libro, que tuvo que ser indispensablemente sustituido, fue el hilo de costura de los fascículos, que igualmente fue conservado.

Ivana Borsotto, presidenta del FOCISV, comentó sobre la restauración la Sidra que “devolverla a su casa y que fuera el Papa Francisco, en este histórico e importante viaje a esta tierra, dársela a sus fieles y a su Iglesia, tiene ciertamente un fuerte valor simbólico: el regreso y la recuperación de las raíces comunes en lugares donde la guerra no solo ha destruido sino que ha intentado erradicar las tradiciones y las culturas distintas a las seculares”.

Sin embargo, resaltó, estas fuerzas no han sido capaces de “cancelar toda huella que pudiese recordar, incluso mínimamente, la historia de una convivencia pacífica de la cristiandad presente desde hace siglos en estos lugares”.

En 2014 el Estado Islámico tomó el control de distintas zonas de Irak con presencia cristiana, en donde están las ciudades de Karamlech, Qaraqosh y Mosul. En 2017 y gracias a la acción del ejército estadounidense, la zona fue liberada del dominio de los terroristas musulmanes.

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Las violentas marchas feministas programadas para el 8 de marzo (8M) en Ciudad de México y en otras localidades del país tienen el permiso del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, mientras que las restricciones al culto católico a causa de la pandemia de coronavirus COVID-19 se mantienen prácticamente en todo el país.

El 3 de marzo López Obrador anunció en su conferencia de prensa matutina que frente a restricciones a las manifestaciones de feministas el 8 de marzo en otros países “aquí es prohibido prohibir, se garantizan los derechos de manifestación, de expresión”.

Aquí libertad absoluta, completa”, insistió, al tiempo que pidió a las feministas que “las manifestaciones sean pacíficas”.

“Que no se dañe a establecimientos comerciales, que no se afecten monumentos públicos y mucho menos que se agreda a otras personas, y que también haya cuidado para que no vayan a dañarse de los mismos manifestantes, mujeres u hombres, porque la vez pasada tiraron bombas”, dijo.

De acuerdo a datos del Gobierno de México, al 6 de marzo se han confirmado más de 2,3 millones de casos de COVID-19 en el país, con un total de más de 210 mil muertes.

La universidad estadounidense Johns Hopkins, especializada en medicina, coloca a México como el tercer país con más muertes a causa del COVID-19 en todo el mundo, solo detrás de Estados Unidos y Brasil.

En la mayor parte del país se mantienen restricciones al porcentaje de fieles que tienen permitido participar en la celebración de la Misa, así como limitaciones para las procesiones y expresiones de fe, particularmente con miras a la Semana Santa.

En Miércoles de Ceniza, al inicio de la Cuaresma, en algunas diócesis mexicanas se optó por celebrar la Misa sin asistencia de fieles y entregarles las cenizas directamente para que las distribuyan en sus casas y en sus centros de trabajo.

Una decisión “contradictoria” e “irresponsable”

En diálogo con ACI Prensa, Luis Losada, director de campañas de CitizenGO en Hispanoamérica, criticó que “la posición de López Obrador permitiendo ‘libertad absoluta’ con las manifestaciones feministas del 8M es contradictoria con las restricciones al culto y al comercio”.

“¿Por qué la ‘libertad absoluta’ es asimétrica?, ¿por qué no hay ‘libertad absoluta’ para asistir al servicio religioso y sí para acudir a los actos feministas?, ¿cómo le explica esta asimetría a muchos restauranteros quebrados y cerrados por el semáforo rojo?”, cuestionó.

Losada recordó que “la libertad de expresión es un derecho fundamental. Pero la libertad religiosa y la libertad de empresa también son derechos fundamentales”.

“Si una emergencia sanitaria obliga a restringirlos para evitar la expansión de la pandemia y salvar vidas obligará a todos no solo a algunos. Porque esa asimetría, además de irritante e inmoral es ilegal”, continuó. “Y además es irresponsable: ¿cuántas vidas se han perdido por el mal manejo de una crisis por parte de un gobierno que pensó que el virus le venía ‘como anillo al dedo’?”, añadió.

Losada dijo luego que “pedir a las feministas que el 8M no sean violentas es pedir peras al olmo. Porque ellas creen que en la violencia como vector político. Lo hemos visto en Quintana Roo, Puebla o Michoacán”.

“Quizás el presidente López Obrador trate de destensar con este gesto de tolerancia su mala relación con las feministas que tratan de marcarle la agenda. Auguro fracaso. Porque para las feministas su agenda es casi su religión. Jamás la abandonarán. Jamás se contentarán con romper unos vidrios”, señaló.

Las feministas, advirtió, “quieren aborto sin límite alguno. Y por supuesto, sufragado con el esfuerzo fiscal de todos los ciudadanos. Y no pararán nunca hasta conseguirlo”.

“El Gobierno muestra una negligencia criminal”

Por su parte, el P. Hugo Valdemar, canónigo penitenciario de la Arquidiócesis Primada de México, dijo que permitir las marchas feministas mientras se restringe el culto “no es sino la manifestación de una gran incoherencia. En una marcha de este tipo no se cumple ninguna de las normas mínimas para evitar los contagios, todo lo contrario del cuidado que se ha tenido en los templos para salvaguardar la propia salud y la de los demás”.

“Sin embargo, este gobierno irresponsable que le tiene pánico a las feministas les da luz verde mientras en los templos siguen imponiendo restricciones que rayan en lo absurdo”, dijo.

Para el P. Valdemar, “el Gobierno muestra una negligencia criminal al autorizar las marchas feministas. No estamos en un momento para eso”.

“Enero y febrero fueron meses trágicos. Apenas empieza a haber un control. No es posible que justo en este momento se permitan estas manifestaciones multitudinarias”.

El sacerdote mexicano subrayó el “contraste entre la disciplina y responsabilidad que ha mostrado la Iglesia, a veces incluso exagerada, y la irresponsabilidad criminal del gobierno y de las feministas, que sin importarles la salud pública se preparan para mostrar una vez más de qué están hechas, de resentimiento social, violencia, odio y destrucción”.

Frente a la eventual violencia de las feministas contra los templos católicos este 8 de marzo, el P. Valdemar recordó que “ya otras veces los grupos católicos de laicos, ante el silencio vergonzoso de algunos obispos, se han organizado para hacer vallas humanas y defender los templos, y lo han hecho con sumo respeto y civilidad”.

“Por desgracia, estos católicos heroicos se exponen a la violencia y brutalidad de las feministas, que llegan a actuar con un verdadero odio satánico. Sin embargo, los fieles laicos, ante la cobardía de los pastores, están en todo su derecho de defender sus templos, y les agradecemos esos gestos heroicos de fe”.

Consultada sobre si se pronunciaría sobre el permiso para las aglomeraciones de feministas este 8 de marzo mientras se mantienen las restricciones al culto público, la Conferencia del Episcopado Mexicano señaló que no tiene una opinión al respecto.

Javier Rodríguez, director de Comunicación de la Arquidiócesis Primada de México señaló que si bien no hay una postura respecto al permiso del gobierno de López Obrador a las marchas feministas, “ha habido diálogo interno con los encargados de las distintas parroquias para estar atentos a cualquier contingencia y tener el apoyo inmediato de las autoridades de la Ciudad de México”.

“En el caso específico de la Catedral Metropolitana, la seguridad al interior está a cargo de la Guardia Nacional y la exterior de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, explicó.

Desde la tarde del 7 de marzo, el Gobierno de la Ciudad de México decidió colocar vallas de protección frente a la Catedral de México, similares a las instaladas frente a Palacio Nacional, sede del gobierno del país.

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Los Obispos de Argentina hicieron llamados a la paz ante las protestas en la localidad de Formosa, en el límite fronterizo con Paraguay, a causa de una nueva cuarentena ordenada por las autoridades frente a la pandemia de coronavirus COVID-19.

El Obispo de Formosa, Mons. José Vicente Conejero Gallego, pidió el 6 de marzo a los ciudadanos que “busquemos la paz, erradiquemos toda forma de violencia, cooperemos en instaurar la fraternidad universal”.

“Así como nuestro querido Papa Francisco, estos días en Irak, y nosotros, en Formosa, en Argentina, y en el mundo entero”, dijo.

Tras detectar 23 casos nuevos de COVID-19 en la provincia, 17 de ellos en la capital, el 4 de marzo el Gobierno de la provincia argentina de Formosa anunció el restablecimiento del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (conocido como APSO) hasta el 18 de marzo.

Las disposiciones implican el cierre de actividades empresariales consideradas no esenciales y del transporte interurbano.

El anuncio del gobierno provincial causó malestar en la población, que se verá obligada a suspender nuevamente la actividad económica, y motivó una serie de protestas desde la noche del 4 de marzo.

Al reprimir violentamente las protestas el 5 de marzo, los policías golpearon a los manifestantes con palos, y dispararon balas de goma y gases lacrimógenos.

El 5 de marzo, la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina escribió al Obispo de Formosa expresándole su apoyo, y señalando que “es preciso adoptar todas las medidas sanitarias que sean necesarias para combatir el Covid-19, dentro de la razonabilidad y conforme al contexto de su circulación”.

“Pero de ninguna manera puede aceptarse el ejercicio de cualquier forma de represión violenta contra ciudadanos que reclaman por la plena vigencia de sus derechos humanos y sociales”, indicaron los obispos.

“Seguramente no faltarán caminos para que la Iglesia junto a otros sectores de la sociedad impulsen el diálogo y la amistad social que alejen definitivamente cualquier forma de prepotencia personal o institucional, propias de otros tiempos trágicos de nuestra Patria”, añadieron.

De acuerdo al Gobierno de Formosa, al 4 de marzo de 2021 se confirmaron en la provincia 1.422 casos de COVID-19, con 19 muertes.

La universidad estadounidense especializada en medicina Johns Hopkins, al 7 de marzo, indica que en Argentina se han registrado más de 2,1 millones de casos de COVID-19, y se han registrado cerca de 53 mil muertes.

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El Papa Francisco alentó en este tercer domingo de Cuaresma a limpiar el corazón de las falsas seguridades que lo ensucian como la hipocresía, el poder o el dinero.

“El corazón se limpia, se ordena, se purifica. ¿De qué? De las falsedades que lo ensucian, de la doblez de la hipocresía; todos las tenemos, todos. Son enfermedades que lastiman el corazón, que enturbian la vida, la hacen doble”, afirmó el Santo Padre en la homilía de la Misa que presidió este domingo en el estadio Francis Harari en Erbil, en la región del Kurdistán iraquí.

“Necesitamos ser limpiados de nuestras falsas seguridades, que regatean la fe en Dios con cosas que pasan, con las conveniencias del momento. Necesitamos eliminar de nuestro corazón y de la Iglesia las nefastas sugestiones del poder y del dinero”, subrayó.

El Papa Francisco explicó luego que “para limpiar el corazón necesitamos ensuciarnos las manos, sentirnos responsables y no quedarnos de brazos cruzados mientras el hermano y la hermana sufren. Pero, ¿cómo purificar el corazón? Solos no somos capaces, necesitamos a Jesús. Él tiene el poder de vencer nuestros males, de curar nuestras enfermedades, de restaurar el templo de nuestro corazón”.

Sobre el Evangelio de este domingo en el que Jesús expulsa a los mercaderes del templo, el Santo Padre dijo que “Jesús hizo ese gesto tan fuerte y tan provocador” porque “el Padre lo mandó a purificar el templo, no soolo el templo de piedra, sino sobre todo el de nuestro corazón”.

“Como Jesús no toleró que la casa de su Padre se convirtiera en un mercado (cf. Jn 2,16), del mismo modo desea que nuestro corazón no sea un lugar de agitación, desorden y confusión”.

El Papa alertó luego de la “trampa de pensar que debemos demostrar a los demás que somos fuertes, que somos sabios... En la trampa de fabricarnos falsas imágenes de Dios que nos den seguridad... (cf. Ex 20,4-5). En realidad, es lo contrario, todos necesitamos la fuerza y la sabiduría de Dios revelada por Jesús en la cruz”.

El Papa Francisco explicó asimismo que “Dios no nos deja morir en nuestro pecado. Incluso cuando le damos la espalda, no nos abandona a nuestra propia suerte. Nos busca, nos sigue, para llamarnos al arrepentimiento y para purificarnos”.

“El Señor quiere que nos salvemos y que seamos templos vivos de su amor, en la fraternidad, en el servicio y en la misericordia”, aseguró.

El Santo Padre dijo además que “Jesús no solo nos purifica de nuestros pecados, sino que nos hace partícipes de su misma fuerza y sabiduría. Nos libera de un modo de entender la fe, la familia, la comunidad que divide, que contrapone, que excluye, para que podamos construir una Iglesia y una sociedad abiertas a todos y solícitas hacia nuestros hermanos y hermanas más necesitados”.

“Y al mismo tiempo nos fortalece, para que sepamos resistir a la tentación de buscar venganza, que nos hunde en una espiral de represalias sin fin”, agregó.

El Papa indicó también que “el Señor nos promete que, con la fuerza de su Resurrección, puede hacernos resurgir a nosotros y a nuestras comunidades de los destrozos provocados por la injusticia, la división y el odio. Es la promesa que celebramos en esta Eucaristía”.

“Con los ojos de la fe, reconocemos la presencia del Señor crucificado y resucitado en medio de nosotros, aprendemos a acoger su sabiduría liberadora, a descansar en sus llagas y a encontrar sanación y fuerza para servir a su Reino que viene a nuestro mundo”, resaltó.

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Al final del tercer día de su viaje apostólico a Irak, el Papa Francisco celebró este domingo 7 de marzo una conmovedora y multitudinaria Misa ante miles de personas en un estadio de Erbil, capital del Kurdistán iraquí, la región que refugió a los cristianos que huyeron del Estado Islámico.

Se trató del evento más numeroso después de las diversas citas en Bagdad, la llanura de Ur, Mosul, Qaraqosh y tras haber encontrado en privado a las autoridades kurdas en una sala del aeropuerto de Erbil. Además, según el programa del viaje, este es el último acto público en el que el Santo Padre pronunció una homilía y un breve discurso.

El Santo Padre recorrió el estadio en papamóvil saludando y bendiciendo a las personas que lo recibieron con mucho entusiasmo, mientras el coro entonaba cantos de bienvenida. Ha sido la única ocasión durante todo el viaje en que el Papa utilizó un coche abierto.

El estadio “Franso Hariri” tiene capacidad para acoger hasta 30.000 personas, pero según las cifras oficiales, iban a estar presentes solamente 10.000 ante las medidas sanitarias para evitar contagios del COVID-19. Sin embargo, algunos medios de comunicación reportaron una asistencia de entre 18 y 20 mil personas.

Además, según informaron los organizadores de la Misa, hubo 250 jóvenes voluntarios y el coro estuvo compuesto por otros 100 de la región. A la ceremonia asistieron las autoridades musulmanas locales y algunas minorías, como los miembros de la comunidad yazidí, religión minoritaria del norte de Irak que han sido perseguidos durante los últimos años por los terroristas de Estado Islámico.

Al inicio de la Misa, el Santo Padre incensó una estatua de la Virgen María que fue profanada por el Estado Islámico en 2016.

La celebración eucarística del Papa incluyó pasajes bíblicos en arameo, kurdo, árabe, inglés e italiano y se realizó en rito romano, a diferencia de la otra Misa celebrada por el Santo Padre en rito caldeo el sábado 6 de marzo en la Catedral de San José de Bagdad. 

La primera lectura fue en caldeo, el salmo responsorial fue cantado en árabe entre el solista y el coro, la segunda lectura fue en kurdo y el Evangelio fue leído en árabe por un diácono después de la tradicional bendición del Papa.

En su homilía pronunciada en italiano, y traducida al árabe, el Papa Francisco destacó que “el Señor nos promete que, con la fuerza de su Resurrección, puede hacernos resurgir a nosotros y a nuestras comunidades de los destrozos provocados por la injusticia, la división y el odio” y añadió que “es la promesa que celebramos en esta Eucaristía”.

“Con los ojos de la fe, reconocemos la presencia del Señor crucificado y resucitado en medio de nosotros, aprendemos a acoger su sabiduría liberadora, a descansar en sus llagas y a encontrar sanación y fuerza para servir a su Reino que viene a nuestro mundo”, dijo el Pontífice.

Asimismo, el Santo Padre destacó que “Jesús no solo nos purifica de nuestros pecados, sino que nos hace partícipes de su misma fuerza y sabiduría. Nos libera de un modo de entender la fe, la familia, la comunidad que divide, que contrapone, que excluye, para que podamos construir una Iglesia y una sociedad abiertas a todos y solícitas hacia nuestros hermanos y hermanas más necesitados. Y al mismo tiempo nos fortalece, para que sepamos resistir a la tentación de buscar venganza, que nos hunde en una espiral de represalias sin fin”.

En esta línea, el Papa subrayó que “con la fuerza del Espíritu Santo nos envía, no a hacer proselitismo, sino como sus discípulos misioneros, hombres y mujeres llamados a testimoniar que el Evangelio tiene el poder de cambiar la vida” y agregó que “el Resucitado nos hace instrumentos de la paz de Dios y de su misericordia, artesanos pacientes y valientes de un nuevo orden social”.

La Iglesia en Irak, con la gracia de Dios, hizo y está haciendo mucho por anunciar esta maravillosa sabiduría de la cruz propagando la misericordia y el perdón de Cristo, especialmente a los más necesitados. También en medio de una gran pobreza y dificultad, muchos de ustedes han ofrecido generosamente una ayuda concreta y solidaridad a los pobres y a los que sufren”, advirtió el Papa quien añadió que “este es uno de los motivos que me ha impulsado a venir como peregrino entre ustedes, a agradecerles y confirmarlos en la fe y en el testimonio. Hoy, puedo ver y sentir que la Iglesia de Irak está viva, que Cristo vive y actúa en este pueblo suyo, santo y fiel”.

Al finalizar su homilía, el Santo Padre encomendó “a ustedes, a sus familias y a sus comunidades, a la materna protección de la Virgen María, que fue asociada a la pasión y a la muerte de su Hijo y participó en la alegría de su resurrección. Que Ella interceda por nosotros y nos lleve a Él, fuerza y sabiduría de Dios”.

Antes de la conclusión de la Misa, el Arzobispo caldeo de Erbil, Mons. Bashar Matti Warda, dirigió un breve saludo en el que agradeció al Papa por “su histórica visita” y por la valentía de visitar “este nuestro turbulento país, una tierra tan llena de violencia, este lugar de disputas interminables, desplazamientos y sufrimientos para la gente; y por haberlo hecho en este tiempo de pandemia y crisis mundial”.

Asimismo, Mons. Warda agradeció al Santo Padre por “las oraciones por los perseguidos y los marginados, aquí en Irak y en todo el mundo” y añadió que ellos saben que el Papa “ha continuado a rezar por nosotros en todos nuestros periodos de obscuridad”.

Por su parte, el Pontífice dirigió también unas palabras de despedida en las que agradeció la presencia de diferentes autoridades eclesiales y civiles y a quienes trabajaron por este viaje. Mientras que hablaba en varias ocasiones los miles de asistentes aplaudieron.

En estos días vividos junto a ustedes, he escuchado voces de dolor y de angustia, pero también voces de esperanza y de consuelo. Y esto es mérito, en gran medida, de esa incansable obra de bien que ha sido posible gracias a las instituciones de cada confesión religiosa, gracias a sus Iglesias locales y a las distintas organizaciones caritativas, que asisten a la gente de este país en la obra de reconstrucción y recuperación social”, destacó el Papa.

Por último, el Santo Padre señaló que “ahora, se acerca el momento de regresar a Roma. Pero Irak permanecerá siempre conmigo, en mi corazón. Les pido a todos ustedes, queridos hermanos y hermanas, que trabajen juntos en unidad por un futuro de paz y prosperidad que no discrimine ni deje atrás a nadie”.

“Les aseguro mi oración por este amado país. Rezo, de manera especial, para que los miembros de las distintas comunidades religiosas, junto con todos los hombres y las mujeres de buena voluntad, cooperen para estrechar lazos de fraternidad y solidaridad al servicio del bien común y de la paz. Salam, salam, salam. Shukrán! [Gracias] Que Dios los bendiga a todos. Que Dios bendiga a Irak. Allah ma’akum! [Que Dios esté con ustedes]”, concluyó el Papa antes de impartir su bendición.

El Santo Padre se marchó en medio de cánticos y ovaciones, entre los que se escuchó “¡Viva el Papa!”.

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