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Un sacerdote español advirtió recientemente del “demoniaco” proceso de la “New Age” o “Nueva Era”, una corriente de esoterismo moderno que cada vez gana más adeptos, y sobre la cual diversos exorcistas han advertido por sus vínculos sobre el demonio.

A través de Twitter, el P. Francisco Javier “Patxi” Bronchalo, sacerdote de la Diócesis española de Getafe, indicó que el primer paso de “cómo funciona la New Age” es que “separa a Dios de la Iglesia: ‘Puedes creer sin ir’”.

Luego, dijo, “separa a Dios de Cristo: ‘Jesús es un hombre más’”.

El tercer paso, indicó el P. Bronchalo, es que la New Age “separa a Dios de la religión: ‘lo importante es ser espiritual’”.

El sacerdote español dijo que el paso final de esta corriente de esoterismo es que “tú eres Dios. Lo que la serpiente prometió a Eva. Demoniaco”.

El P. Bronchalo señaló luego que “tristemente conozco varias personas que han entrado por estos caminos en los que sectas y gurús de turno les hacen creer que uno mismo todo lo pueden, que somos Dios y que no existe el pecado”.

“Estas personas acaban rompiendo sus familias y justificando el daño y el mal que hacen”, lamentó.

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“Quisiera  repetir con vergüenza y claridad: pido perdón humildemente por el mal que tantos cristianos cometieron contra los pueblos indígenas”, expresó el Papa Francisco en su segundo día de viaje apostólico a Canadá, este lunes 25 de julio

A su encuentro con las Primeras Naciones, Métis e Inuit, en Maskwacis, Canadá, el Papa llegó en silla de ruedas, acompañado de la guardia de seguridad, y se dirigió al cementerio indígena “Ermineskin”, donde realizó una oración en silencio.

Al salir fue recibido por los jefes de las tribus y llevado por un largo camino hasta el estrado. El Pontífice se puso de pie y escuchó un canto indígena a base de tambor, que evoca a la tierra y la vida. 

Luego las comunidades pasaron cantando y danzando frente al Papa. Algunos de ellos portaron una banderola roja con los nombres de los niños fallecidos en las escuelas residenciales, que el Santo Padre bendijo y besó en una capilla antes de la ceremonia.

Posteriormente, el líder indígena Wilton Littlechild le dio un discurso de bienvenida, en el que precisó que fue estudiante de la Escuela Residencial Ermineskin. Asimismo, destacó el recibimiento y la escucha que les brindó el Pontífice durante la visita en el Vaticano y le manifestó su deseo de que se logre una verdadera sanación.

En el encuentro con los pueblos indígenas se hizo presente también el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, y autoridades civiles y religiosas.

Frente a todos ellos, el Santo Padre recordó los dos pares de mocasines que les fueron entregados hace unos cuatro meses, cuando los representantes indígenas lo visitaron en el Vaticano, y se refirió a estas prendas como “signo del sufrimiento padecido por los niños indígenas, en particular de  los que lamentablemente no volvieron más a casa”.

“Pero esos mocasines también nos hablan de un camino, de un recorrido que deseamos hacer juntos. Caminar juntos, rezar juntos, trabajar juntos, para que los sufrimientos del  pasado dejen el lugar a un futuro de justicia, de sanación y de reconciliación”, señaló el Papa Francisco. 

En este sentido, exaltó la historia y tradición de las comunidades nativas que honraban la tierra, la familia, los ancianos y los pequeños. Algo que, dijo el Papa, se desaprovechó durante la llegada de los colonos europeos y la implementación de políticas de asimilación que “terminaron por marginar  sistemáticamente a los pueblos indígenas”.

El Santo Padre recordó, además, los abusos físicos, verbales, psicológicos y espirituales a los que fueron sometidos los niños, llevándoselos de sus casas y marcando “de manera indeleble la relación entre padres e hijos, entre abuelos y nietos”.

Luego el Papa prosiguió a explicar que el primer paso de su peregrinación era el renovar su pedido de perdón por los errores de la Iglesia con los pueblos indígenas.

“Pido perdón por la manera en la que, lamentablemente, muchos cristianos adoptaron la mentalidad colonialista de las potencias que oprimieron a los pueblos indígenas. Estoy dolido”.

“Pido perdón, en particular, por el modo en que muchos miembros de la Iglesia y de las comunidades religiosas cooperaron, también por medio de la indiferencia, en esos  proyectos de destrucción cultural y asimilación forzada de los gobiernos de la época, que finalizaron en el  sistema de las escuelas residenciales”, añadió.

No obstante, reconoció que para muchos las disculpas no son un punto de llegada, sino que “constituyen sólo el primer paso, el punto de partida” de un proceso que requiere “hacer una seria búsqueda de la verdad acerca del pasado y ayudar a los supervivientes de las escuelas residenciales a realizar procesos de sanación de los traumas sufridos”.

Más adelante, el Papa Francisco expresó su deseo de que los cristianos y la sociedad encuentren caminos para acoger, conocer y valorar la identidad y la experiencia de los pueblos indígenas. Asimismo, manifestó su compromiso de seguir animando a los católicos para este fin.

“Sé que  todo esto requiere tiempo y paciencia, se trata de procesos que tienen que entrar en los corazones, y mi presencia aquí y el compromiso de los obispos canadienses son testimonio de la voluntad de avanzar en este camino”. 

Finalmente el Papa resaltó que está en Canadá por los indígenas: “para llorar con ustedes, para mirar la tierra en silencio, para rezar junto a las tumbas”. Además, pidió rezar “al Dios de la vida”, quien hizo del sepulcro “el lugar del renacimiento, de la resurrección, donde comenzó una historia de vida nueva y de reconciliación universal”.

“No bastan nuestros esfuerzos para sanar y reconciliar, es necesaria su gracia, es necesaria la sabiduría afable y fuerte del Espíritu, la ternura del Consolador”, precisó.

Al concluir, los indígenas le colocaron un sombrero de plumas, símbolo de líder y jefe, en medio de aplausos y varios se acercaron a saludarlo. El Papa rezó el Padre Nuestro en inglés y les impartió la bendición.

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En su segundo día en Canadá, el Papa Francisco sostuvo un encuentro con los pueblos indígenas de las Primeras Naciones, métis e inuit, con quienes comenzó la “peregrinación penitencial” para pedir perdón por lo sucedido con los niños nativos en las escuelas residenciales.

A continuación el discurso completo del Santo Padre:

Señora gobernadora general,

señor primer ministro,

queridos pueblos indígenas de Maskwacis y de esta tierra canadiense,

queridos hermanos y hermanas:

Esperaba que llegara este momento para estar entre ustedes. Desde aquí, desde este lugar tristemente evocativo, quisiera comenzar lo que deseo en mi interior: una peregrinación penitencial.

Llego hasta sus tierras nativas para decirles personalmente que estoy dolido, para implorar a Dios el perdón, la sanación y la reconciliación, para manifestarles mi cercanía, para rezar con ustedes y por ustedes.

Recuerdo los encuentros que tuvimos en Roma hace cuatro meses. En ese momento me entregaron en prenda dos pares de mocasines, signo del sufrimiento padecido por los niños indígenas, en particular de los que lamentablemente no volvieron más a casa de las escuelas residenciales. Me pidieron que devolviera los mocasines cuando llegara a Canadá; lo haré al terminar estas palabras, y quisiera inspirarme precisamente en este símbolo que, en los meses pasados, reavivó en mí el dolor, la indignación y la vergüenza. El recuerdo de esos niños provoca aflicción y exhorta a actuar para que todos los niños sean tratados con amor, honor y respeto. Pero esos mocasines también nos hablan de un camino, de un recorrido que deseamos hacer juntos. Caminar juntos, rezar juntos, trabajar juntos, para que los sufrimientos del pasado dejen el lugar a un futuro de justicia, de sanación y de reconciliación.

Este es el motivo por el que la primera etapa de mi peregrinación entre ustedes se lleva a cabo en esta región que ha visto, desde tiempos inmemoriales, la presencia de los pueblos indígenas. Es un territorio que nos habla, que nos permite hacer memoria.

Hacer memoria. Hermanos y hermanas, ustedes han vivido en esta tierra durante miles de años con estilos de vida que respetaban la misma tierra, heredada de las generaciones pasadas y protegida para las futuras. La trataron como un don del Creador para compartir con los demás y amar en armonía con todo lo que existe, en una viva interconexión entre todos los seres vivos. Así aprendieron a nutrir un sentido de familia y de comunidad, y desarrollaron vínculos fuertes entre las generaciones, honrando a los ancianos y cuidando de los pequeños. ¡Cuántas buenas tradiciones y enseñanzas basadas en la atención a los otros y al amor por la verdad, en la valentía y el respeto, en la humildad, en la honestidad y en la sabiduría de vida!

Pero, si estos fueron los primeros pasos dados en estos territorios, la memoria nos lleva tristemente a los sucesivos. El lugar en el que nos encontramos hace resonar en mí un grito de dolor, un clamor sofocado que me acompañó durante estos meses. Pienso en el drama sufrido por tantos de ustedes, por sus familias, por sus comunidades, en lo que ustedes compartieron conmigo sobre los sufrimientos padecidos en las escuelas residenciales. Son traumas que, en cierto modo, reviven cada vez que se recuerdan y soy consciente de que también nuestro encuentro de hoy puede despertar recuerdos y heridas, y que muchos de ustedes podrían sentirse mal mientras hablo. Pero es justo hacer memoria, porque el olvido lleva a la indiferencia y, como se ha dicho, «lo opuesto al amor no es tanto el odio, es la indiferencia… lo opuesto a la vida no es la muerte, es la indiferencia a la vida o a la muerte» (E. Wiesel). Hacer memoria de las devastadoras experiencias que ocurrieron en las escuelas residenciales nos golpea, nos indigna, nos entristece, pero es necesario.

Es necesario recordar cómo las políticas de asimilación y desvinculación, que también incluían el sistema de las escuelas residenciales, fueron nefastas para la gente de estas tierras. Cuando los colonos europeos llegaron aquí por primera vez, hubo una gran oportunidad de desarrollar un encuentro fecundo entre las culturas, las tradiciones y la espiritualidad. Pero en gran parte esto no sucedió. Y me vuelve a la mente lo que ustedes me contaron, de cómo las políticas de asimilación terminaron por marginar sistemáticamente a los pueblos indígenas; de cómo, también por medio del sistema de escuelas residenciales, sus lenguas y culturas fueron denigradas y suprimidas; de cómo los niños sufrieron abusos físicos y verbales, psicológicos y espirituales; de cómo se los llevaron de sus casas cuando eran chiquitos y de cómo esto marcó de manera indeleble la relación entre padres e hijos, entre abuelos y nietos.

Les agradezco por haber hecho que todo esto entrara en mi corazón, por haber expresado el peso que llevaban dentro, por haber compartido conmigo esta memoria sangrante. Hoy estoy aquí, en esta tierra que, junto a una memoria antigua, custodia las cicatrices de heridas todavía abiertas. Me encuentro entre ustedes porque el primer paso de esta peregrinación penitencial es el de renovar mi pedido de perdón y decirles, de todo corazón, que estoy profundamente dolido: pido perdón por la manera en la que, lamentablemente, muchos cristianos adoptaron la mentalidad colonialista de las potencias que oprimieron a los pueblos indígenas. Estoy dolido. Pido perdón, en particular, por el modo en el que muchos miembros de la Iglesia y de las comunidades religiosas cooperaron, también por medio de la indiferencia, en esos proyectos de destrucción cultural y asimilación forzada de los gobiernos de la época, que finalizaron en el sistema de las escuelas residenciales.

Aunque la caridad cristiana haya estado presente y existan no pocos casos ejemplares de entrega por los niños, las consecuencias globales de las políticas ligadas a las escuelas residenciales han sido catastróficas. Lo que la fe cristiana nos dice es que fue un error devastador, incompatible con el Evangelio de Jesucristo. Duele saber que ese terreno compacto de valores, lengua y cultura, que confirió a sus pueblos un genuino sentido de identidad, ha sido erosionado, y que ustedes siguen pagando los efectos. Frente a este mal que indigna, la Iglesia se arrodilla ante Dios y le implora perdón por los pecados de sus hijos (cf. S. Juan Pablo II, Bula Incarnationis mysterium [29 noviembre 1998], 11: AAS 91 [1999], 140). Quisiera repetir con vergüenza y claridad: pido perdón humildemente por el mal que tantos cristianos cometieron contra los pueblos indígenas.

Queridos hermanos y hermanas, muchos de ustedes y de sus representantes han afirmado que las disculpas no son un punto de llegada. Concuerdo plenamente. Constituyen sólo el primer paso, el punto de partida. También soy consciente de que «mirando hacia el pasado nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado» y «mirando hacia el futuro nunca será poco todo lo que se haga para generar una cultura capaz de evitar que estas situaciones no sólo no se repitan, sino que no encuentren espacios» (Carta al Pueblo de Dios, 20 agosto 2018). Una parte importante de este proceso es hacer una seria búsqueda de la verdad acerca del pasado y ayudar a los supervivientes de las escuelas residenciales a realizar procesos de sanación de los traumas sufridos.

Rezo y espero que los cristianos y la sociedad de esta tierra crezcan en la capacidad de acoger y respetar la identidad y la experiencia de los pueblos indígenas. Espero que se encuentren caminos concretos para conocerlos y valorarlos, aprendiendo a caminar todos juntos. Por mi parte, seguiré animando el compromiso de todos los católicos respecto a los pueblos indígenas. Lo hice en más ocasiones y en varios lugares, a través de encuentros y llamamientos, y también por medio de una exhortación apostólica. Sé que todo esto requiere tiempo y paciencia, se trata de procesos que tienen que entrar en los corazones, y mi presencia aquí y el compromiso de los obispos canadienses son testimonio de la voluntad de avanzar en este camino.

Queridos amigos, esta peregrinación se extiende durante algunos días y llegará a lugares distantes entre sí, sin embargo, no me permitirá responder a muchas invitaciones y visitar centros como Kamloops, Winnipeg, varios lugares en Saskatchewan, en Yukón y en los Territorios del Noroeste. Aunque eso no sea posible, sepan que están todos en mi recuerdo y en mi oración. Sepan que conozco el sufrimiento, los traumas y los desafíos de los pueblos indígenas en todas las regiones de este país. Las palabras que pronunciaré a lo largo de este camino penitencial están dirigidas a todas las comunidades y a los indígenas, que abrazo de corazón.

En esta primera etapa quise hacer espacio a la memoria. Hoy estoy aquí para recordar el pasado, para llorar con ustedes, para mirar la tierra en silencio, para rezar junto a las tumbas. Dejemos que el silencio nos ayude a todos a interiorizar el dolor. Silencio y oración. Ante el mal recemos al Señor del bien; ante la muerte recemos al Dios de la vida. Nuestro Señor Jesucristo hizo de un sepulcro —la última estación de la esperanza ante la cual se habían desvanecido todos los sueños y solo quedaban el llanto, el dolor y la resignación— el lugar del renacimiento, de la resurrección, donde comenzó una historia de vida nueva y de reconciliación universal. No bastan nuestros esfuerzos para sanar y reconciliar, es necesaria su gracia, es necesaria la sabiduría afable y fuerte del Espíritu, la ternura del Consolador. Que Él colme las esperanzas de los corazones. Que Él nos tome de la mano. Que Él nos haga caminar juntos.

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Organizadores del próximo “Tiempo de la creación”, que se llevará a cabo del 1 de septiembre al 4 de octubre de 2022, se reunieron en Roma para realizar un retiro espiritual y volver a “poner a Dios al centro de todo lo que hacen”.

El pasado 21 de julio la Oficina de Prensa de la Santa Sede presentó el mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de Oración por el cuidado de la creación 2022 con el tema “Escucha la voz de la creación”.

En su mensaje, el Papa invitó a sumarse a la iniciativa ecuménica del “Tiempo de la Creación” de este año que comienza el 1 de septiembre con la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación y termina el 4 de octubre con la fiesta de San Francisco.

“Es un momento especial para que todos los cristianos recemos y cuidemos juntos nuestra casa común. Inspirado originalmente por el Patriarcado ecuménico de Constantinopla, este tiempo es una oportunidad para cultivar nuestra ‘conversión ecológica’, una conversión alentada por San Juan Pablo II como respuesta a la ‘catástrofe ecológica’ anunciada por San Pablo VI ya en 1970”, escribió el Papa Francisco.

Por su parte, el fundador y director ejecutivo del Movimiento Laudato Si’, Tomas Insua, señaló a ACI Prensa que “el Tiempo de la Creación es una oportunidad para responder al llamado que la Iglesia nos ha realizado desde hace mucho tiempo para cuidar la creación y celebrar a Dios como creador”.

Asimismo, en declaraciones a ACI Prensa, Tomas Insua describió que se encuentran en Roma “en un retiro espiritual con líderes del movimiento Laudato Si’ en distintos continentes preparándonos para el tiempo de la creación y el servicio que realizamos”.

En esta línea, Insua aseguró que su servicio está “muy anclado en nuestra fe cristiana y poniendo a Dios en el centro de todo lo que hacemos” y recalcó “la importancia de la espiritualidad en esta tarea, del cuidado de la creación, de no verlo como una tarea ‘secular’, ‘verde’… sino que el cuidado de la creación está firmemente anclado en nuestra fe cristiana, que es algo que tantos santos a lo largo de la iglesia han vivido y han expresado su amor por la creación de Dios en distintos escritos y también con su testimonio”.

De este modo, Tomas Insua afirmó que buscan responder a la “invitación del magisterio de la Iglesia que hace décadas habla del tema” y “ponemos en manos de Dios el camino por delante”.

Sobre el “Tiempo de la Creación” Insua destacó a ACI Prensa “la belleza que tiene para nosotros como bautizados el celebrar a Dios Padre como Creador, la primera persona de la Santísima Trinidad, Dios como creador”.

Por ello, invitó a “celebrar este tiempo especial como una oportunidad de profundizar en la creación de Dios como un maravilloso don, como un regalo que nos hace Dios y debe ser cuidado”.

Luego, Tomas Insua recordó que “San Basilio Magno y Santo Tomás de Aquino hablaron de la naturaleza como una obra de arte que nos dio Dios” y añadió que en esta línea “entendemos, que destruir la naturaleza es un insulto al Gran Artista, con mayúscula, en este sentido el tiempo de la creación es una maravillosa oportunidad en este camino de bautizados para vivir nuestra responsabilidad hacia la creación”.

Además, el director del Movimiento Laudato si subrayó a ACI Prensa la relevancia de que “el tiempo de la creación concluye con la fiesta de San Francisco e invita a tomar como modelo a seguir” y recordó que “en 1979 San Juan Pablo II declaró a San Francisco como el patrono de la ecología” así como también el Papa Francisco ha enfatizado que el Santo de Asís “es el modelo a seguir para el cuidado de la creación”.

Finalmente, Insua advirtió que “el cuidado de la creación es una oportunidad pastoral para la Iglesia, sobre todo para los jóvenes, que es un tema que interesa mucho a la juventud”.

La celebración del “Tiempo de la Creación” empezó en 1989 cuando el Patriarca Ecuménico Dimitrios proclamó el 1 de septiembre como Jornada de Oración por la Creación para los Cristianos Ortodoxos, y concluye el 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís, patrono de la ecología.

Desde 2003, cristianos de diferentes confesiones se unen para rezar por la creación.

Para más información sobre el “Tiempo de la Creación” haga click AQUÍ.

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El Papa Francisco ha recibido un casco de guerra del periodista español David Beriain, fallecido en abril de 2021 a los 43 años en el curso de una investigación sobre la caza furtiva en Burkina Faso. 

Durante el vuelo con destino a Canadá, este 24 de julio, la periodista de la Agencia EFE Cristina Cabrejas ha entregado al Santo Padre el casco que el reportero solía utilizar en sus reportajes, siempre cercanos al peligro. 

Se da la circunstancia de que David Beriain había fundado una productora audiovisual en el año 2012 llamada “93 metros”. El nombre tiene un profundo sentido, que también puedo explicar la periodista Cabrejas al Papa Francisco. 

Esos 9.300 centímetros comprenden la distancia exacta entre la casa de su abuela y el banco de la iglesia a la que ella acudía con frecuencia a rezar y a recibir los sacramentos en su pueblo

Beriain, que estudió en la Universidad de Navarra y desde muy joven se vio atraído por el reporterismo de guerra, murió por no dejar abandonado a uno de sus compañeros, que había resultado herido en un tiroteo. 

Los terroristas del Frente de Apoyo para el Islam y los Musulmanes (JNIM) les sorprendieron en el parque nacional de Arli de Burkina Faso el 26 de abril de 2021. Tanto Beriain como el conservacionista irlandés Rory Young, perdieron la vida al permanecer junto al cámara Roberto Fraile. 

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Según Eusebio de Cesarea, cuando habla sobre los mártires de Palestina, narra que a los inicios del cristianismo el gobernador Firmiliano mandó torturar a un gran grupo de cristianos egipcios que habían sido deportados a Palestina.

A ellos se les unieron algunos cristianos de la zona y un grupo procedente de Gaza, que fueron capturados mientras celebraban la liturgia.

“Una cristiana, mujer según el cuerpo, pero viril por su valentía y coraje, se encaró con el tirano por lo que fue flagelada, sometida al tormento del potro y le rompieron las costillas”, cuenta Eusebio. A aquella se le atribuyó el nombre de Ennata, o Thea, según algunas versiones.

Mientras Thea era torturada, otra mujer, llamada Valentina (la valiente), no soportó el atroz espectáculo y se adelantó hasta el gobernador para gritarle: “¿Por qué tratas con tanta crueldad a esta mi hermana? ¿Me quieres torturar a mí igual que a esta joven?”

De inmediato la empujaron hasta el altar para forzarla a ofrecer sacrificios a los dioses paganos, pero como pateó el brasero, entonces la arrojaron y la quemaron con las brasas que se esparcieron en el suelo.

Posteriormente ambas fueron torturadas y quemadas vivas. Se dice que Thea provenía de Gaza, pero que Valentina era de Cesarea y una mujer muy conocida.

Era el 25 de julio del 308 de nuestra era.

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Cada 25 de julio la Iglesia celebra la Fiesta de Santiago el Mayor -también conocido como Santiago, el de Zebedeo- uno de los doce apóstoles elegidos por Cristo. Son varios los textos del Nuevo Testamento que lo mencionan, y se le suele denominar “el mayor” para diferenciarlo de otro del grupo de los apóstoles, Santiago el Menor.

El apóstol Santiago ocupa un lugar especial en la historia de la Iglesia primitiva gracias a su empuje evangelizador y carácter valeroso. Fue él quien llevó la Palabra de Dios a tierras completamente alejadas de su natal Galilea, como la península ibérica. Precisamente por su presencia allí, sembrando la fe, Santiago es reconocido como Patrono de España.

El “hijo del trueno” -apelativo con el que lo llamaba Jesús, igual que a Juan, su hermano, en alusión al padre de ambos-, además de ser patrono de España y su caballería, lo es de curtidores, veterinarios y equitadores.

Cerca de Jesús

Santiago nació en Betsaida, Galilea, hacia el año 5 a.C. Fue uno de los primeros convocados por Jesús, quien se le acercó cuando estaba pescando en el lago de Genesaret junto a su hermano, Juan (Mc 1, 19).

De acuerdo también a los Evangelios, Santiago fue testigo, junto a Juan y Pedro, de algunos de los momentos más intensos de la vida de Jesús, evidenciando su cercanía con él. Algunos de esos momentos son, por ejemplo, la transfiguración del Señor en el Monte Tabor, la pesca milagrosa y la oración de Jesús en Getsemaní en la víspera de su Pasión.

¡Santiago, ayúdanos!

Su nombre proviene de la unión de las voces “Sant” y “Iacob” (“Iacob” es el término hebreo para “Jacob”), las cuales quedaron vinculadas desde los albores de la España cristiana, cuyos guerreros se lanzaban a la batalla al grito de "¡Sant Iacob, ayúdanos!". La rapidez en la pronunciación del nombre produjo la voz amalgamada “Santiago”: ¡Santiago, ayúdanos!

Así también quedó su nombre asociado a la tradición bélica, al punto que parte de la iconografía lo representa como un soldado montado en un caballo, blandiendo una lanza, en actitud de lucha.

En otra tradición iconográfica el apóstol aparece más bien como peregrino, vestido con una túnica sencilla, cubierto de una capa y sosteniendo un cayado o vara. Es el Santiago que se marcha hacia los rincones más apartados llevando a Cristo a los corazones hambrientos de Él.

Así, el arte a lo largo de la historia ha intentado representar, de manera simbólica, aspectos resaltantes de la personalidad del discípulo de Cristo; eso que muy bien expresó San Juan Crisóstomo cuando dijo: “Fue el apóstol más atrevido y valiente”.

Por España a América

El universo hispánico estará siempre asociado desde las raíces a Santiago. Las huellas que dejó sobre el sendero de la historia y la cultura son constituyentes del alma de los pueblos hispanohablantes.

Si bien el arribo del apóstol a la antigua Hispania (España) respondía al anhelo de anunciar el Evangelio a todas las gentes, dicho anuncio pasó a formar parte de la matriz constituyente de la identidad española.

Uno de los símbolos de ese aporte identitario es evidentemente la catedral de Santiago de Compostela, considerada el principal santuario dedicado al apóstol, donde reposan sus restos. Hoy, como en el medioevo, miles de personas peregrinan a Compostela cada año, deseosas de recorrer la ruta del Patrono de España -“el camino de Santiago”-.

Así lo han hecho santos, mártires y misioneros, muchos de ellos enviados a América. El Nuevo Continente, por eso, abunda en expresiones de devoción al santo.

Una muy importante, pero a veces olvidada, tiene que ver con la fundación de varias ciudades de América por parte de los españoles. Ellos en su afán fundacional, muy característico del s. XVI, dedicaron muchos lugares al santo e incluso bautizaron ciudades importantes con su nombre. Es el caso, por ejemplo, de Santiago en Chile, Santiago en República Dominicana, o Santiago de Cuba en Cuba.

Santiago de Compostela y una nota breve sobre la Virgen

El 9 de noviembre de 1982, San Juan Pablo II visitó la catedral de Santiago de Compostela e hizo un llamado a toda Europa a reavivar “aquellos valores auténticos” que la constituyeron, “porque los otros continentes te miran y esperan también de ti la misma respuesta que Santiago dio a Cristo: ‘lo puedo’”.

“Yo, Sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una Sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del cristianismo en todo el mundo. Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces”, añadió en aquella ocasión el santo polaco.

El apóstol Santiago es conocido también por haber preparado el camino para que la Virgen María sea reconocida como "Pilar" de la Iglesia y de la hispanidad extendidas por el globo.

Si quieres leer más sobre este santo, te recomendamos el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Santiago_el_Mayor.

Para conocer más sobre este apóstol del Señor ingrese a los siguiente enlaces:

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