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2 de febrero de 2023 / 3:20 a. m.

El Tribunal Constitucional (TC) de España aborda el próximo 7 de febrero el recurso de inconstitucionalidad contra la Ley del Aborto aprobada en 2010. Desde entonces se considera este procedimiento homicida como un derecho. 

Estos son los datos esenciales para comprender la polémica que se ha suscitado.

1. Recurso presentado en 2010 por el Partido Popular

En el mes de junio de 2010, el Partido Popular (PP), entonces único en la oposición al socialista José Luis Rodríguez Zapatero, presentó un recurso ante el TC contra la ley que suponía el aborto libre a petición durante las primeras 14 semanas de vida prenatal. 

Más de 70 diputados del PP firmaron la iniciativa. El TC lo admitió a trámite y le dio “carácter prioritario” para su resolución. Pese a ello, la ley entró en vigor el 5 de julio de 2010. 

2. El Partido Popular incumple su promesa

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En noviembre de 2011, el PP alcanzó la mayoría absoluta más importante de la democracia. En lo que se refiere al aborto, concurrió a las elecciones con esta promesa en su programa electoral (pág. 108): “Cambiaremos el modelo de la actual regulación sobre el aborto para reforzar la protección del derecho a la vida, así como de las menores”. 

Sin embargo, a lo largo de la legislatura, no se cumplió, pese a que el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón se comprometió a ello en su primera comparecencia pública. Durante meses se especuló con el contenido de esa reforma. 

En septiembre de 2014 el presidente Mariano Rajoy anunció que el cambio de modelo prometido se quedaba en una mínima modificación para que los padres de menores de 16 y 17 años que abortaran tuvieran conocimiento de ello. En consecuencia, Ruiz Gallardón presentó su dimisión.

De cara a las siguientes elecciones, Mariano Rajoy hizo una “limpia” de diputados marcadamente provida y profamilia en las listas electorales. Algunos de ellos militan hoy en VOX. 

3. Seis presidentes del TC

Entre tanto, han pasado por la Presidencia del TC seis Magistrados propuestos por los partidos políticos. Ninguno de ellos, pese a estar calificada como de “carácter prioritario” ha abordado la cuestión, hasta ahora, 12 años después. 

(El artículo continúa después)

Uno de ellos explicó en una entrevista en El País que si bien tenía intención de llevarlo al Pleno, decidió no hacerlo puesto que el partido que había presentado el recurso estaba en el Gobierno con mayoría absoluta con una promesa electoral en ese sentido. 

4. Falta de imparcialidad

El actual presidente del TC, Cándido Conde-Pumpido ha fijado la fecha del 7 de febrero para que el recurso sea debatido en el Pleno. Y no han sido pocas las voces que señalan la falta de imparcialidad de cuatro miembros del Tribunal Constitucional, incluido el presidente.

Todos ellos estuvieron involucrados en la aprobación de la ley en cuestión de diferentes modos, por lo que estarían afectados por las normas establecidas al efecto.

El profesor Borja Sánchez, de la Facultad de Ciencias Jurídicas Económicas y Sociales de la Universidad Católica de Valencia (UCV) explica las particularidades del caso. 

En declaraciones a ACI Prensa señala que pese a que el TC es una instancia ajena al Ordenamiento Jurídico, es la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ) la que se le aplica para regular algunos aspectos como la abstención o recusación de los magistrados. 

5. Posibles causas de recusación

El profesor Sánchez detalla que la imparcialidad de los miembros del TC “debe ser tanto subjetiva como objetiva para garantizar que no se acerca al asunto con prevenciones o prejuicios adquiridos”. Esto incluye no solo aspectos formales, sino “que lo parezca objetivamente de cara al exterior”.

De esta manera, “basta que existan razones legítimas y objetivas para dudar de la imparcialidad de un juez o magistrado para que esté no pueda decidir un asunto”, explica. 

En el caso del Tribunal Constitucional, “el principio de imparcialidad tiene alguna matización por la especial naturaleza del órgano y su posición dentro del sistema”. En efecto, sus miembros son propuestos por mayorías políticas cualificadas del Congreso y el Senado, por el Gobierno y por los integrantes del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), también elegidos en parte por los grupos políticos y el Gobierno.

Entre otras causas de recusación o abstención, la ley establece la de “haber ocupado cargo público, desempeñado empleo o ejercido profesión con ocasión de los cuales haya participado directa o indirectamente en el asunto objeto del pleito o causa o en otro relacionado con el mismo”. 

El especialista de la UCV concluye que “esta causa de abstención y recusación concurre claramente en varios de los magistrados del Tribunal Constitucional”. 

El presidente Conde-Pumpido participó como Fiscal General del Estado en la reunión en la que se aprobó el informe de la Fiscalía sobre la Ley en cuestión. 

Las magistradas del TC Concepción Espejel e Inmaculada Montalbán formaban parte del CGPJ y firmaron el preceptivo informe sobre el anteproyecto de la ley del aborto de 2010. 

Ambos documentos contemplaban que la norma no se ajustara a la Constitución Española.

El cuarto miembro del TC incurso en incompatibilidad es Juan Carlos Campo, que ejercía como secretario de Estado de Justicia (número 2 del Ministerio). 

Como tal “tuvo que participar en la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios, que examina los asuntos sometidos a consideración del Consejo de Ministros”, explica el profesor Sánchez.

A su juicio, resulta “meridianamente claro que dichos magistrados tienen el deber de abstenerse de participar en la decisión del recurso” por los motivos expuestos, de acuerdo a la Ley Orgánica del Poder Judicial. 

6. Falta de quórum para deliberar

Por el momento, solo la magistrada Espejel ha anunciado que se abstendrá, atendiendo a la causa de recusación por falta de imparcialidad explicada. Sin embargo, los otros tres, ubicados en la izquierda del espectro ideológico, no van a seguir el mismo camino. 

Y lo van a hacer apelando a que, con estas recusaciones, no habría el quórum suficiente para abordar el recurso. Esto sucede porque en la actualidad el TC solo tiene 11 de sus 12 miembros tras una renuncia por motivos de salud. 

De acuerdo a la ley, el Pleno sólo puede adoptar acuerdos si están presentes “al menos, dos tercios de los miembros que en cada momento lo compongan”, explica el experto. En este caso, al menos 8.

Si por causa de falta de imparcialidad se excluye a 4 de los 11 miembros del TC, no sería posible tomar ninguna decisión sobre la Ley de aborto aprobada en 2010.

Según publica OK Diario, la ponencia que se pretende debatir el próximo día 7 propone declarar en parte la inconstitucionalidad de la norma. Lo haría en lo concerniente a la información previa que debe recibir la madre y sobre la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios.

A juicio del profesor Borja Sánchez, la imparcialidad tanto real como aparente en este caso “debería cuidarse especialmente vistas las singularísimas y muy criticables circunstancias que rodean esta decisión”. 

“En especial, tras la escandalosa y absolutamente injustificada dilación de su resolución y la no menos llamativa rapidez con que se ha señalado fecha para la resolución del recurso, justo cuando acababan de cambiar las mayorías”, detalla el experto. 

Por último, la concurrencia de tantas causas de abstención y recusación en los miembros del TC que se suceden en estos y otros asuntos y que era “muy inusual hasta ahora” es, al entender del profesor, “un indicador más de la creciente politización de los miembros escogidos para formar parte del Tribunal”. 

Más allá de cómo se resuelva la posible recusación en este caso de algunos magistrados del Tribunal Constitucional, es claro que ya se han producido consecuencias irreparables: más de un millón de personas abortadas entre 2011 y 2021 según las cifras oficiales.

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2 de febrero de 2023 / 12:26 a. m.

Hoy, 2 de febrero, celebramos “la Fiesta de la Virgen de la Candelaria”, coincidiendo con la celebración de “la Presentación del Señor” y “la Purificación ritual de la Virgen María”. Esta fiesta tiene una larga historia durante la cual fue tomando la forma y el carácter que hoy posee.

A mediados del siglo V ya se celebraba la “Fiesta de las luces” en la que los fieles devotos de la Virgen salían en procesión con velas encendidas en las manos. Hay quienes señalan que dicha costumbre comenzó en Oriente con el nombre de “Encuentro” y luego se extendió a Occidente durante el siglo VI, llegando incluso a celebrarse en la ciudad de Roma, con marcado carácter penitencial.

Aunque el origen de esta festividad no está del todo determinado, se sabe que para el siglo X las procesiones con velas realizadas en honor a la Virgen eran muy populares y en algunos lugares se celebraban con mucha solemnidad.

La advocación

La advocación mariana de la Virgen de la Candelaria o Nuestra Señora de la Candelaria tuvo su origen en Tenerife (España). Según la tradición, la Virgen se apareció en 1392 a dos aborígenes de las islas canarias -los denominados “guanches”- mientras pastoreaban su rebaño. Ellos, al llegar a la boca de un barranco, vieron que el ganado no avanzaba.

Entonces uno de los dos avanzó para ver lo que pasaba y vio que sobre una parte alta del terreno había una imagen de madera, más o menos de 60 cm de altura. Acercándose vio que se trataba de la imagen de una mujer que portaba una vela en la mano izquierda y cargaba a un niño con el brazo derecho. El pequeño, por su parte, llevaba en sus manos un pajarito de oro. Se trataba sin dudas de una imagen de la Virgen María con el niño Jesús en brazos.

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La Virgen de la Candelaria es la patrona de Canarias, y se le venera en la Basílica de Nuestra Señora de la Candelaria en Tenerife.

Argentina

Hay que mencionar que si bien es cierto la devoción a la Virgen de la Candelaria empezó en Canarias (España), esta se extendió y llegó a América. Por ejemplo, su fiesta se celebra en diversos lugares, como es el caso de la localidad de Candelaria, Misiones (Argentina), bajo la inspiración de las antiguas reducciones jesuíticas. Hoy se organizan procesiones y serenatas en honor a la Madre de Dios.

Asimismo, en la ciudad de Humahuaca, Jujuy, se realiza la tradicional danza de los toritos y fuegos artificiales. Mientras que en la provincia de Tucumán, en la localidad de Villa de Leales, esta festividad congrega multitudes. En “Guaraní”, provincia de Buenos Aires, la Virgen de la Candelaria es la patrona de la ciudad.

Bolivia

En Copacabana, La Paz (Bolivia) de 1583, la imagen que se venera de la Virgen de la Candelaria fue hecha por el famoso artista Francisco “Tito Yupanqui” y se conserva en la Iglesia de Copacabana, el segundo templo más antiguo de Hispanoamérica. En ese país la Virgen de la Candelaria es patrona de Aiquile (Cochabamba), Rurrenabaque (Beni), Samaipata (Santa Cruz), Azurduy (Chuquisaca) y de la comunidad de La Angostura en Tarija.

(El artículo continúa después)

Chile

En la Iglesia de San Antonio en la isla Mancera en Valdivia (Chile), se le rinde culto a la Virgen de la Candelaria desde 1645, según consta en los registros de la época. Hoy son los sectores mineros del norte del país quienes alientan y promueven la devoción.

En la ciudad chilena de Copiapó existe un santuario dedicado a la Candelaria, y en Mincha, comuna de Canela, la Iglesia de la Candelaria es monumento histórico nacional desde 1980.

Colombia

La ciudad de Medellín en Colombia fue erigida en sus orígenes como “Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín” y por ello la Virgen aparece en el escudo de la ciudad.

De igual manera, la primera Catedral de la actual Arquidiócesis de Medellín fue la Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria. Otras ciudades colombianas también la tienen como patrona.

Perú

En Puno, al sur de Perú, la Fiesta de la Candelaria es una de las más importantes de la región. Allí la imagen de la Virgen de la Candelaria es sacada en procesión por las calles de la ciudad, acompañada de danzas y música tradicional.

En noviembre del 2014, la UNESCO declaró la Festividad de la Virgen de la Candelaria de Puno como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Muchos otros países también festejan a la Virgen de la Candelaria, como es el caso de Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela.

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1 de febrero de 2023 / 11:50 a. m.

El Papa Francisco se reunió este miércoles con un grupo de víctimas de la violencia “inhumana” en el este de la República Democrática del Congo (África), a quienes dijo les lleva “la caricia de Dios” que los ama.

Testimonios de víctimas

En el encuentro realizado en la Nunciatura Apostólica en Kinshasa, se proyectó un video en el que se mostró brevemente la grave situación que sufre el país a causa de la violencia de los grupos armados.

Luego del video, algunos representantes de las distintas delegaciones compartieron sus testimonios. Entre ellos un joven narró cómo fue testigo del asesinato y decapitación de su padre, mientras que un niño de 13 años narró como su familia fue asesinada con un cuchillo.

En la segunda delegación, de la localidad de Goma, una joven leyó el testimonio en representación de otra que fue secuestrada por hombres armados que la violaban varias veces al día durante 19 meses, y tras lo cual dio a luz a gemelas.

“La Iglesia es el único refugio que consuela nuestros corazones”, dijo la mujer. “Que la cruz de Cristo me perdone a mí y a mis violadores”, agregó.

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Un representante de la delegación de la localidad de Bunia contó después que sobrevivió a un ataque en febrero de 2022 en el que hombres armados asesinaron a 63 personas, de las cuales 24 eran mujeres y 17 eran niños.

Una joven de la delegación de Bukavu y Uvira compartió luego lo que sufrió como esclava sexual de hombres armados cuando tenía 16 años, quienes capturaron a muchas personas en su aldea, a quienes obligaban a comer carne humana, sino eran asesinados también.

El Papa Francisco saludó, bendijo y obsequió un rosario a cada uno de las personas que dio su testimonio, antes de dirigir un discurso a los presentes.

La palabra del Papa Francisco a las víctimas

El Santo Padre agradeció el valor de quienes compartieron sus testimonios y dijo que “ante la violencia inhumana que han visto con sus ojos y experimentado en su propia carne, nos quedamos impresionados. Y no hay palabras; solo llorar, permaneciendo en silencio”.

“Bunia, Beni-Butembo, Goma, Masisi, Rutshuru, Bukavu, Uvira, lugares que los medios de comunicación internacionales no mencionan casi nunca; aquí y en otros sitios, muchos de nuestros hermanos y hermanas, hijos de la misma humanidad, son tomados como rehenes por la arbitrariedad del más fuerte, por el que posee las armas más potentes, armas que siguen circulando”, lamentó el Santo Padre.

(El artículo continúa después)

“A cada familia en luto o desplazada a causa de poblaciones incendiadas y otros crímenes de guerra, a los sobrevivientes de agresiones sexuales, a cada niño y adulto herido, les digo: estoy con ustedes, quisiera traerles la caricia de Dios. Su mirada tierna y compasiva se posa sobre ustedes”.

El Papa destacó que los enfrentamientos “son luchas en las que se entrecruzan dinámicas étnicas, territoriales y de grupos; conflictos que tienen que ver con la propiedad de la tierra; con la ausencia o la debilidad de las instituciones; con odios en los que se introduce la blasfemia de la violencia en nombre de un dios falso”.

“Pero, sobre todo, es la guerra desatada por una insaciable avidez de materias primas y de dinero, que alimenta una economía armada, la cual exige inestabilidad y corrupción. Qué escándalo y qué hipocresía: la gente es agredida y asesinada, mientras los negocios que causan violencia y muerte siguen prosperando”, dijo el Papa Francisco.

“¡Basta! ¡Basta de enriquecerse a costa de los más débiles, basta de enriquecerse con recursos y dinero manchado de sangre!”, exhortó el Santo Padre dirigiéndose a “todas las personas, a todas las entidades, internas y externas, que manejan los hilos de la guerra en la República Democrática del Congo, depredándola, flagelándola y desestabilizándola”.

Dos “no” y dos “sí” para la paz

El Papa dijo luego que ante la grave situación del país africano, propone dos “no” y dos “sí”.

“En primer lugar, no a la violencia, siempre y en cualquier caso, sin condiciones y sin ‘peros’. Amar a la propia gente no significa alimentar el odio hacia los demás. Al contrario, querer al propio país supone negarse a ceder ante los que incitan al uso de la fuerza”.

“El odio solo genera más odio y la violencia, más violencia. Un ‘no’ claro y fuerte también debe decirse a quienes propagan esto en nombre de Dios”, dijo el Papa Francisco.

“También hay que decir un segundo ‘no’: no a la resignación. La paz requiere combatir el desaliento, el malestar y la desconfianza, que llevan a creer que es mejor recelar de todos, vivir separados y distantes, en vez de darse la mano y caminar juntos”, resaltó el Pontífice.

“En nombre de Dios, reitero la invitación para que cuantos viven en la República Democrática del Congo no bajen los brazos, sino que se esfuercen por construir un mundo mejor”.

“Y he aquí finalmente los dos ‘sí’ para la paz. Ante todo, sí a la reconciliación. Amigos, es maravilloso lo que están por hacer. Quieren comprometerse y perdonarse mutuamente, y repudiar las guerras y los conflictos para resolver las distancias y las diferencias”, continuó el Santo Padre.

“Esta es la profecía cristiana: responder al mal con el bien, al odio con el amor, a la división con la reconciliación”, destacó.

El segundo “sí”, dijo luego el Pontífice, es el sí a la esperanza.

“Esta esperanza tiene una fuente y esta fuente tiene un nombre, que quiero proclamar aquí con ustedes: ¡Jesús! Jesús: con Él, el mal ya no tiene la última palabra sobre la vida; con Él, que ha hecho de un sepulcro —final del trayecto humano—, el inicio de una historia nueva, siempre se abren nuevas posibilidades”, subrayó el Papa Francisco.

Para concluir, el Papa dijo que reza para que “la mujer, toda mujer, sea respetada, protegida y valorada. Agredir a una mujer y a una madre es hacérselo a Dios mismo, que tomó de una mujer la condición humana, de una madre”.

Luego de las palabras del Santo Padre, los asistentes al encuentro rezaron de pie ante la cruz que estaba junto al Papa, a los pies de la cual colocaron algunos símbolos de la violencia que sufrieron.

Finalmente cantaron en suajili a la Virgen María, invocada como Madre de la paz.

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1 de febrero de 2023 / 11:14 a. m.

A continuación, el discurso completo del Papa Francisco durante el encuentro con las víctimas de la parte oriental de la República Democrática del Congo y con representantes de algunas organizaciones caritativas en la Nunciatura Apostólica, ubicada en Kinshasa.

Queridos hermanos y hermanas:

Gracias. Gracias por estos testimonios. Ante la violencia inhumana que han visto con sus ojos y experimentado en su propia carne, nos quedamos impresionados. Y no hay palabras; sólo llorar, permaneciendo en silencio.

Bunia, Beni-Butembo, Goma, Masisi, Rutshuru, Bukavu, Uvira, lugares que los medios de comunicación internacionales no mencionan casi nunca; aquí y en otros sitios, muchos de nuestros hermanos y hermanas, hijos de la misma humanidad, son tomados como rehenes por la arbitrariedad del más fuerte, por el que posee las armas más potentes, armas que siguen circulando. Mi corazón está hoy en el oriente de este inmenso país, que no tendrá paz hasta que la paz no haya llegado allí, a la zona oriental.

Queridos habitantes del este, quiero decirles que estoy cerca de ustedes. Sus lágrimas son mis lágrimas, su dolor es mi dolor. A cada familia en luto o desplazada a causa de poblaciones incendiadas y otros crímenes de guerra, a los sobrevivientes de agresiones sexuales, a cada niño y adulto herido, les digo: estoy con ustedes, quisiera traerles la caricia de Dios. Su mirada tierna y compasiva se posa sobre ustedes.

Mientras los violentos los tratan como objetos, el Padre que está en los cielos mira su dignidad y le dice a cada uno: «Tú eres de gran precio a mis ojos, porque eres valioso, y yo te amo» (Is 43,4). Hermanos y hermanas, la Iglesia está y estará siempre de vuestra parte. Dios los ama y no se ha olvidado de ustedes, ¡pero que también los hombres se acuerden de ustedes!

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En su nombre, junto a las víctimas y a quienes se comprometen por la paz, la justicia y la fraternidad, condeno la violencia armada, las masacres, los abusos, la destrucción y la ocupación de las aldeas, el saqueo de campos y ganado, que se siguen perpetrando en la República Democrática del Congo. Y también la explotación sangrienta e ilegal de la riqueza de este país, así como los intentos por fragmentarlo para poderlo controlar.

Causa vergüenza e indigna saber que la inseguridad, la violencia y la guerra que golpean trágicamente a tanta gente, son alimentadas no sólo por fuerzas externas, sino también internas, por intereses y para obtener ventajas. Me dirijo al Padre que está en los cielos, que quiere que todos en la tierra seamos hermanos y hermanas. Inclino la cabeza humildemente y, con dolor en el corazón, le pido perdón por la violencia del hombre contra el hombre.

Padre, ten piedad de nosotros. Consuela a las víctimas y a los que sufren. Convierte los corazones de los que cometen crueles atrocidades, que deshonran a toda la humanidad. Y abre los ojos de aquellos que los cierran o miran para otro lado ante estas abominaciones.

Se trata de conflictos que obligan a millones de personas a dejar sus casas, que provocan gravísimas violaciones de los derechos humanos, que desintegran el tejido socio-económico, que causan heridas difíciles de sanar.

Son luchas en las que se entrecruzan dinámicas étnicas, territoriales y de grupos; conflictos que tienen que ver con la propiedad de la tierra; con la ausencia o la debilidad de las instituciones; con odios en los que se introduce la blasfemia de la violencia en nombre de un dios falso. Pero, sobre todo, es la guerra desatada por una insaciable avidez de materias primas y de dinero, que alimenta una economía armada, la cual exige inestabilidad y corrupción. Qué escándalo y qué hipocresía: la gente es agredida y asesinada, mientras los negocios que causan violencia y muerte siguen prosperando.

Dirijo un vehemente llamado a todas las personas, a todas las entidades, internas y externas, que manejan los hilos de la guerra en la República Democrática del Congo, depredándola, flagelándola y desestabilizándola. Ustedes se están enriqueciendo por medio de la explotación ilegal de los bienes de este país y el sacrificio cruento de víctimas inocentes.

(El artículo continúa después)

Escuchen el grito de su sangre (cf. Gn 4,10), presten atención a la voz de Dios, que los llama a la conversión y escuchen la voz de su conciencia: hagan callar las armas, pongan fin a la guerra. ¡Basta! ¡Basta de enriquecerse a costa de los más débiles, basta de enriquecerse con recursos y dinero manchado de sangre!

Queridos hermanos y hermanas, y nosotros, ¿qué podemos hacer? ¿Por dónde comenzar? ¿Cómo actuar para promover la paz? Hoy quisiera proponerles comenzar de nuevo con dos “no” y dos “sí”.

En primer lugar, no a la violencia, siempre y en cualquier caso, sin condiciones y sin “peros”. Amar a la propia gente no significa alimentar el odio hacia los demás. Al contrario, querer al propio país supone negarse a ceder ante los que incitan al uso de la fuerza. Es un engaño trágico: el odio y la violencia nunca son aceptables, nunca son justificables, nunca son tolerables, con mayor razón para los cristianos. El odio sólo genera más odio y la violencia, más violencia. Un “no” claro y fuerte también debe decirse a quienes propagan esto en nombre de Dios.

Queridos congoleses, no se dejen seducir por personas o grupos que incitan a la violencia en su nombre. Dios es Dios de la paz y no de la guerra. Predicar el odio es una blasfemia, y el odio siempre corroe el corazón del hombre. El que vive de la violencia, en efecto, nunca vive bien; piensa que salva su vida y, en cambio, es devorado por un torbellino de mal que, llevándolo a combatir a los hermanos y a las hermanas con los que ha crecido y vivido durante años, lo mata por dentro.

Pero para decir verdaderamente “no” a la violencia no es suficiente evitar actos violentos; es necesario extirpar las raíces de la violencia. Pienso en la codicia, en la envidia y, sobre todo, en el rencor. Mientras me inclino con respeto ante el sufrimiento que tantos han padecido, quisiera pedirles a todos que se comporten como nos han sugerido ustedes, testigos valerosos, que tienen la fuerza de desarmar el corazón.

Lo pido a todos en nombre de Jesús, que perdonó a quienes le traspasaron las manos y los pies con los clavos, sujetándolo a una cruz; les ruego que desarmen el corazón. Eso no quiere decir dejar de indignarse frente al mal y no denunciarlo, ¡esto es un deber! Tampoco significa impunidad y condonación de las atrocidades, siguiendo adelante como si nada pasara.

Lo que se nos pide, en nombre de la paz, en nombre del Dios de la paz, es desmilitarizar el corazón, quitarle el veneno, rechazar el odio, aplacar la avaricia, eliminar el resentimiento. Decir “no” a todo eso pareciera que nos hace débiles, pero en realidad nos hace libres, porque nos da paz. Sí, la paz nace de los corazones, de corazones libres de rencor.

También hay que decir un segundo “no”: no a la resignación. La paz requiere combatir el desaliento, el malestar y la desconfianza, que llevan a creer que es mejor recelar de todos, vivir separados y distantes, en vez de darse la mano y caminar juntos. Nuevamente, en nombre de Dios, reitero la invitación para que cuantos viven en la República Democrática del Congo no bajen los brazos, sino que se esfuercen por construir un mundo mejor.

Un futuro de paz no caerá del cielo, pero será posible si se destierra de los corazones el fatalismo resignado y el miedo de involucrarse con los demás. Un futuro diferente llegará, si es para todos y no para algunos, si es en favor de todos y no contra algunos.

Un futuro nuevo llegará, si el otro, sea tutsi o hutu, ya no es más un adversario o un enemigo, sino un hermano y una hermana en cuyo corazón es necesario creer que existe, aun escondido, el mismo deseo de paz. ¡También en el este la paz es posible! ¡Creámoslo! Y trabajemos por ello, sin delegar el cambio.

El futuro no se puede construir quedándose encerrados en los propios intereses particulares, replegados en los propios grupos, etnias y clanes. Un dicho suajili enseña: «jirani ni ndugu» [el vecino es un hermano]; por tanto, hermano, hermana, todos tus vecinos son tus hermanos, sean burundeses, ugandeses o ruandeses. Somos todos hermanos, porque somos hijos del mismo Padre; así nos enseña la fe cristiana, que profesa gran parte de la población.

Entonces, elevemos la mirada al cielo y no permanezcamos prisioneros del temor. El mal que cada uno ha sufrido necesita ser transformado en bien para todos; que el desánimo que paraliza ceda el paso a un ardor renovado, a una lucha indómita por la paz, a valientes propósitos de fraternidad, a la belleza de gritar juntos nunca más: nunca más violencia, nunca más rencor, nunca más resignación.

Y he aquí finalmente los dos “sí” para la paz. Ante todo, sí a la reconciliación. Amigos, es maravilloso lo que están por hacer. Quieren comprometerse y perdonarse mutuamente, y repudiar las guerras y los conflictos para resolver las distancias y las diferencias. Y quieren hacerlo orando juntos, dentro de unos momentos, unidos alrededor del árbol de la cruz, bajo el cual, con gran valentía, desean deponer los signos de la violencia que han visto y sufrido: uniformes, machetes, martillos, hachas, cuchillos.

También la cruz era un instrumento de dolor y de muerte, el más terrible en los tiempos de Jesús, pero, atravesado por su amor, se convirtió en instrumento universal de reconciliación, en árbol de vida.

Quisiera decirles: sean también ustedes árboles de vida. Hagan como los árboles, que absorben contaminación y devuelven oxígeno. O, como dice un proverbio: “En la vida haz como la palmera: recibe piedras, entrega dátiles”. Esta es la profecía cristiana: responder al mal con el bien, al odio con el amor, a la división con la reconciliación. La fe lleva consigo una nueva idea de justicia, que no se conforma con castigar y renunciar a la venganza, sino que quiere reconciliar, desactivar nuevos conflictos, extinguir el odio, perdonar. Y todo esto es más poderoso que el mal. ¿Saben por qué? Porque transforma la realidad desde dentro en vez de destruirla desde fuera.

Sólo así se derrota el mal, precisamente como hizo Jesús en el árbol de la cruz, tomándolo sobre sí y transformándolo con su amor. De ese modo, el dolor se convirtió en esperanza. Amigos, sólo el perdón abre las puertas al mañana, porque abre las puertas a una justicia nueva que, sin olvidar, rompe el círculo vicioso de la venganza. Reconciliarse significa generar el mañana, creer en el futuro en vez de quedarse anclados en el pasado, apostar por la paz en lugar de resignarse a la guerra, huir de la prisión de las propias razones para abrirse a los demás y disfrutar juntos la libertad.

El último “sí”, decisivo: sí a la esperanza. Si se representase la reconciliación como un árbol, como una palmera que da frutos, la esperanza sería el agua que la hace fecunda. Esta esperanza tiene una fuente y esta fuente tiene un nombre, que quiero proclamar aquí con ustedes: ¡Jesús! Jesús: con Él, el mal ya no tiene la última palabra sobre la vida; con Él, que ha hecho de un sepulcro —final del trayecto humano—, el inicio de una historia nueva, siempre se abren nuevas posibilidades. Con Él, cada tumba puede transformarse en una cuna, cada calvario en un jardín pascual.

Con Jesús nace y renace la esperanza; para quien ha sufrido el mal e, incluso, para quien lo ha cometido. Hermanos, hermanas del oriente del país, esta esperanza es para ustedes, tienen derecho a ella. Pero también es un derecho que debe ser conquistado. ¿Cómo? Sembrándola cada día, con paciencia. Vuelvo a la imagen de la palmera. Un refrán dice: «Cuando comes el coco, ves la palmera, pero el que la plantó volvió a la tierra hace mucho tiempo».

En otras palabras, para conquistar los frutos esperados es necesario trabajar con el mismo espíritu de los que plantan palmeras, pensando en las generaciones futuras y no en los resultados inmediatos. Sembrar el bien hace bien, libera de la lógica estrecha del beneficio personal y regala a cada día su razón; aporta a la vida el aliento de la gratuidad y nos asemeja a Dios, sembrador paciente que esparce esperanza sin cansarse nunca.

Hoy agradezco y bendigo a todos los sembradores de paz que trabajan en el país; a las personas y a las instituciones que se prodigan en la ayuda y la lucha por las víctimas de la violencia, la explotación y los desastres naturales; a las mujeres y los hombres que están aquí animados por el deseo de promover la dignidad de la gente. Algunos perdieron la vida mientras servían a la paz, como el embajador Luca Attanasio, el guardia Vittorio Iacovacci y el conductor Mustapha Milambo, asesinados hace dos años en el este del país. Eran sembradores de esperanza y su sacrificio no se perderá.

Hermanos, hermanas, hijos e hijas de Ituri, de Kivu del Norte y del Sur, estoy con ustedes, los abrazo y los bendigo a todos. Bendigo a cada niño, adulto, anciano, a cada persona herida por la violencia en la República Democrática del Congo, en particular a cada mujer y a cada madre. Y rezo para que la mujer, toda mujer, sea respetada, protegida y valorada. Agredir a una mujer y a una madre es hacérselo a Dios mismo, que tomó de una mujer la condición humana, de una madre.

Que Jesús, nuestro hermano, Dios de la reconciliación que plantó el árbol de la vida de la cruz en el corazón de las tinieblas del pecado y del sufrimiento, Dios de la esperanza que cree en ustedes, en su país y en su futuro, los bendiga y los consuele; que derrame la paz en sus corazones, en sus familias y en toda la República Democrática del Congo.

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1 de febrero de 2023 / 8:30 a. m.

Con ocasión de la Jornada por la Vida 2023, el Movimiento por la Vida italiano destaca que “la muerte nunca es una solución”.

En Italia la Jornada por la Vida será celebrada el próximo domingo 5 de febrero.

Por ello, el Movimiento por la Vida colocará en todo el país puestos informativos con el fin de “promover sus actividades en defensa de la vida naciente y recaudar contribuciones para las necesidades de las madres y los niños que acuden a ellos”.

El tema de la 45 Jornada por la Vida se basa en un pasaje del Antiguo Testamento, en concreto del libro de la Sabiduría: “La muerte nunca es una solución. ‘Dios creó todas las cosas para que existieran; las criaturas del mundo son portadoras de salvación, en ellas no hay veneno de muerte’ (Sab 1,14)”.

Por su parte, la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) escribió un mensaje con ocasión de la 45 Jornada por la Vida.

Al promover la “cultura de la vida”, los obispos subrayaron tres categorías de personas que son "las más indefensas en la sociedad actual": la mujer embarazada, quien está enfermo o es anciano y se enfrenta a dificultades relacionadas con la enfermedad, y los migrantes que huyen de la guerra”.

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El texto de los obispos lamenta también que “para todos ellos a menudo prevalecen los atajos, rápidos y aparentemente sencillos, que llevan a ‘resolver’ las dificultades, eliminando a los concebidos, los enfermos, los que sufren, los que huyen de la guerra, el hambre o la miseria”.

“Elegir la muerte nunca es una solución, sino una ‘trampa’: tiene un lado amargo, porque las consecuencias y repercusiones de esta ‘solución’ no liberan el corazón humano, sino que lo oprimen”, advierte la CEI.

De este modo, el mensaje del Episcopado invita a profundizar y redescubrir el verdadero significado de la "libertad" y a promover "acciones concretas en defensa de la vida”.

Finalmente, el mensaje de los obispos cuestionó: “¿es libertad la de una mujer que no puede llevar adelante un embarazo porque siente que no tiene alternativa?”.

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1 de febrero de 2023 / 6:30 a. m.

A un mes del fallecimiento del Papa Emérito Benedicto XVI, fue celebrada una Misa en las grutas vaticanas.

La Eucaristía fue presidida por el ex secretario de Benedicto XVI, Mons. Georg Gänswein y concelebrada por diversos sacerdotes, entre ellos, el presidente de la Fundación Joseph Ratzinger, el P. Federico Lombardi SJ.

La Santa Misa fue celebrada el 31 de enero a pocos metros de la tumba de San Pedro y de la tumba de Benedicto XVI.

Según informó ACI Stampa (Agencia en italiano del Grupo ACI), Mons. Gänswein destacó durante la homilía que Joseph Ratzinger nació el 16 de abril, día de la muerte de San Benito José Labre, un santo francés al que tuvo especial devoción.

Al referirse a la espiritualidad de San Benito José Labre, Mons. Gänswein señaló que “hay que tener tres corazones unidos en uno: un corazón para el amor de Dios, un corazón para el celo por el prójimo y un corazón que dé testimonio de la belleza de la fe”.

“Este fue también el secreto de la vida espiritual de Benedicto XVI. Solo hay una diferencia entre el santo francés -para quien no existía teología, solo Adoración- y el Papa bávaro, para quien si existía la teología y fue precisamente la teología la que le abrió la puerta a la Adoración”, dijo el Prelado.

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Asimismo, Mons. Gänswein indicó que Benedicto XVI confió “en el manso poder de la verdad” y añadió que “sin la cual todas las reformas en la Iglesia se construyen sobre arena”.

En esta línea, el Prelado alemán subrayó que Benedicto XVI “consideraba que su misión y su compromiso consistían en recordar y, si era necesario, también amonestar a teólogos y obispos para que no sucumbieran a corrientes teológicas peligrosas, sino que permanecieran en la unidad de la Iglesia universal y fieles al depositum fidei”.

“Sabía que por esta actitud había cierta aversión contra su pontificado. Pero al mismo tiempo había desencadenado una gran ola de conversiones y vocaciones al sacerdocio y a la vida contemplativa”, advirtió Mons. Gänswein.

Al finalizar la Misa, los fieles presentes rezaron ante la tumba de Benedicto XVI.

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1 de febrero de 2023 / 4:30 a. m.

En su segundo día de la visita apostólica a la República Democrática del Congo, el Papa Francisco presidió este 1 de febrero la Santa Misa en el Aeropuerto de Ndolo, en Kinshasa.

A continuación, el texto completo de la homilía del Papa Francisco:

Bandeko, bobóto [Hermanos y hermanas, paz] R/Bondeko [Fraternidad]

Bondéko [Fraternidad] R/ Esengo [Alegría]

Esengo, alegría: la alegría de verlos y encontrarlos es grande; he anhelado mucho este momento, ¡gracias por estar aquí!

El Evangelio acaba de decirnos que también la alegría de los discípulos era grande la noche de Pascua y que esta alegría surgió “cuando vieron al Señor” (Jn 20,20). En ese clima de alegría y asombro, el Resucitado habla a los suyos. ¿Y qué les dice? Ante todo, estas palabras: “¡La paz esté con ustedes!” (v. 19). Es un saludo, pero es más que un saludo: es un envío. 

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Porque la paz, esa paz anunciada por los ángeles en la noche de Belén (cf. Lc 2,14), esa paz que Jesús prometió dejar a los suyos (cf. Jn 14,27), ahora, por primera vez, es entregada solemnemente a los discípulos. La paz de Jesús, que también se nos entrega en cada Misa, es pascual; llega con la resurrección, porque antes el Señor tenía que vencer a nuestros enemigos, el pecado y la muerte, y reconciliar al mundo con el Padre; tenía que experimentar nuestra soledad y nuestro abandono, nuestros infiernos, abrazar y salvar las distancias que nos separaban de la vida y de la esperanza. Ahora, terminadas las distancias entre el cielo y la tierra, entre Dios y el hombre, la paz de Jesús se da a los discípulos.

Pongámonos, pues, en su lugar. Aquel día estaban completamente aturdidos por el escándalo de la cruz, heridos interiormente por haber abandonado a Jesús, escapando; decepcionados por el desenlace de su historia, temerosos de acabar como él. En ellos había sentimientos de culpa, frustración, tristeza, miedo. 

Sin embargo, Jesús anuncia la paz mientras el corazón de los discípulos está lleno de escombros; anuncia la vida mientras ellos sienten dentro la muerte. En otras palabras, la paz de Jesús llega en el momento en que todo parecía haber terminado para ellos, en el momento más imprevisto e inesperado, cuando no había atisbos de paz. 

Así actúa el Señor: nos asombra, nos tiende la mano cuando estamos a punto de hundirnos, nos levanta cuando tocamos fondo. Hermanos, hermanas, con Jesús el mal nunca prevalece, nunca tiene la última palabra. “Porque Cristo es nuestra paz” (Ef 2,14) y su paz triunfa siempre. 

Por eso, los que pertenecemos a Jesús no podemos dejar que prevalezca en nosotros la tristeza, no podemos permitir que crezca la resignación y el fatalismo. Si a nuestro alrededor se respira este clima, que no sea así para nosotros. En un mundo abatido por la violencia y la guerra, los cristianos hacen como Jesús. Él, casi insistiendo, repitió a los discípulos: “¡La paz, la paz esté con ustedes!” (cf. Jn 20,19.21); y nosotros estamos llamados a hacer nuestro y proclamar al mundo este anuncio profético e inesperado de la paz.

Pero, podemos preguntarnos, ¿cómo conservar y cultivar la paz de Jesús? Él mismo nos señala tres fuentes de paz, tres manantiales para seguir alimentándola. Son el perdón, la comunidad y la misión.

(El artículo continúa después)

Veamos la primera fuente: el perdón. Jesús dice a los suyos: “Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen” (v. 23). Pero antes de dar a los apóstoles el poder de perdonar, los perdona; no con palabras, sino con un gesto, el primero que el Resucitado realiza ante ellos. 

Dice el Evangelio que Él, “les mostró sus manos y su costado” (v. 20). Es decir, les muestra las llagas, se las ofrece, porque el perdón nace de las heridas. Nace cuando las heridas sufridas no dejan cicatrices de odio, sino que se convierten en un lugar para hacer sitio a los demás y acoger sus debilidades. Entonces las fragilidades se convierten en oportunidades y el perdón en el camino hacia la paz. 

No se trata de dejarlo todo atrás como si nada hubiera sucedido, sino de abrir a los demás con amor el corazón. Esto es lo que hace Jesús. Ante la miseria de quien lo negó y abandonó, muestra las heridas y abre la fuente de la misericordia. No usa muchas palabras, sino que abre de par en par su corazón herido, para decirnos que Él está siempre herido de amor por nosotros.

Hermanos, hermanas, cuando la culpa y la tristeza nos oprimen, cuando las cosas no van bien, sabemos dónde mirar: a las llagas de Jesús, dispuesto a perdonarnos con su amor herido e infinito. 

Él conoce tus heridas, conoce las heridas de tu país, de tu gente, de tu tierra. Son heridas que queman, continuamente infectadas por el odio y la violencia, mientras que la medicina de la justicia y el bálsamo de la esperanza parecen no llegar nunca. 

Hermano, hermana, Jesús sufre contigo, ve las heridas que llevas dentro y desea consolarte y sanarte, ofreciéndote su Corazón herido. Dios repite a tu corazón las palabras que pronunció hoy por medio del profeta Isaías: “Lo sanaré, lo guiaré y lo colmaré de consuelos” (Is 57,18).

Juntos, hoy creemos que con Jesús siempre tenemos la posibilidad de ser perdonados y volver a empezar, y también la fuerza para perdonarnos a nosotros mismos, a los demás y a la historia. 

Esto es lo que Cristo desea: ungirnos con su perdón para darnos la paz y el valor de poder también nosotros perdonar; el valor de realizar una gran amnistía del corazón. ¡Cuánto bien nos hace limpiar nuestros corazones de la ira, de los remordimientos, de todo resentimiento y envidia!

Queridos amigos y amigas, ¡que hoy sea el momento de gracia para acoger y experimentar el perdón de Jesús! Que sea el momento adecuado para ti, que llevas una pesada carga en el corazón y necesitas que te la quiten para poder volver a respirar. 

Que sea el momento oportuno para ti, que en este país te dices cristiano, pero cometes actos de violencia; a ti el Señor te dice: “Deja las armas, abraza la misericordia”. Y a todos los lastimados y oprimidos de este pueblo les dice: “No teman poner sus heridas en las mías, sus llagas en mis llagas”. 

Hagámoslo, hermanos y hermanas. No tengan miedo de quitarse el Crucifijo del cuello y de los bolsillos, de tomarlo entre las manos y llevarlo junto al corazón para compartir sus llagas con las de Jesús. Cuando regresen a casa, tomen el Crucifijo que tienen y abrácenlo.

Démosle a Cristo la oportunidad de sanar nuestros corazones; pongamos en Él el pasado, todos los miedos y ansiedades. ¡Qué hermoso es abrir las puertas del corazón y del hogar a su paz! ¿Y si escribieran en sus habitaciones, en sus ropas, fuera de sus casas, esas palabras: “La paz esté con ustedes”? Muéstrenlas, serán una profecía para el país, serán la bendición del Señor sobre aquellos que encuentren. La paz esté con ustedes, dejémonos perdonar por Dios y perdonémonos unos a otros.

Veamos ahora la segunda fuente de paz: la comunidad. Jesús resucitado no se dirige a los discípulos individualmente, sino que se reúne con ellos; les habla en plural, y a la primera comunidad le entrega su paz. No hay cristianismo sin comunidad, como no hay paz sin fraternidad. 

Pero, como comunidad, ¿hacia dónde hemos de caminar, hacia dónde hemos de ir para encontrar la paz? Volvamos a mirar a los discípulos. Antes de la Pascua, seguían a Jesús, pero pensaban de forma demasiado humana: esperaban un Mesías conquistador que expulsara a sus enemigos, que hiciera prodigios y milagros, que aumentara su prestigio y su éxito. Pero estos deseos mundanos los dejaron con las manos vacías; es más, le quitaron paz a la comunidad, suscitando discusiones y oposición (cf. Lc 9,46; 22,24). 

Para nosotros también existe este riesgo; estar juntos, pero caminar por cuenta propia, buscando en la sociedad, y también en la Iglesia, el poder, la carrera, las ambiciones. Sin embargo, de ese modo, en vez de seguir al Dios verdadero, seguimos al propio yo, y terminamos como aquellos discípulos: encerrados en casa, vacíos de esperanza y llenos de miedo y decepción.

Pero he aquí que en la Pascua encuentran el camino de la paz gracias a Jesús, que sopla sobre ellos y les dice: “Reciban el Espíritu Santo” (Jn 20,22). Gracias al Espíritu Santo, ya no mirarán lo que les separa, sino lo que los une; ya no irán por el mundo para sí mismos, sino para los demás; no para ganar visibilidad, sino para dar esperanza; no para obtener aprobación, sino para gastar su vida con alegría por el Señor y por los demás.

Hermanos, hermanas, el peligro que tenemos es seguir el espíritu del mundo en lugar del espíritu de Cristo. ¿Y cuál es el camino para no caer en las trampas del poder y del dinero, para no ceder a las divisiones, a las seducciones del carrerismo que corroen a la comunidad; a las falsas ilusiones del placer y de la brujería que llevan a encerrarse en sí mismos? El Señor nos lo sugiere de nuevo a través del profeta Isaías, diciendo “estoy con el contrito y humillado, para reavivar los espíritus humillados, para reavivar los corazones contritos” (Is 57,15). 

El camino es compartir con los pobres. Este es el mejor antídoto contra la tentación de dividirnos y mundanizarnos. Tener el valor de mirar a los pobres y escucharlos, porque son miembros de nuestra comunidad y no extraños a los que hay que eliminar de la vista y de la conciencia. Abrir el corazón a los demás, en lugar de concentrarlo en los propios problemas o vanidades personales. 

Recomencemos desde los pobres y descubriremos que todos compartimos la pobreza interior; que todos necesitamos el Espíritu de Dios para liberarnos del espíritu del mundo; que la humildad es la grandeza del cristiano y la fraternidad su verdadera riqueza. 

Creamos en la comunidad y, con la ayuda de Dios, construyamos una Iglesia vacía de espíritu mundano y llena del Espíritu Santo, libre de riquezas para sí misma y llena de amor fraterno.

Llegamos, en fin, a la tercera fuente de paz: la misión. Jesús dice a los discípulos: “Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes” (Jn 20,21). Nos envía como el Padre lo ha enviado a Él. ¿Y cómo lo envió el Padre al mundo? Lo envió a servir y a dar su vida por la humanidad (cf. Mc 10,45), a manifestar su misericordia por cada uno (cf. Lc 15), a buscar a los que están lejos (cf. Mt 9,13). 

En una palabra, lo envió para todos, para todos; no sólo para los justos, sino para todos. En este sentido, resuenan todavía las palabras de Isaías: “¡Paz al que está lejos, paz al que está cerca! [...], dice el Señor” (Is 57,19). A los que están lejos, en primer lugar, y a los que están cerca; no sólo a los “nuestros”, sino a todos, a todos. 

Hermanos, hermanas, estamos llamados a ser misioneros de paz, y esto nos dará paz. Es una decisión; es hacer sitio en nuestros corazones para todos, es creer que las diferencias étnicas, regionales, religiosas y culturales vienen después y no son obstáculos; que los demás son hermanos y hermanas, miembros de la misma comunidad humana; que cada uno es destinatario de la paz que Jesús ha traído al mundo. 

Es creer que los cristianos estamos llamados a colaborar con todos, a romper el ciclo de la violencia, a desmantelar las tramas del odio. 

Sí, los cristianos, enviados por Cristo, están llamados, por definición, a ser conciencia de paz en el mundo, conciencia de paz en el mundo; no sólo conciencias críticas, sino sobre todo testigos del amor; no pretendientes de sus propios derechos, sino de los del Evangelio, que son la fraternidad, el amor y el perdón; no buscadores de sus propios intereses, sino misioneros del amor apasionado que Dios tiene por cada ser humano.

La paz esté con ustedes, dice Jesús hoy a cada familia, comunidad, grupo étnico, barrio y ciudad de este gran país. La paz esté con ustedes. Dejemos que estas palabras de nuestro Señor resuenen, en silencio, en nuestros corazones. Escuchémoslas dirigidas a nosotros y decidamos ser testigos de perdón, protagonistas en la comunidad, personas en misión de paz en el mundo.

Moto azalí na matói ma koyoka [El que tenga oídos para oír] R/Ayoka [Que oiga]

Moto azalí na motema mwa kondima [El que tenga corazón para aceptar] R/Andima [Que acepte]

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