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Este 1 de noviembre, un día después de la Solemnidad de Todos los Santos, se celebra la conmemoración de los Fieles Difuntos, día en el que se recuerda a todos aquellos que ya han partido de este mundo.

Por tal motivo, el P. José de Jesús Aguilar Valdés explica en un video de qué forma un católico puede realizar la mejor ofrenda para aquellos familiares o amigos fallecidos, a fin de que puedan participar de la Resurrección de Jesucristo.

“La mejor ofrenda la comenzó a preparar Cristo por vivos y difuntos con la Última cena, y la llevó a culmen en la Cruz dando su vida por nosotros. Por eso Dios lo resucitó de entre los muertos y nos dio el poder de participar de su Resurrección, de la vida eterna”, indicó el sacerdote.

En ese sentido, recordó que “no importa si es un recién nacido, niño, adulto, alguien que haya tenido una larga enfermedad”, porque “lo mejor que podemos ofrecerles, la mejor ofrenda, es la oración de acción de gracias, pero, sobre todo, la celebración de la Misa que actualiza la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, para que nuestros difuntos reciban del perdón de sus pecados y gocen de la vida eterna”.

Finalmente, sostuvo que, si bien las ofrendas “pueden ser bellas y artísticas, continuar tradiciones populares, ayudarnos a recordar lo que les gustaba a nuestros seres queridos y darnos el gusto de recordarlos”, ellos ya se encuentran “en otra dimensión”.

“Por eso es mejor ofrecerles nuestro agradecimiento, nuestra oración y sobre todo la comunión en la Santa Misa” que “ayuda a salir a la animas del Purgatorio”, concluyó.

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Ubicado en un vecindario tranquilo en las colinas que se elevan sobre Pittsburgh (Estados Unidos) se encuentra una pequeña capilla, lugar que alberga una pieza de la Corona de Espinas, un diente de San Antonio de Padua y más de 5.000 otras reliquias verificadas, o restos de santos de todo el mundo.

Estas reliquias –fragmentos de los cuerpos y los restos de las pertenencias de innumerables santos–, continuaron teniendo aventuras terrenales mucho después de la muerte de los santos. Muchas de ellas viajaron por todo el mundo para escapar de la guerra, la confiscación y la profanación hasta llegar a las manos seguras de un médico y sacerdote nacido en Bélgica, el P. Suitbert Mollinger, quien fundó la capilla.

La capilla ahora tiene la mayor colección de reliquias fuera de Roma.

“El P. Suitbert Mollinger, bueno, tenía un pasatiempo inusual en el que le gustaba adquirir reliquias de los santos”, explicó a CNA –agencia en inglés del Grupo ACI– Carole Brueckner, presidenta del comité de la Capilla de San Antonio.

Pero en medio de la agitación política y social que experimentó Europa a fines del siglo XIX, este curioso pasatiempo fue crucial para salvar reliquias de todo el continente.

Desde el siglo II, los católicos han honrado las reliquias de los santos, ya sean pedazos de partes del cuerpo o pertenencias preciadas. Si bien los teólogos y los documentos de la Iglesia aclaran que las reliquias no deben ser adoradas, ni tienen poderes mágicos, la enseñanza agrega que las reliquias deben tratarse con respeto, ya que pertenecen a personas que ahora están en el cielo.

Si bien las reliquias no tienen poder en sí mismas, Dios puede continuar obrando milagros en la presencia del cuerpo del santo incluso después de la muerte, enseña la Iglesia. Las reliquias están presentes en, o debajo, de muchos altares católicos.

Debido a su importante lugar en la devoción católica, así como a su presencia en la Misa, las reliquias se convirtieron en blanco de persecución anticatólica en Europa.  

“Fue una época muy caótica, en cierto sentido, para los católicos, porque la gente estaba luchando por territorios y países”, dijo el Brueckner. 

A mediados y finales del siglo XIX, las fronteras políticas, y también las identidades religiosas de las regiones de Europa cambiaron a medida que se formaban los estados-nación modernos de Alemania, Italia, Francia y Bélgica, a la vez que el poder de la nobleza y de la Iglesia disminuía. Luego surgieron los gobiernos laicos.

Muchos nobles y religiosos “tenían miedo de que sus gobiernos o las monarquías bajo las que vivían les confiscaran las reliquias”, explicó. En algunas regiones, continuó Brueckner, las autoridades incluso “profanaron las reliquias y en ocasiones metían a alguien en prisión por tener una reliquia en su poder”.

“Debido a lo que estaba sucediendo en Europa, este era un momento oportuno para que el Padre enriqueciera su propia colección personal de reliquias de los santos”, explicó. 

Si bien está prohibido que los católicos vendan o compren reliquias, el P. Mollinger recibió prestado o le obsequiaron reliquias en su país de origen, Bélgica, así como de sus viajes a los Países Bajos, Italia y otros lugares.

“Muchas veces, sus amigos, que también son religiosos, le escribían y le preguntaban si podía llevarse algunas de sus reliquias y mantenerlas a salvo, hasta que sus países o monarquías se estabilizaran, y el padre siempre respondía ‘sí’”, explicó Brueckne. 

“El padre también tenía agentes en toda Europa que buscaban las reliquias, porque en esencia, intentaría rescatarlas de ser destruidas por los gobiernos y monarquías que existían en Europa en ese momento”, añadió.
 
Inicialmente, el P. Mollinger mantuvo la creciente colección de reliquias en su rectoría. Tanto pacientes como fieles católicos visitaban al médico-sacerdote para recibir tratamiento tanto espiritual como físico, y “tenían la oportunidad de venerarles esas reliquias cuando estaban allí”.

Muchos peregrinos, dijo Brueckner, “se curaron de su anomalía o discapacidad” después de recibir ayuda física o espiritual en presencia de las reliquias. Como resultado, “el padre se estaba ganando la reputación de sacerdote-médico-sanador”, explicó. 

Los registros de los periódicos locales de Pittsburgh de la época documentaron los tratamientos del P. Mollinger, así como los miles de personas que viajaron para venerar las reliquias.

El presbítero, sin embargo, “pensó debían pertenecer a una hermosa iglesia para que todos pudieran visitar y venerar las reliquias”, y así construyó con sus propios fondos una capilla para albergarlos.

La primera sección de la capilla se completó en la fiesta de San Antonio en 1883 y alberga las miles de reliquias recogidas por el P. Mollinger en ese momento. La segunda sección también se completó en la fiesta de San Antonio, nueve años después, en 1892, y contiene las Estaciones de la Cruz y las reliquias recolectadas después de la finalización de la capilla. 

El P. Mollinger murió dos días después de que se completara la última sección de la capilla.

Entre las reliquias que la capilla reclama actualmente se encuentran astillas de la Vera Cruz y la Columna de Flagelación; piedra del Huerto de Getsemaní; un clavo que mantuvo a Cristo en la cruz; material de la ropa de Jesús, María y José; un “pedazo de hueso de todos los apóstoles”; y reliquias de Santa Teresa de Liseux, Santa Rosa de Lima, Santa Faustina, Santa Kateri Tekawitha.

“Si tuviera que nombrar a todos los santos, estaríamos aquí para siempre”, exclamó Brueckner.

También se han verificado casi todas estas reliquias.  

“Cuando se coloca una reliquia dentro de ese relicario, se sella y nunca se puede volver a abrir”, dijo Brueckner, explicando que las estrictas reglas de la Iglesia protegen contra la manipulación y la falsificación de reliquias. 

“Para que una reliquia sea venerada, es necesario tener un documento, y el documento proviene de la jerarquía de la Iglesia. Ese documento le dirá quién es el santo, qué es la reliquia, y dice que la Iglesia Católica ha hecho su investigación y podemos decir qué es la reliquia”, dijo.

“Tenemos los certificados de autenticidad de casi todas nuestras reliquias aquí dentro de la capilla”, aseguró.

Si bien la creencia en la autenticidad de las reliquias se basa en la confianza de que “la Iglesia Católica ha hecho su investigación, y voy a creer lo que dice la Iglesia Católica”, dijo Brueckner, los visitantes aún experimentan la misma presencia documentada por los primeros peregrinos. 

“Muchas veces, cuando la gente entra a la capilla, dice que realmente siente una presencia. Digo que es como entrar en un pedacito de cielo, porque estás rodeado de tanta gente que nuestra Iglesia nos dice que están en el cielo”, comentó.

Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en CNA.

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Después de dirigir el rezo del Ángelus este 1 de noviembre, el Papa Francisco saludó a los participantes de la “Carrera de los Santos” (“La Corsa dei Santi” en italiano) y destacó que “es importante promover el valor educativo del deporte”.

“Saludo de corazón a todos, romanos y peregrinos. Un saludo especial a los participantes a la Carrera de los Santos, organizada por la Fundación ‘Don Bosco en el Mundo’. Es importante promover el valor educativo del deporte. Gracias también por su iniciativa en favor de los niños de Colombia”, señaló el Papa.

La Carrera de los Santos es un evento deportivo y solidario que se realiza cada 1 de noviembre que organiza dos carreras, una competitiva y otra no competitiva, ambas de 10 km. En 2020 no fue posible recorrer las calles de Roma y se realizó una “Carrera virtual”.

Este 2021, los organizadores eligieron ayudar un proyecto en contra de la explotación del trabajo infantil en Colombia.

La campaña “Devuélve su infancia” promovida por “Missioni Don Bosco” busca “apoyar la educación de niños y jóvenes en las zonas rurales de de los municipios de Amagá y Angelópolis, al suroeste de Medellín, obligados desde temprana edad a renunciar a su infancia y pasar días enteros en las minas de carbón”.

“Para combatir y prevenir esta dramática situación, los salesianos de Medellín llevan adelante desde hace 25 años el proyecto denominado ‘Dejando Huellas’ que consiste en un programa pedagógico y psicosocial dirigido a unos 150 menores que no asisten a la escuela (solo el 52% de la población infantil minera va a la escuela)”, informó ANS

En este proyecto, la casa salesiana ofrece hospedaje en el centro “Ciudad Don Bosco”, así como la alimentación, educación y formación profesional de los niños mayores y también ofrece cursos de formación para padres de 150 familias, cursos destinados a mejorar sus habilidades económicas y sociales y proteger el crecimiento de sus hijos.

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El Papa Francisco deseó este 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos, una feliz fiesta “en la compañía espiritual de todos los Santos” y expresó su cercanía espiritual a quienes visitan estos días los cementerios para rezar ante las tumbas de sus seres queridos.

Así lo dijo el Santo Padre a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro para el rezo del Ángelus.

Después de sumarse espiritualmente a quienes en estos días van a rezar ante las tumbas de sus seres queridos en cada parte del mundo, el Papa anunció que el 2 de noviembre visitará el cementerio militar francés de Roma para “rezar por el sufragio de todos los muertos, en particular por las víctimas de la guerra y la violencia”.

Previamente, el Santo Padre envió dos mensajes a través de su cuenta oficial de Twitter @Pontifex_es con ocasión de la Solemnidad de todos los Santos.

En primer lugar, el Pontífice advirtió que los santos sostienen al mundo “no con las armas del dinero y del poder, sino con las armas de la oración”.

Luego, el Papa escribió “¡Bendito sea Jesucristo, único Salvador del mundo, junto a ese inmenso florecimiento de santos y santas que pueblan la tierra y que han hecho de su vida una alabanza a Dios¡”.

En su reflexión previa al rezo del Ángelus, el Papa señaló que la santidad no es un programa de vida hecho solo de esfuerzos y renuncias, sino que es ante todo el gozoso descubrimiento de ser hijos amados por Dios. No es una conquista humana, es un don que recibimos: somos santos porque Dios, que es el Santo, viene a habitar nuestra vida”, destacó el Papa.

Asimismo, el Santo Padre indicó que “la alegría del cristiano, por tanto, no es la emoción de un momento o simple optimismo humano, sino la certeza de poder afrontar cada situación bajo la mirada amorosa de Dios, con la valentía y la fuerza que proceden de Él”.

En esta línea, el Papa destacó que “los santos, incluso en medio de muchas tribulaciones, vivieron esta alegría y la testimoniaron” porque “sin alegría, la fe se convierte en un ejercicio riguroso y opresivo, y corre el riesgo de enfermarse de tristeza”.

Finalmente, el Santo Padre invitó a preguntarnos “¿somos cristianos alegres? ¿Transmitimos alegría o somos personas aburridas y tristes con cara de funeral?” porque “¡no hay santidad sin alegría!”.

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Al dirigir el rezo del Ángelus este 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos, el Papa Francisco advirtió que la santidad “no es una conquista humana, sino un don que recibimos” que produce alegría porque “no hay santidad sin alegría”.

“La santidad no es un programa de vida hecho solo de esfuerzos y renuncias, sino que es ante todo el gozoso descubrimiento de ser hijos amados por Dios. No es una conquista humana, es un don que recibimos: somos santos porque Dios, que es el Santo, viene a habitar nuestra vida”, destacó el Papa.

Luego, el Santo Padre indicó que “la alegría del cristiano, por tanto, no es la emoción de un momento o simple optimismo humano, sino la certeza de poder afrontar cada situación bajo la mirada amorosa de Dios, con la valentía y la fuerza que proceden de Él”.

Por ello, el Papa subrayó que “los santos, incluso en medio de muchas tribulaciones, vivieron esta alegría y la testimoniaron” porque “sin alegría, la fe se convierte en un ejercicio riguroso y opresivo, y corre el riesgo de enfermarse de tristeza”.

De este modo, el Santo Padre explicó que “un Padre del desierto decía que la tristeza es un gusano del corazón, que corroe la vida” y animó a preguntarnos “¿somos cristianos alegres? ¿Transmitimos alegría o somos personas aburridas y tristes con cara de funeral? Recordemos: ¡no hay santidad sin alegría! ¡no hay santidad sin alegría!”.

Bienaventuranzas

Además, el Papa describió que las Bienaventuranzas “nos muestran el camino que lleva al Reino de Dios y a la felicidad: el camino de la humildad, de la compasión, de la mansedumbre, de la justicia y de la paz”.

Por ello, el Papa alentó a vivir las Bienaventuranzas que “son la profecía de una humanidad nueva, de un modo nuevo de vivir: hacerse pequeño y encomendarse a Dios, en lugar de destacar sobre los demás; ser manso, en vez de tratar de imponerse; practicar la misericordia, antes que pensar solo en sí mismo; trabajar por la justicia y por la paz, en vez de alimentar, incluso con la connivencia, injusticias y desigualdades”.

Es un mensaje a contracorriente. El mundo, de hecho, dice que para ser feliz tienes que ser rico, poderoso, siempre joven y fuerte, tener fama y éxito. Jesús abate estos criterios y hace un anuncio profético: la verdadera plenitud de vida se alcanza siguiéndole, practicando la Palabra de Jesús. Y esto significa ser pobres por dentro, vaciarse de uno mismo para dejar espacio a Dios”, afirmó.

En esta línea, el Santo Padre advirtió que “quien se cree rico, exitoso y seguro, lo basa todo en sí mismo y se cierra a Dios y a sus hermanos, mientras quien es consciente de ser pobre y de no bastarse a sí mismo permanece abierto a Dios y al prójimo. Y encuentra la alegría”.

Finalmente, el Papa alentó a preguntarnos “¿Doy testimonio de la profecía de Jesús? ¿Manifiesto el espíritu profético que recibí en el Bautismo? ¿O me adapto a las comodidades de la vida y a mi pereza, pensando que todo va bien si me va bien a mí? ¿Llevo al mundo la alegre novedad de la profecía de Jesús o las habituales quejas por lo que no va bien?”

“Que la Santísima Virgen nos dé algo de su ánimo, de ese ánimo bienaventurado que ha magnificado con alegría al Señor, que derriba a los potentados de sus tronos y exalta a los humildes”, concluyó el Papa.

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Un día como hoy, el 1 de noviembre de 1950, el Papa Pío XII vio en el Vaticano un fenómeno similar al “milagro del sol” ocurrido el 13 de octubre de 1917 en Fátima, Portugal.

Pío XII proclamó el dogma de la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma al cielo el 1 de noviembre de 1950. El Papa compartió en uno de sus escritos que el milagro del solo lo vio ese día, el 30 y 31 de octubre, y el 8 de noviembre de ese año.

Según relató Andrea Tornielli en Vatican Insider en 2017, Pío XII escribió en una hoja que fue “sorprendido por un fenómeno, nunca hasta ahora visto por mí. El sol, que estaba todavía bastante alto, parecía como un globo opaco amarillento, circundado por un círculo luminoso”.

El sol, continuó el Santo Padre, “se movía ligeramente en el extremo, tanto girando como desplazándose de izquierda a derecha y viceversa. Pero dentro del globo se veían, con toda claridad y sin interrupción, movimientos muy fuertes”.

Este fenómeno lo vio mientras caminaba en los Jardines Vaticanos el 30 de octubre, en la víspera de la proclamación del dogma de la Asunción y lo consideró como una confirmación de lo que iba a hacer dos días después tras recibir solo seis respuestas con algunas preocupaciones, de un total de 1.181 provenientes de todo el mundo tras una consulta que se inició de forma reservada en 1946.

El episodio se repitió el 31 de octubre, el 1 de noviembre cuando proclamó el dogma y el 8 de noviembre, “y después ya no”.

El Pontífice escribió que intentó en otros días, a la misma hora de la tarde y en condiciones atmosféricas semejantes, “mirar el sol para ver si aparecía el mismo fenómeno, pero en vano; no pude mirarlo ni siquiera un instante, la vista quedaba inmediatamente deslumbrada”.

El milagro del sol de Fátima

El 13 de octubre de 1917 cuando miles de peregrinos se encontraban en Fátima (Portugal), se produjo el “Milagro del sol” llamado así porque se vio al sol temblar, en una especie de “danza”.

El suceso duró unos tres minutos y ocurrió luego de la última aparición de la Virgen María a los pastorcitos Jacinta, Francisco y Lucía.

Luego de una intensa lluvia, las oscuras nubes se abrieron y dejaron ver el sol, que según los testigos lucía como un disco de plata. Entonces, sus rayos tomaron diferentes colores y el sol pareció caer sobre las miles de personas, que se habían puesto de rodillas.

Además del Milagro del sol, los pastorcitos dijeron haber visto imágenes de Jesús, la Virgen María y San José bendiciendo a la multitud. La Virgen se presentó como la Señora del Rosario.

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Para noviembre del 2021 el Papa Francisco dirigirá su intención de oración universal para pedir por las personas que sufren de depresión.

El Pontífice invita a rezar “para que las personas, que sufren de depresión o agotamiento extremo, reciban apoyo de todos y una luz que les abra a la vida”.

Sobre las intenciones de oración

Cada mes, el Papa Francisco pide a la Iglesia que se sume a él en oración por una intención concreta. Se trata de una Red Mundial de Oración impulsada por la Red de Apostolado de Oración del Papa, dirigida por el P. Frédéric Fornos.

En una entrevista a L’Osservatore Romano (LOR) en febrero de 2019, el P. Fornos señaló que en las intenciones de oración del Pontífice “encontramos un eco en los desafíos para el mundo”.

En el sitio web de la Red Mundial de Oración se explica que la intención de oración mensual “es una convocatoria mundial para transformar nuestra plegaria en ‘gestos concretos’, es una brújula para una misión de compasión por el mundo”.

“Estas intenciones de oración son fruto de un largo proceso de discernimiento en la Iglesia, en diversos países del mundo, y con propuestas provenientes de varios dicasterios, congregaciones y servicios de la Santa Sede”, se indica en el sitio web.

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