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El Papa Francisco y el Presidente dela República de Italia, Sergio Mattarella, se intercambiaron mensajes de felicitación por el inicio del nuevo año.

Durante el mensaje a la nación italiana con motivo del fin de año 2019 y el inicio de 2020, el Presidente Mattarella dedicó unas palabras a saludar al Papa Francisco, Obispo de Roma, “que ejercita su alto magisterio con sabiduría y valentía, y que cada día demuestra que ama a nuestro país, a partir de aquellos que se encuentran en condiciones de necesidad, y de quien, practicando la solidaridad, ofrece un beneficio a toda la comunidad civil”.

Por su parte, el Santo Padre devolvió el saludo este miércoles 1 de enero al finalizar el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro: “Agradezco al Presidente de la República Italiana, el honorable Sergio Mattarella, por el pensamiento que me ha dirigido en su mensaje de fin de año, y se lo devuelvo invocando la bendición de Dios sobre su alta misión”.

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El presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela (CEV), Mons. José Luis Azuaje, envió un mensaje de esperanza a todos sus compatriotas, para hacer frente a la tentación del miedo y la incertidumbre

“Como pueblo venezolano, sabemos los sufrimientos vividos en los últimos años, pero por más que ‘aprieten’, el pueblo con dignidad sabe que siempre hay un mañana que fortalece el espíritu de lucha en la búsqueda del bien común, la verdad y la libertad. No hay vuelta atrás”, afirma el también Arzobispo de Maracaibo en un texto con fecha 31 de diciembre.

La propuesta, indica el Prelado venezolano, “nos la da el Dios de la vida: ‘he venido para que todos tengan vida, y vida en abundancia’ (Jn 10,10). Pero esta vida no cae del cielo, sino que se construye desde los valores que fortalecen el ímpetu de lucha en la sociedad: la honestidad, la verdad, la paz, la justicia y la solidaridad”.

A “quienes han sentido la tentación de declinar ante el miedo y la incertidumbre, les doy la buena noticia: ‘un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado y la soberanía reposará sobre sus hombros’ (Is 9,6)”.

“Recibamos el nuevo año desde nuestros propios contextos de vida, aquellos que se encuentren solos porque su familia ha emigrado vayan al pesebre, y abracen a la familia de Belén que también fue migrante; abracen a sus seres queridos con el compromiso de ‘ser sujetos’ de esta historia para hacer de ella, una historia viva del pueblo y no dejar que otros hagan de ella una ficción. No olvidemos a los más pobres y descartados, que sepamos leer en sus sufrimientos el reclamo de Dios: ‘¿Dónde está tu hermano?’”, escribió el presidente de la CEV.

El Arzobispo recordó luego que “cuando Jesús nació, existían todos los males que hoy encontramos en nuestro país. No pudo nacer en una casa, o una posada; nació en un establo, nació en medio de la pobreza. De esta manera quiso dignificar a los más pobres, a aquellos que sienten que ya no hay futuro, que la esperanza es un mito”.

Sin embargo, continuó, “la realidad es otra: caminar hacia el futuro asumiendo el presente con las adversidades de cada momento, ese es la propuesta de vida. No es sólo mirar hacia el futuro, sino caminar hacia él, comprometerse en él”.

“En tiempos de Jesús, también el pueblo era empobrecido por sus gobernantes para ejercer sobre él un control social; usaban las armas de los soldados para someter a la población. Quienes vivían fuera de los muros de las ciudades, comían las migajas que dejaban los transeúntes, era el inframundo, como pasa en el interior de nuestro país, sin gasolina, sin servicios públicos, sin medicamentos y sin acceso a alimentos debido a los altos costos”, continuó.

El presidente de la CEV resaltó que “Jesús conoce nuestra realidad y sabe que es finita, que ella pasará; pero él no se quedó pasivo, sobre él no tuvo efecto el control social para ejercer la profecía; Él salió a organizarse en pequeños grupos de creyentes que mantenían muy bien la memoria histórica de los sucesos de su pueblo, los formó y los preparó para convertirse en propulsores de algo nuevo: la construcción de un reino de justicia, paz y amor”.

“Desde ese momento cambió la perspectiva de ‘ser pueblo’, ya no subyugado por la tiranía, sino consciente de ser ‘sujeto’, con una responsabilidad histórica: vencer la maldad desde la verdad y la libertad que vienen de Dios”, indicó. 

“A todas las hermanas y hermanos venezolanos en nombre de mis hermanos obispos, les envío un abrazo fraterno, deseándoles un esperanzador año nuevo 2020”, concluyó.

Además de la grave escasez de alimentos, medicinas y artículos de primera necesidad, Venezuela sufre también por la falta de agua y energía eléctrica.

El tipo de cambio en Venezuela se cotiza este 1 de enero en 54.702,82 por dólar en el mercado paralelo, de acuerdo al portal DolarToday.

Al problema de la devaluación del bolívar se suma la inflación que, según pronostica el Fondo Monetario Internacional (FMI), habría llegado a 200 mil por ciento (200.000%) a finales de 2019.

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El Papa Francisco recordó a los oprimidos del mundo que Jesús es la liberación para su sufrimiento: “Jesús es la bendición para cuantos están oprimidos por el yugo de la esclavitud moral y material. Él libera con el amor”, dijo durante el rezo del Ángelus este miércoles 1 de enero en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

“A quien ha perdido la estima de sí permaneciendo prisionero de actitudes viciosas, Jesús le dice: el Padre te ama, no te abandona, espera con paciencia incontrolable tu regreso”.

Asimismo, “a quien es víctima de injusticias y explotación y no ve camino de salida, Jesús abre la puerta de la fraternidad, donde encontrar rostros, corazones y manos acogedoras, donde compartir las amarguras y la desesperación y recuperar un poco de dignidad”.

Además, “a quien está gravemente enfermo y se siente abandonado y desanimado, Jesús se hace cercano, toca las heridas con ternura, vierte óleo de consuelo y transforma la debilidad en fuerza de bien para desatar los nudos más enredados”.

“A quien está encarcelado y está tentado a cerrarse en sí mismo, Jesús reabre un horizonte de esperanza, a partir de un pequeño resquicio de luz”.

El Santo Padre destacó que “ayer por la noche concluimos el año 2019 dando gracias a Dios por el don del tiempo y por todos sus beneficios. Hoy iniciamos el 2020 con la misma actitud de agradecimiento y de alabanza”.

En su reflexión, destacó el “milagro” de un año nuevo, algo que “no se puede dar por descontado y, de hecho, siempre es un milagro del que sorprenderse y sentirse agradecidos”.

Por ello, señaló lo apropiado de que la Liturgia celebre en el primer día del año a Santa María Madre de Dios: “La Virgen de Nazareth, que dio a luz a Jesús, el Salvador. Aquel Niño es la Bendición de Dios para todo hombre y mujer, para la gran familia humana y para el mundo entero”.

“Jesús no ha eliminado el mal del mundo, pero lo ha derrotado en su raíz. Su salvación no es mágica, sino paciente, lo cual comporta la paciencia del amor que se hace cargo de la iniquidad y le arrebata el poder”.

Por ello, “contemplando el Pesebre vemos, con los ojos de la fe, el mundo renovado, liberado del dominio del mal y puesto bajo el señorío real de Cristo, el Niño que yace en pañales”.

Afirmó que “hoy, la Madre de Dios nos bendice mostrándonos al Hijo. Lo toma en brazos y lo muestra, y así nos bendice. Bendice a toda la Iglesia, bendice a todo el mundo”.

Ese es el motivo por el que “el Santo Papa Pablo VI quiso dedicar el primer día del año a la paz: a la oración, a la toma de conciencia y de responsabilidad hacia la paz. Para el año 2020, el Mensaje es este: la paz es un mensaje de esperanza, un camino en el que se avanza por medio del diálogo, la reconciliación y la conversión ecológica”.

Finalmente, el Papa invitó a fijar la mirada “sobre la Madre y sobre el Hijo que ella nos muestra. Al inicio del año, dejémonos bendecir. Dejémonos bendecir por la Virgen con su Hijo”.

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El Papa Francisco pidió perdón por “el mal ejemplo” que dio durante las Vísperas de la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, en el Vaticano, cuando reaccionó de forma airada ante una peregrina que tomó por sorpresa su mano y lo arrastró hacia ella.

El Santo Padre, que se había acercado a rezar ante el Pesebre situado en el centro de la Plaza de San Pedro, dio dos manotazos para liberarse de la peregrina, que insistía en no soltarlo.

Sin embargo, durante el rezo del Ángelus en el Palacio Apostólico este miércoles 1 de enero, el Pontífice rechazó su reacción y pidió perdón: “Muchas veces perdemos la paciencia. También yo. Pido perdón por el mal ejemplo de ayer”.

El Santo Padre se expresó así después de recordar que la salvación se sustenta en la paciencia del amor: “El amor te hace paciente”, aseguró.

El incidente, muy comentado en redes sociales, ocurrió muy deprisa, sin que los responsables de la seguridad del Papa tuvieran tiempo de reaccionar para evitarlo.

Francisco, visiblemente enfadado por la actitud irrespetuosa de la peregrina, se apartó del lugar, aunque se recompuso rápidamente y siguió saludando a otros peregrinos con su amabilidad habitual.

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El Papa Francisco rechazó la violencia de la que son víctimas muchas mujeres en el mundo y advirtió que “toda violencia infligida a la mujer es una profanación de Dios, nacido de una mujer”.

En la homilía de la Misa de la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, celebrada este primer día del año 2020 en la Basílica de San Pedro del Vaticano, lamentó que las mujeres “son continuamente ofendidas, golpeadas, violadas, inducidas a prostituirse y a eliminar la vida que llevan en el vientre”.

En ese sentido, subrayó que “el renacer de la humanidad comenzó con la mujer. Las mujeres son fuente de vida” e insistió en que “toda violencia infligida a la mujer es una profanación de Dios, nacido de una mujer. La salvación para la humanidad vino del cuerpo de una mujer: de cómo tratamos el cuerpo de la mujer comprendemos nuestro nivel de humanidad”.

Además, rechazó toda mercantilización de la mujer en las sociedades de hoy: “Cuántas veces el cuerpo de la mujer se sacrifica en los altares profanos de la publicidad, del lucro, de la pornografía, explotado como un terreno para utilizar. Debe ser liberado del consumismo, debe ser respetado y honrado. Es la carne más noble del mundo, pues concibió y dio a luz al Amor que nos ha salvado. Hoy, la maternidad también es humillada, porque el único crecimiento que interesa es el económico”.

En su homilía, el Papa Francisco afirmó que, para lograr la paz, la dignidad de la mujer debe ser respetada. “Si queremos un mundo mejor, que sea una casa de paz y no un patio de batalla, que nos importe la dignidad de toda mujer”.

“De una mujer nació el Príncipe de la paz. La mujer es donante y mediadora de paz y debe ser completamente involucrada en los procesos de toma de decisiones. Porque cuando las mujeres pueden transmitir sus dones, el mundo se encuentra más unido y más en paz. Por lo tanto, una conquista para la mujer es una conquista para toda la humanidad”.

El Papa insistió en que “la mujer manifiesta que el significado de la vida no es continuar a producir cosas, sino tomar en serio las que ya están. Sólo quien mira con el corazón ven bien, porque saben ‘ver en profundidad’ a la persona más allá de sus errores, al hermano más allá de sus fragilidades, la esperanza en medio de las dificultades, a Dios en todo”.

“Al comenzar el nuevo año, preguntémonos: ¿Sé mirar a las personas con el corazón? ¿Me importa la gente con la que vivo? Y, sobre todo, ¿tengo al Señor en el centro de mi corazón? Sólo si la vida es importante para nosotros sabremos cómo cuidarla y superar la indiferencia que nos envuelve. Pidamos esta gracia: vivir el año con el deseo de tomar en serio a los demás, de cuidar a los demás”.

Por último, el Santo Padre recordó que “María será la Madre de Dios para siempre. Ella es mujer y madre, esto es lo esencial. De ella, mujer, surgió la salvación y, por lo tanto, no hay salvación sin la mujer. Allí Dios se unió con nosotros y, si queremos unirnos con Él, debemos ir por el mismo camino: a través de María, mujer y madre”.

“Jesús, recién nacido, se reflejó en los ojos de una mujer, en el rostro de su madre. De ella recibió las primeras caricias, con ella intercambió las primeras sonrisas. Con ella inauguró la revolución de la ternura”, resaltó el Papa Francisco.

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El Papa Francisco presidió este miércoles 1 de enero de 2020 en la Basílica de San Pedro del Vaticano la Misa de la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, en la octava de Navidad en que la Iglesia celebra la Jornada Mundial de la Paz, que este año se desarrolla bajo el tema “La Paz como camino de esperanza: diálogo, reconciliación y conversión ecológica”.

En su homilía, el Pontífice destacó la importancia de María, como Madre de Dios, en la historia de la Salvación.

“En Dios estará para siempre nuestra humanidad y María será la Madre de Dios para siempre. Ella es mujer y madre, esto es lo esencial. De ella, mujer, surgió la salvación y, por lo tanto, no hay salvación sin la mujer. Allí Dios se unió con nosotros y, si queremos unirnos con Él, debemos ir por el mismo camino: a través de María, mujer y madre”.

A continuación, el texto completo de la homilía del Papa Francisco:

«Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» (Ga 4,4). Nacido de mujer: así es cómo vino Jesús. No apareció en el mundo como adulto, sino como nos ha dicho el Evangelio, fue «concebido» en el vientre (Lc 2,21): allí hizo suya nuestra humanidad, día tras día, mes tras mes.

En el vientre de una mujer, Dios y la humanidad se unieron para no separarse nunca más. También ahora, en el cielo, Jesús vive en la carne que tomó en el vientre de su madre. En Dios está nuestra carne humana.

El primer día del año celebramos estos desposorios entre Dios y el hombre, inaugurados en el vientre de una mujer. En Dios estará para siempre nuestra humanidad y María será la Madre de Dios para siempre. Ella es mujer y madre, esto es lo esencial. De ella, mujer, surgió la salvación y, por lo tanto, no hay salvación sin la mujer.

Allí Dios se unió con nosotros y, si queremos unirnos con Él, debemos ir por el mismo camino: a través de María, mujer y madre. Por ello, comenzamos el año bajo el signo de Nuestra Señora, la mujer que tejió la humanidad de Dios. Si queremos tejer con humanidad las tramas de nuestro tiempo, debemos partir de nuevo de la mujer.

Nacido de mujer. El renacer de la humanidad comenzó con la mujer. Las mujeres son fuente de vida. Sin embargo, son continuamente ofendidas, golpeadas, violadas, inducidas a prostituirse y a eliminar la vida que llevan en el vientre. Toda violencia infligida a la mujer es una profanación de Dios, nacido de una mujer. La salvación para la humanidad vino del cuerpo de una mujer: de cómo tratamos el cuerpo de la mujer comprendemos nuestro nivel de humanidad.

Cuántas veces el cuerpo de la mujer se sacrifica en los altares profanos de la publicidad, del lucro, de la pornografía, explotado como un terreno para utilizar. Debe ser liberado del consumismo, debe ser respetado y honrado. Es la carne más noble del mundo, pues concibió y dio a luz al Amor que nos ha salvado. Hoy, la maternidad también es humillada, porque el único crecimiento que interesa es el económico.

Hay madres que se arriesgan a emprender viajes penosos para tratar desesperadamente de dar un futuro mejor al fruto de sus entrañas, y que son consideradas como números que sobrexceden el cupo por personas que tienen el estómago lleno, pero de cosas, y el corazón vacío de amor.

Nacido de mujer. Según la narración bíblica, la mujer aparece en el ápice de la creación, como resumen de todo lo creado. De hecho, ella contiene en sí el fin de la creación misma: la generación y protección de la vida, la comunión con todo, el ocuparse de todo. Es lo que hace la Virgen en el Evangelio hoy. «María, por su parte ―dice el texto―, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (v. 19).

Conservaba todo: la alegría por el nacimiento de Jesús y la tristeza por la hospitalidad negada en Belén; el amor de José y el asombro de los pastores; las promesas y las incertidumbres del futuro. Todo lo tomaba en serio y todo lo ponía en su lugar en su corazón, incluso la adversidad. Porque en su corazón arreglaba cada cosa con amor y confiaba todo a Dios.

En el Evangelio encontramos por segunda vez esta acción de María: al final de la vida oculta de Jesús se dice, en efecto, que «su madre conservaba todo esto en su corazón» (v. 51). Esta repetición nos hace comprender que conservar en el corazón no es un buen gesto que la Virgen hizo de vez en cuando, sino un hábito.

Es propio de la mujer tomarse la vida en serio. La mujer manifiesta que el significado de la vida no es continuar a producir cosas, sino tomar en serio las que ya están. Sólo quien mira con el corazón ven bien, porque saben “ver en profundidad” a la persona más allá de sus errores, al hermano más allá de sus fragilidades, la esperanza en medio de las dificultades, a Dios en todo.

Al comenzar el nuevo año, preguntémonos: “¿Sé mirar a las personas con el corazón? ¿Me importa la gente con la que vivo? Y, sobre todo, ¿tengo al Señor en el centro de mi corazón?”. Sólo si la vida es importante para nosotros sabremos cómo cuidarla y superar la indiferencia que nos envuelve. Pidamos esta gracia: vivir el año con el deseo de tomar en serio a los demás, de cuidar a los demás.

Y si queremos un mundo mejor, que sea una casa de paz y no un patio de batalla, que nos importe la dignidad de toda mujer. De una mujer nació el Príncipe de la paz. La mujer es donante y mediadora de paz y debe ser completamente involucrada en los procesos de toma de decisiones. Porque cuando las mujeres pueden transmitir sus dones, el mundo se encuentra más unido y más en paz. Por lo tanto, una conquista para la mujer es una conquista para toda la humanidad entera.

Nacido de mujer. Jesús, recién nacido, se reflejó en los ojos de una mujer, en el rostro de su madre. De ella recibió las primeras caricias, con ella intercambió las primeras sonrisas. Con ella inauguró la revolución de la ternura. La Iglesia, mirando al niño Jesús, está llamada a continuarla. De hecho, al igual que María, también ella es mujer y madre, y en la Virgen encuentra sus rasgos distintivos. La ve inmaculada, y se siente llamada a decir “no” al pecado y a la mundanidad. La ve fecunda y se siente llamada a anunciar al Señor, a generarlo en las vidas. La ve, madre, y se siente llamada a acoger a cada hombre como a un hijo.

Acercándose a María, la Iglesia se encuentra a sí misma, encuentra su centro y su unidad. En cambio, el enemigo de la naturaleza humana, el diablo, trata de dividirla, poniendo en primer plano las diferencias, las ideologías, los pensamientos partidistas y los bandos. Pero no podemos entender a la Iglesia si la miramos a partir de sus estructuras, programas, tendencias, de las ideologías, de la funcionalidad: percibiremos algo de ella, pero no su corazón. Porque la Iglesia tiene el corazón de una madre.

Y nosotros, hijos, invocamos hoy a la Madre de Dios, que nos reúne como pueblo creyente. Oh Madre, genera en nosotros la esperanza, tráenos la unidad. Mujer de la salvación, te confiamos este año, custódialo en tu corazón. Te aclamamos: ¡Santa Madre de Dios, Santa Madre de Dios, Santa Madre de Dios!

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REDACCIÓN CENTRAL, 01 Ene. 20 (ACI Prensa).- Cada 1 de enero la Iglesia celebra la Jornada Mundial de la Paz y, como es costumbre, se propone para la reflexión de todos los fieles el mensaje del Papa Francisco que este 2020 lleva por título: “La Paz como camino de Esperanza: Diálogo, Reconciliación y Conversión ecológica”.

En su mensaje, el Santo Padre afirmó que “la paz, como objeto de nuestra esperanza, es un bien precioso, al que aspira toda la humanidad. Esperar en la paz es una actitud humana que contiene una tensión existencial, y de este modo cualquier situación difícil «se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino”.

En este sentido, resaltó el Papa Francisco, “la esperanza es la virtud que nos pone en camino, nos da alas para avanzar, incluso cuando los obstáculos parecen insuperables”.

Tras alertar sobre los peligros y los estragos de las guerras, el Papa alentó a “buscar una verdadera fraternidad, que esté basada sobre nuestro origen común en Dios y ejercida en el diálogo y la confianza recíproca. El deseo de paz está profundamente inscrito en el corazón del hombre y no debemos resignarnos a nada menos que esto”.

El Santo Padre, recordando su reciente viaje a Tailandia y Japón, refirió luego que “los Hibakusha, los sobrevivientes de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, se encuentran entre quienes mantienen hoy viva la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió́ en agosto de 1945 y el sufrimiento indescriptible que continúa hasta nuestros días”.

“Su testimonio despierta y preserva de esta manera el recuerdo de las víctimas, para que la conciencia humana se fortalezca cada vez más contra todo deseo de dominación y destrucción”.

El Papa indicó asimismo que “en nuestra experiencia cristiana, recordamos constantemente a Cristo, quien dio su vida por nuestra reconciliación. La Iglesia participa plenamente en la búsqueda de un orden justo, y continúa sirviendo al bien común y alimentando la esperanza de paz a través de la transmisión de los valores cristianos, la enseñanza moral y las obras sociales y educativas”.

Sobre la importancia del cuidado de la creación, el Papa dijo que “ante las consecuencias de nuestra hostilidad hacia los demás, la falta de respeto por la casa común y la explotación abusiva de los recursos naturales —vistos como herramientas útiles únicamente para el beneficio inmediato, sin respeto por las comunidades locales, por el bien común y por la naturaleza—, necesitamos una conversión ecológica”.

Además, subrayó, “necesitamos un cambio en las convicciones y en la mirada, que nos abra más al encuentro con el otro y a la acogida del don de la creación, que refleja la belleza y la sabiduría de su Hacedor.

“El camino de la reconciliación requiere paciencia y confianza. La paz no se logra si no se la espera. En primer lugar, se trata de creer en la posibilidad de la paz, de creer que el otro tiene nuestra misma necesidad de paz. En esto, podemos inspirarnos en el amor de Dios por cada uno de nosotros, un amor liberador, ilimitado, gratuito e incansable”, destacó el Papa Francisco.

Plegaria de San Juan Pablo II por la Paz

Al Creador de la naturaleza y del hombre, de la verdad y de la belleza, suplico:

Escucha mi voz, pues es la voz de las víctimas de todas las guerras y de la violencia entre los individuos y las naciones.

Escucha mi voz, pues es la voz de todos los niños que sufren y sufrirán cuando las gentes pongan su fe en las armas y en la guerra.

Escucha mi voz cuando te ruego que infundas en el corazón de todos los hombres la sabiduría de la paz, la fuerza de la justicia y la alegría de la confraternidad.

Escucha mi voz, pues hablo por las multitudes de todos los países y de todos los períodos de la historia que no quieren la guerra y están preparados a caminar por sendas de paz.

Escucha mi voz y concédenos discernimiento y fortaleza para que podamos responder siempre al odio con amor, a la injusticia con la dedicación total a la justicia, a la necesidad compartiendo de lo propio, a la guerra con la paz.

¡Oh Dios! Escucha mi voz y concede en todo el mundo tu eterna paz.

Diocesis de Celaya

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