Vigilia por la paz en Bogotá: Necesitamos la medicina para el alma que da Jesús

Al presidir la Misa en la Vigilia por la vida, la reconciliación y la paz la noche del 12 de septiembre, el Arzobispo de Bogotá (Colombia), Mons. Luis José Rueda Aparicio, lamentó las “noches trágicas” de violentas protestas en la capital del país y aseguró que “necesitamos que el Señor limpie nuestro corazón de la ira, del rencor, del resentimiento acumulado”.

Mons. Rueda Aparicio alentó a los fieles a abrirles “las puertas a la misericordia de Dios para que llegue a su corazón y llegue a su casa”.

Desde la tarde del miércoles, miles de personas protestaron violentamente en varios barrios de Bogotá, luego que se hizo viral en las redes sociales un video que muestra a dos policías interviniendo con violencia al abogado y taxista Javier Ordóñez Bermúdez el 8 de septiembre.

En el video se ve a uno de los agentes aplicarle a Ordóñez varias descargas eléctricas, mientras el abogado dice “por favor, ya no más”. La persona que grabó la escena y otras más también pedían a los agentes que se detuvieran. Finalmente el hombre fue llevado a una estación policial y luego a un centro de salud donde murió.

De acuerdo a la prensa local, los manifestantes atacaron decenas de estaciones policiales, vandalizaron buses del Transmilenio y dañaron locales comerciales.

Según el diario colombiano El Tiempo suman 13 los muertos por las protestas, entre ellos una mujer que fue arrollada por un bus tomado por los manifestantes.

En su homilía del 12 de septiembre, Mons. Rueda Aparicio recordó que “el Señor Jesús nos enseñó un camino de no violencia, un camino difícil de vivir, pero Él nos enseñó (que son) bienaventurados los que trabajan por la paz, bienaventurados los que tienen un corazón limpio”.

“No podemos pretender nosotros tomar justicia por nuestra mano y decir ‘es que a tales hay que eliminarlos porque no caben en Bogotá, porque no caben en Colombia’. Si somos todos hijos de Dios. Él, que es clemente, Él, que es misericordioso”.

“La venganza no puede ser una actitud de nuestra vida, no la podemos alimentar en nuestra vida. Porque entonces tendríamos una cadena interminable. Años, décadas de venganza. ‘Me la hizo y entonces yo guardo y algún día me desquito’. Ese no es el camino de Jesucristo”, continuó.

El Prelado subrayó que “si queremos recibir el perdón como decimos en el Padre Nuestro, ‘perdona nuestros pecados si como nosotros perdonamos a los que nos ofenden’, debemos llegar presentándole al Señor nuestras manos, nuestro corazón, nuestra mente disponible para el perdón”.

“No necesitamos ‘profetas’ del rencor, no necesitamos ‘misioneros’ entre comillas, del odio”, dijo, sino que “necesitamos servidores de la vida, necesitamos servidores del perdón”.

“Así como hay médicos que nos están curando a los enfermos del COVID y de las distintas enfermedades, necesitamos una medicina para el alma. Y esa medicina para el alma la entrega Jesucristo a través de los sacramentos, a través de la Palabra, a través de la oración, a través de lo que dijo cuando estaba en la cruz: Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”, señaló.

Además, el Arzobispo de Bogotá pidió a Dios que a los “líderes políticos, líderes sociales, nuestros gobernantes” les de “un corazón limpio, un corazón donde se reconozcan como hermanos, donde no haya un liderazgo que tenga que eliminar a otro. Donde haya un liderazgo al estilo de Jesús. Y el estilo de Jesús lo vivió y lo enseñó en la Última Cena”.

En esa ocasión, recordó, Jesús “se quitó el manto, se despojó del manto, se puso a los pies de los discípulos, les lavo los pies. Esa es la ternura, esa es la misericordia y esa es la compasión. Son las herramientas que son capaces de construir una civilización del amor, de la paz, de la reconciliación”.

El Prelado recordó que muchas de las familias que migraron a Bogotá desde distintas partes del país “han venido con heridas, con heridas por la violencia, con heridas por el desplazamiento, con heridas que los hacen recordar que perdieron a uno de sus seres queridos, que ya no está con ustedes. Algunos ni siquiera han vuelto a encontrar a sus hijos, a sus hijas, a su papá, a su mamá, a su esposo, a su esposa”.

“Por una razón: porque en Colombia ha habido décadas de odio, décadas de ira. De ese pecado destructor de la vida. Y porque hay fosas comunes que no sabemos dónde están y ahí están tirados los cuerpos de personas que fueron desaparecidas, y en Colombia hay muchos desaparecidos”, dijo.

“Han llegado muchas personas a Bogotá buscando la paz. Bogotá tiene que ser una ciudad de Dios. Y si es ciudad de Dios, debe ser una ciudad de la compasión, de la cultura de la compasión, de la cultura de la misericordia, de la clemencia, de la bondad”, dijo.

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