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REDACCIÓN CENTRAL, 01 Oct. 17 (ACI).- “En las familias siempre, siempre hay cruz, siempre. Porque el amor de Dios, el Hijo de Dios, nos abrió también ese camino. Pero en las familias también después de la Cruz hay Resurrección”, señaló el Papa Francisco a los participantes del Encuentro Mundial de las Familias - Filadelfia 2015.

Santa Teresita del Niño Jesús y sus padres -los esposos Celia y Luis Martin, canonizados el 18 de octubre de 2015-, tuvieron una vida familiar profundamente marcada por la cruz y el dolor e hicieron de esas tribulaciones un camino de santidad.

1. Extrema exigencia

Tanto Luis como Celia fueron hijos de padres militares, cristianos de fe viva. Sin embargo, los padres de Celia la criaron con extrema rudeza, autoritarismo y exigencia. Tanto así que en una de sus cartas dijo que su infancia y juventud fueron tristes “como un sudario”. Se sabe que la madre de Celia era una mujer de muy mal carácter.

2. Rechazados para la vida religiosa

Celia estudió en el internado de las religiosas de la Adoración perpetua y Luis con los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle). Durante su juventud, ella pidió formar parte de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul y él quiso ingresar al Monasterio del Gran San Bernardo. Sin embargo, ambos fueron rechazados.

Luis se dedicó al oficio de relojería y Celia se convirtió en una famosa empresaria con el “punto de Alençon”, un encaje de los más conocidos de la época. En una ocasión los dos se cruzaron por la calle y ella se quedó impresionada de ver a un joven de noble fisonomía, semblante reservado y dignos modales. Se dice que ella sintió una voz que le decía: “Éste es el hombre predestinado para ti”.

3. La pérdida de los hijos

Se conocieron, se enamoraron y tres meses después de su primer encuentro se casaron. Al haber cultivado una vida de fe muy profunda, llevaron una matrimonio ejemplar con Misa diaria, oración personal y comunitaria, confesión frecuente y participación en la vida parroquial. De esta unión nacieron nueve hijos, pero sufrieron la muerte prematura de cuatro de ellos. Entre las cinco hijas que sobrevivieron se encontraba la pequeña Santa Teresita del Niño Jesús.

4. El cáncer

A los 45 años, Celia fue diagnosticada de un tumor en el pecho y vivió su enfermedad con mucha esperanza cristiana hasta su muerte en 1877. Luis tuvo que sacar adelante a su familia. Luego se trasladó a Lisieux, donde residía el hermano de Celia, y la tía Celina lo ayudó a cuidar de las hijas. Más adelante las cinco serían religiosas, cuatro en el Carmelo y una en la Visitación.

5. Holocausto para Dios

Luis desarrolló una enfermedad que le fue restando fuerzas y capacidades. Llegó a perder sus facultades mentales y fue internado en el sanatorio del Buen Salvador en Caen. En ocasiones tenía periodos de alivio y tuvo la plena facultad de ofrecerse como víctima de holocausto a Dios. Partió a la Casa del Padre en julio de 1894.

6. Camino de soledad

Santa Teresita sufrió mucho con la muerte de su mamá y escogió a su hermana Paulina como su segunda madre. Con el tiempo Paulina entró en el Carmelo y la pequeña Teresa cayó gravemente enferma con síntomas alarmantes de regresión infantil, alucinaciones y hasta anorexia. El 13 de mayo de 1883, después de varios novenarios de Misas y oración, una imagen de la Virgen María sonrió a Teresa y quedó curada súbitamente. Posteriormente la Santa también sufriría por la enfermedad de su amado padre, quien la llamaba “su reinecita”.

7. Firmes ante las adversidades

En una ocasión Santa Teresita escribió: “Tuve la dicha de pertenecer a unos padres incomparables, que nos rodearon de los mismos cuidados y cariños… Quería Jesús sin duda, en su amor, hacerme conocer a la madre incomparable que me había dado, y a la que su divina mano quería a toda prisa coronar en el cielo… Mis primeros recuerdos guardan la huella de las más tiernas sonrisas y caricias… Amaba yo mucho a papá y a mamá, y les demostraba de mil maneras mi ternura”.

“Nuestro padre querido bebería la más amarga, la más humillante de todas las copas… El 29 de julio del año pasado, Dios rompió las ataduras mortales de su incomparable servidor, llamándole a la recompensa eterna” (Tomado de “Historia de un alma”).

Así se expresó de su familia, la gran Santa Teresita del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia y Patrona de las misiones, quien así como sus padres, mantuvo su fe en el Señor, a pesar de las desgracias y enfermedades que también se vive hoy en muchas familias del mundo.

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Recemos juntos la oración de Santa Teresita del Niño Jesús a la Virgen María http://t.co/fAaltKARhi

— ACI Prensa (@aciprensa) octubre 1, 2015

 

BOLOGNA, 01 Oct. 17 / 11:51 am (ACI).- En la homilía de la Misa en Bolgna, Italia, el Papa Francisco explicó que en la vida de cada uno, que no debe centrarse en las apariencias, existen dos caminos: ser pecadores arrepentidos o pecadores hipócritas.

Así lo indicó el Santo Padre en la homilía de la Misa celebrada ante unas 40 mil personas en el estadio “Renato Dall’Ara” de Bologna, con la que concluyó su viaje apostólico a esta ciudad y a Cesena.

En su homilía, el Santo Padre comentó la parábola evangélica de los dos hermanos a los que su padre envió a trabajar a la viña. El primero contestó “no”, pero después fue. El segundo contestó “sí”, y luego no fue a la viña.

“En el corazón del primero, después del ‘no’, resonaba la petición del padre. En el corazón del segundo, en cambio, a pesar del ‘sí’ inicial, la voz del padre había quedado sepultada”, explicó.

En la parábola, “la palabra clave es arrepentirse. Es el arrepentimiento el que permite no endurecerse, transformar el ‘no’ a Dios en ‘sí’, y el ‘sí’ al pecado en ‘no’ por amor al Señor”.

“La voluntad del Padre, que cada día delicadamente habla a nuestra conciencia, se cumple solo en forma de arrepentimiento y de conversión continua”.

En definitiva, dijo el Santo Padre, “en la vida de cada uno hay dos caminos: ser pecadores arrepentidos o pecadores hipócritas”.

“Aquí lo que cuenta no son los razonamientos que justifican o intentan salvar las apariencias, sino un corazón que avanza con el Señor, lucha cada día, se arrepiente y vuelve a Él. Porque el Señor busca puros de corazón, no puros ‘por fuera’”.

Otra forma de explicar esta parábola, dijo el Papa, es que Jesús con ella hace elegir “si ser pecadores en camino, que permanecen en escucha al Señor y que cuando se caen se levantan, como el primer hijo; o, por el contrario, podemos ser pecadores recostados, siempre justificándose y que solo hacen lo que les conviene”.

A los cristianos de hoy, continuó el Pontífice, esta parábola “nos dice que no existe una vida cristiana hecha sobre la mesa, científicamente construida, donde basta con cumplir algunos preceptos para tranquilizar la conciencia”.

“La vida cristiana es un camino humilde de conciencia nunca rígida, sino en relación con Dios, que sabe arrepentirse y confiarse a Él en su pobreza, sin presumir nunca de bastarse a sí mismo”.

“Así se supera la reedición actualizada de aquel mal antiguo denunciado por Jesús en la parábola: la hipocresía, la doble vida, el clericalismo que se acompaña del legalismo, el desapego de la gente”.

“Esta parábola –continuó el Papa– Jesús la dirige a algunos de los jefes religiosos del templo que se parecían al hijo de doble vida, mientras que la gente común se comportaba con frecuencia como el otro hijo”.

El Pontífice se preguntó cuál era el problema de aquellos jefes del templo: “de palabra, y con los demás, eran inflexibles custodios de las tradiciones humanas, incapaces de comprender que la vida hacia Dios es en camino y pide la humildad de abrirse, arrepentirse y recomenzar”.

Estos jefes “lo sabían y lo explicaban todo, de modo formalmente intachable, eran verdaderos intelectuales de la religión. Pero no tenían la humildad de escuchar, la valentía de interrogarse, la fuerza de arrepentirse”.

Con ellos, Jesús fue muy severo: “les dice que incluso los publicanos les precedían en el Reino de Dios. Era una afirmación muy fuerte, porque los publicanos eran los corruptos traidores a la patria”.

Las tres “P”

La Palabra, el pan y los pobres son los tres puntos de referencia, las tres “P”, que el Papa Francisco también quiso dejar a los fieles tras su viaje a Cesena y Bologna.

La primera ‘P’ es “la Palabra”, que es “la brújula para caminar con humildad, para no perder el camino de Dios y caer en la mundanidad”.

“La segunda –continuó Francisco– es ‘el Pan’, el Pan eucarístico, porque todo comienza a partir de la Eucaristía. Es en la Eucaristía donde se encuentra la Iglesia, en el Cuerpo de Cristo compartido entre los pecadores y los necesitados”.

Finalmente, la tercera “P” señalada por el Papa “es la de los Pobres. Todavía hoy a demasiadas personas les falta lo necesario. Pero hay también tantos pobres de afecto, personas solas y pobres de Dios... En todos ellos encontramos a Jesús, porque Jesús en el mundo ha seguido la vida de la pobreza”.

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VATICANO, 01 Oct. 17 / 10:50 am (ACI).- Haciendo gala de su buen humor, el Papa Francisco bromeó con uno de los inmigrantes africanos a los que visitó el domingo 1 de octubre en Bologna, en el marco de su visita pastoral a esta localidad italiana.

Al saludar a uno de los muchachos presentes que llevaba una peluca, el Pontífice lo miró divertido y dijo: “¡Tienes que madurar, estás demasiado verde!”, lo que generó las risas de los asistentes.

En el centro de acogida para inmigrantes en Bologna, el Santo Padre dedicó más de 45 minutos a saludar uno a uno a las personas que asiste este lugar, la gran mayoría de ellos provenientes de países africanos como Senegal, Nigeria, Eritrea, Somalia, entre otros.

El Papa aceptó de buena gana los selfies con los asistentes, solos o en grupo, que le solicitaban a su paso.

En su recorrido, el Santo Padre obsequió un rosario y recibió diversos regalos como una caricatura suya hecha en lápiz.

El Pontífice saludó también a un grupo de muchachos de Bangladesh, a quienes comentó que a finales de noviembre viajará a ese país, en una visita que también lo llevará a Myanmar.

El Papa Francisco viajará a Myanmar del 27 al 30 de noviembre, y a Bangladesh del 30 de noviembre al 2 de diciembre, según confirmó la Santa Sede el 28 de agosto el Director de la Sala de Prensa del Vaticano, Greg Burke.

Como muestra de su gran cercanía con los inmigrantes, Francisco se puso también un brazalete amarillo como el que recibió cada uno de los asistentes.

Uno de ellos notó el detalle y después de saludarlo elevó el brazo del Santo Padre junto con el suyo para mostrarlo.

Otro joven, visiblemente emocionado, le cantó en inglés un estribillo que decía: “Eres bienvenido en el nombre del Señor”.

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BOLOGNA, 01 Oct. 17 / 10:11 am (ACI).- En la visita del Papa Francisco a Cesena y Bologna no podía faltar un encuentro con los estudiantes y el mundo académico, puesto que esta última es conocida en toda Europa por recibir cada año a miles de estudiantes procedentes de todo el mundo y porque la ley del sistema universitario de toda la Comunidad Europea lleva su nombre.

El encuentro tuvo lugar en la Plaza de la Basílica de San Domenico. Después de un saludo del profesor Francesco Ubertini, Rector del alma Mater Studiorum, Francisco dirigió algunas palabras.

En su discurso, el Papa explicó que “es un desafío actual” el “reafirmar los derechos de las personas y de los pueblos, de los más débiles, de quien es descartado, y de lo creado, nuestra casa común”.

¡No se contenten con pequeños sueños, sino sueñen en grande!”, dijo el Santo Padre a los estudiantes. “Renuevo con ustedes el sueño de un nuevo humanismo europeo para lo que sirve memoria, valentía, sana y humana utopía”.

“Donde los jóvenes respiren el aire limpio de la honestidad, amen la belleza de la cultura y una vida sencilla, no contaminada por las infinitas necesidades del consumismo, donde casarse y tener hijos son una responsabilidad y una gran alegría”, sostuvo.

Francisco resaltó además que “la Universidad de Bologna es desde hace miles de años laboratorio de humanismo: aquí el diálogo con las ciencias ha inaugurado una época y ha plasmado la ciudad”.

El Pontífice sostuvo que “no se puede vivir de verdad sin elevar el ánimo a la conciencia, sin el deseo de apuntar hacia lo alto” pero también “la búsqueda va hecha junta, estimulando y compartiendo buenos intereses comunes”.

“La búsqueda del bien, en efecto, es la clave del éxito en los estudios; el amor es el ingrediente que da sabor a los tesoros del conocimiento y, en particular, a los derechos del hombre y de los pueblos”.

El Papa nombró entonces, los que considera tres derechos fundamentales de los estudiantes:

A la cultura: El acceso a los estudios, pero también la tutela de “la sabiduría”. “A menudo se está condicionado por modelos de vida banales y efímeros que empujan a perseguir el éxito a bajo coste, desacreditando el sacrificio, inculcando la idea de que el estudio no sirve si no tiene nada que dar rápidamente”.

“Pero no: el estudio sirve para hacerse preguntas, para no dejarse anestesiar por la banalidad, a buscar el sentido de la vida”.  El Papa invitó a “responder a los cantos paralizantes del consumismo cultural con elecciones dinámicas y fuertes, con la búsqueda, el conocimiento y el compartir”.

“El saber que se pone al servicio del mejor postor, que viene a alimentar divisiones y a justificar opresiones no es cultura”, añadió.

“Contra una cultura que reduce al hombre a descarte, la búsqueda de intereses y la ciencia y técnica afirman juntas una cultura a la medida del hombre, una búsqueda que reconoce los méritos y premia los sacrificios, una técnica que no se pliega a los deseos mercantilistas, un desarrollo donde no todo lo que es cómodo es lícito”.

A la esperanza: El Santo Padre pidió no dejar sitio al miedo y al odio, y no ser sometido por las frases hechas por los populismos o la expansión inquietante y rentable de las falsas noticias”.

“Es el derecho a ver puesto un límite razonable a la crónica negra, para que también la crónica blanca, a menudo silenciada, tenga voz”.

“¡Qué hermoso sería que las aulas de las universidades fuesen canteras de esperanza, oficinas donde se trabaje en un futuro mejor, donde se aprenda a ser responsable de sí y del mundo!”.

A la paz: “Hoy, muchos interesas y no pocos conflictos parecen hacer desvanecer las grandes visiones de paz. Experimentamos una fragilidad incierta y el cansancio de soñar en grande. ¡Pero no tengan miedo de la unidad!”.

El Papa recordó a la Unión Europea y afirmó que “la historia nos enseña que la guerra es siempre y solo una masacre inútil. Ayudémonos, como afirma la Constitución Italiana, a ‘repudiar la guerra’”.

Por último, Francisco dijo que sueña con una Europa “universitaria y madre” que “infunda esperanza a los hijos y sea instrumento de paz para el mundo”.

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LIMA, 01 Oct. 17 (ACI).- Este 1 de octubre la Iglesia inicia la celebración del mes del Santo Rosario, una oración querida por muchos santos a lo largo de la historia y que fue difundida por Santo Domingo de Guzmán por petición de la Santísima Virgen María.

Según cuenta la historia, en la antigüedad romanos y griegos solían coronar con rosas a las estatuas que representaban a sus dioses, como símbolo del ofrecimiento de sus corazones. La palabra “rosario” significa "corona de rosas".

Siguiendo esta tradición, las mujeres cristianas que marchaban al coliseo romano para ser martirizadas, llevaban sobre sus cabezas coronas de rosas como símbolo de alegría y de la entrega de sus corazones para ir al encuentro de Dios. Estas rosas eran recogidas en las noches por los cristianos, quienes recitaban una oración o un salmo por el eterno descanso de las mártires.

La Iglesia recomendó rezar este rosario recitando los 150 salmos de David, sin embargo, esto solo la seguían las personas cultas, pero no la mayoría de los fieles. Ante esto, se sugirió que quienes no supieran leer, reemplazaran los salmos por 150 Avemarías divididas en quince decenas. A este “rosario corto” se le llamó “el salterio de la Virgen”.

Siglos después, específicamente en 1208, se cuenta que la misma Virgen María enseñó a Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores (dominicos), el rezo del Rosario.

El santo español se encontraba entonces en el sur de Francia luchando contra la herejía albigense. Un día, en la capilla que estaba en Prouille, le suplicó a Nuestra Señora que lo ayudara, pues sentía que no estaba logrando casi nada.

La Virgen se le apareció sosteniendo un rosario y le enseñó a recitarlo. Luego le pidió que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias.

Santo Domingo de Guzmán salió de allí lleno de celo, con el rosario en la mano. Efectivamente, lo predicó, y con gran éxito porque muchos albigenses volvieron a la fe católica.

Años después, el 7 de octubre de 1571, tuvo lugar la batalla naval de Lepanto, cuando la cristiandad era amenazada por los turcos. Ante el inminente peligro, el Papa San Pío V pidió días antes a los fieles que rezaran el rosario pidiendo por las fuerzas cristianas.

Cuenta la historia que el Pontífice estaba en Roma despachando asuntos cuando de pronto se levantó y anunció que sabía que la flota cristiana había triunfado. Ordenó el toque de campanas y una procesión. Días más tarde llegaron los mensajeros con la noticia de la victoria. Posteriormente, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias el 7 de octubre.

Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el de Nuestra Señora del Rosario y determinó que se celebrase el primer domingo de octubre (día en que se había ganado la batalla). Actualmente se celebra la fiesta del Rosario el 7 de Octubre y algunos dominicos siguen celebrándola el primer domingo del mes.

Durante siglos los fieles rezaron el rosario dividido en quince misterios: gozosos, dolorosos y gloriosos. Sin embargo, en octubre de 2002 fue presentada la Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, en la que San Juan Pablo II añadió el rezo de cinco “misterios luminosos”, centrados en la vida pública de Jesús.

El Santo Rosario ha sido la oración preferida de muchos santos y pontífices. Así, en octubre de 2016 el Papa Francisco afirmó que “el Rosario es la oración que acompaña siempre mi vida; también es la oración de los sencillos y de los santos… es la oración de mi corazón”.

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BOLOGNA, 01 Oct. 17 / 09:25 am (ACI).- En el encuentro que mantuvo con sacerdotes, religiosos, seminaristas y diáconos permanentes en la Catedral de San Pedro de Bologna, Italia, el Papa Francisco advirtió que la vida consagrada comienza a corromperse con la falta de pobreza.

En su discurso improvisado, el Santo Padre afirmó que esa falta de pobreza es una consecuencia que se deriva de una “psicología de la supervivencia” que afecta a algunos institutos.

“Esa psicología de la supervivencia nos lleva a una falta de pobreza”, y consiste en que, ante las dificultades por falta de vocaciones o de otro tipo, “se busca la seguridad en el dinero”.

“La seguridad en la vida consagrada, en la vocación, no la da la abundancia de dinero, viene de otra parte. Algunas congregaciones que disminuyen sus miembros, pero agrandan sus bienes. Acumulan bienes como seguridad”.

Es una situación que surge de razonar: “sobrevivo, estoy seguro, porque tengo dinero”.

“El pescado empieza a corromperse por la cabeza. Y la vida consagrada empieza a corromperse en la falta de pobreza”, advirtió. “La psicología de la supervivencia te lleva a vivir mundanamente, con esperanzas mundanas, y te impide avanzar por el camino de la esperanza divina, la esperanza en Dios”.

El Papa señaló que no hay que tener miedo a los problemas de escasez que puedan surgir en los institutos religiosos, porque “el Señor te visita a veces con la escasez, la escasez de vocaciones, la escasez de bienes… Con una verdadera pobreza. La escasez de vocaciones es una verdadera pobreza”.

Cuando eso ocurra, “es necesario hablar con el Señor. ‘¿Por qué las cosas suceden así? ¿Qué sucede en mi instituto para que las cosas terminen así? ¿Por qué mi instituto ha perdido la capacidad de llamar?’. Hay que hacer un verdadero examen de conciencia de la realidad y decir toda la verdad”.

Frente a esa psicología de la supervivencia, el Papa situó la “psicología de la construcción del Reino de Dios, que es una psicología fecunda, muy lejana de la psicología de la supervivencia, que es siempre pesimista, orientada hacia el cementerio”.

Pastores del pueblo y no “pastores populistas”

Por otro lado, el Papa Francisco estableció una diferencia entre los sacerdotes que son pastores del pueblo y los que son pastores populistas.

Al contrario que los sacerdotes populistas, los pastores del pueblo son sacerdotes “cercanos al pueblo para ayudarle a encontrar a Jesucristo”. En cambio, el sacerdote populista esel pastor que es demasiado clerical, que se parece a aquellos fariseos, doctores de la ley de la época de Jesús. Es el sacerdote que dice: ‘Yo estoy aquí y el pueblo allá’”.

El Santo Padre explicó que los pastores deben situarse delante del pueblo, en medio del pueblo y detrás del pueblo.

Los pastores deben estar delante “para ver el camino, para marcar la senda en actitud catequética. Deben estar en medio del pueblo para estar cercano a él. Y también detrás, para ayudar a aquellos que van con retraso y para permitir al pueblo ver qué camino deja”.

Francisco insistió en que un buen pastor “debe estar en movimiento en esos tres puestos”.

Además, recordó que el centro de la espiritualidad del presbítero es la “diocesanidad”. La diocesanidad, explicó, “es una experiencia de pertenencia. Eso significa que tú no eres alguien que va por libre, sino que eres un hombre que pertenece a un cuerpo que es la diocesanidad, la espiritualidad diocesana, el cuerpo presbiteral de la diócesis”.

“Sin cultivar ese espíritu de diocesanidad, nos volvemos más individualistas, más solos, con el peligro de volverse infecundos, o nerviosos, por no decir neuróticos. El sacerdote que está solo, que no tiene una relación con el cuerpo presbiteral, termina mal”, advirtió.

Asimismo, el Papa se refirió a dos vicios que pueden acechar al sacerdote: “uno es el pensar el servicio presbiteral como una carrera eclesiástica. No me refiero a la vocación a la carrera eclesiástica, sino a la ambición. Es una verdadera peste para el presbítero, la del ambicioso. Un ambicioso es capaz de crear mucha discordia en el cuerpo presbiteral”.

“El otro vicio es el de la rumorología”, afirmó, que consiste en decir: “‘De este se dice esto, de ese se dice eso’. Así la fama del hermano sacerdote termina manchada. La rumorología es un vicio que destruye la fama del sacerdote. Es un vicio de clausura, de alma clausurada. La ambición y la rumorología son dos vicios propios del clericalismo”.

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VATICANO, 01 Oct. 17 / 08:40 am (ACI).- El Papa Francisco recibió en audiencia el viernes 29 de septiembre al Arzobispo de Caracas, Cardenal Jorge Urosa Savino, y reiteró su honda preocupación por el pueblo de Venezuela que afronta una grave crisis social, política y económica que obliga a cada vez más personas a salir del país.

En declaraciones a la W Radio de Colombia, el Cardenal Urosa comentó que “el Papa está ciertamente muy pendiente, muy interesado (en Venezuela), así me lo ha confirmado en esta cordial audiencia que me ha concedido”.

El encuentro del Arzobispo con el Santo Padre, continuó, “es un aliento y un motivo para que todos los venezolanos nos unamos en favor de la libertad, la justicia, la democracia, el progreso y en contra de hambre y la opresión”.

El Purpurado resaltó que “el Papa ha mostrado afecto por el pueblo venezolano, por los que están sufriendo, por los más pobres, que son los que están sufriendo más”.

El Cardenal reiteró que el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, aún “insiste en establecer un sistema político y económico fracasado, que ha llevado al país a la ruina, al hambre y a la pobreza extrema a un gran cantidad de personas”.

El Arzobispo de Caracas indicó también que las próximas elecciones de gobernadores el domingo 15 de octubre, permitirán mostrarle al mundo “que el gobierno de Venezuela no tiene apoyo y más bien es rechazado por la gran mayoría de los venezolanos”.

El Santo Padre recibió al Cardenal poco tiempo después de haber presentado su renuncia por haber llegado al límite de edad que establece el Código de Derecho Canónico de 75 años para ejercer el ministerio episcopal.

Ahora es el Papa quien decidirá hasta cuándo estará en el cargo el Cardenal Jorge Urosa.

El Papa Francisco ha expresado en distintas ocasiones su gran preocupación por el pueblo de Venezuela. En su viaje a Colombia reiteró su cercanía al pueblo venezolano y pidió a la ONU intervenir de modo activo para superar la grave crisis.

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