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LIMA, 01 Oct. 17 / 08:13 am (ACI).- Este 1 de octubre la Iglesia inicia la celebración del mes del Santo Rosario, una oración querida por muchos santos a lo largo de la historia y que fue difundida por Santo Domingo de Guzmán por petición de la Santísima Virgen María.

Según cuenta la historia, en la antigüedad romanos y griegos solían coronar con rosas a las estatuas que representaban a sus dioses, como símbolo del ofrecimiento de sus corazones. La palabra “rosario” significa "corona de rosas".

Siguiendo esta tradición, las mujeres cristianas que marchaban al coliseo romano para ser martirizadas, llevaban sobre sus cabezas coronas de rosas como símbolo de alegría y de la entrega de sus corazones para ir al encuentro de Dios. Estas rosas eran recogidas en las noches por los cristianos, quienes recitaban una oración o un salmo por el eterno descanso de las mártires.

La Iglesia recomendó rezar este rosario recitando los 150 salmos de David, sin embargo, esto solo la seguían las personas cultas, pero no la mayoría de los fieles. Ante esto, se sugirió que quienes no supieran leer, reemplazaran los salmos por 150 Avemarías divididas en quince decenas. A este “rosario corto” se le llamó “el salterio de la Virgen”.

Siglos después, específicamente en 1208, se cuenta que la misma Virgen María enseñó a Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores (dominicos), el rezo del Rosario.

El santo español se encontraba entonces en el sur de Francia luchando contra la herejía albigense. Un día, en la capilla que estaba en Prouille, le suplicó a Nuestra Señora que lo ayudara, pues sentía que no estaba logrando casi nada.

La Virgen se le apareció sosteniendo un rosario y le enseñó a recitarlo. Luego le pidió que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias.

Santo Domingo de Guzmán salió de allí lleno de celo, con el rosario en la mano. Efectivamente, lo predicó, y con gran éxito porque muchos albigenses volvieron a la fe católica.

Años después, el 7 de octubre de 1571, tuvo lugar la batalla naval de Lepanto, cuando la cristiandad era amenazada por los turcos. Ante el inminente peligro, el Papa San Pío V pidió días antes a los fieles que rezaran el rosario pidiendo por las fuerzas cristianas.

Cuenta la historia que el Pontífice estaba en Roma despachando asuntos cuando de pronto se levantó y anunció que sabía que la flota cristiana había triunfado. Ordenó el toque de campanas y una procesión. Días más tarde llegaron los mensajeros con la noticia de la victoria. Posteriormente, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias el 7 de octubre.

Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el de Nuestra Señora del Rosario y determinó que se celebrase el primer domingo de octubre (día en que se había ganado la batalla). Actualmente se celebra la fiesta del Rosario el 7 de Octubre y algunos dominicos siguen celebrándola el primer domingo del mes.

Durante siglos los fieles rezaron el rosario dividido en quince misterios: gozosos, dolorosos y gloriosos. Sin embargo, en octubre de 2002 fue presentada la Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, en la que San Juan Pablo II añadió el rezo de cinco “misterios luminosos”, centrados en la vida pública de Jesús.

El Santo Rosario ha sido la oración preferida de muchos santos y pontífices. Así, en octubre de 2016 el Papa Francisco afirmó que “el Rosario es la oración que acompaña siempre mi vida; también es la oración de los sencillos y de los santos… es la oración de mi corazón”.

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BOLOGNA, 01 Oct. 17 / 06:44 am (ACI).- Como en otras ocasiones, el Papa Francisco almorzó con algunos refugiados, pobres y encarcelados, esta vez en Bologna, en la Basílica de San Petronio, y justo antes del mismo ofreció algunas palabras.

“La Iglesia os quiere en el centro. No prepara un puesto cualquiera o distinto: al centro y juntos. La Iglesia es de todos, particularmente de los pobres. Somos todos los invitados, solo por gracia. Es un misterio de amor gratuito de Dios que nos quiere suyos, aquí, no por mérito sino por su amor”.

“Jesús no descarta a ninguno, no desprecia. Él tiene sed y nos pide darle de beber porque camina con nosotros y sufre con nosotros”, añadió.

A su vez, el Papa los invitó a ser generosos con los demás puesto que “nuestra vida es siempre preciosa y todos tenemos alguna cosa que dar a los otros”.

“Al final os será entregado el alimento más precioso, el Evangelio, la Palabra de ese Dios que todos llevamos en el corazón, que para nosotros los cristianos tiene el rostro bueno de Jesús”.

“Tomadlo todos –siguió– y llevadlo como signo, sello personal de amistad de Dios que se hace peregrino y sin puesto para prepararlo a todos”.

Francisco concluyó pidiendo rezar un Padrenuestro.

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REDACCIÓN CENTRAL, 01 Oct. 17 (ACI).- "Quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra", decía Santa Teresa del Niño Jesús o también conocida como Santa Teresa de Lisieux, cuya fiesta se celebra cada 01 de octubre. Es patrona de las misiones y Doctora de la Iglesia.

Santa Teresa vivió solo 24 años: nació un 2 de enero de 1873 y murió el 30 de septiembre de 1897. En su entierro no hubo más de 30 personas en el cementerio de Lisieux. Sin embargo, esta joven santa dejaría un gran legado de amor para la Iglesia que se conocería con el paso del tiempo.

Un año después de su muerte, a partir de sus escritos, se publica un libro “Historia de un alma” que va a conquistar al mundo porque da a conocer lo mucho que había amado esta religiosa a Jesús.

Fue proclamada Doctora de la Iglesia por San Juan Pablo II, quien el 19 de octubre de 1997 dijo: “Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz es la más joven de los ‘Doctores de la Iglesia’, pero su ardiente itinerario espiritual manifiesta tal madurez, y las intuiciones de fe expresadas en sus escritos son tan vastas y profundas, que le merecen un lugar entre los grandes maestros del espíritu”.

“El deseo que Teresa expresó de "pasar su cielo haciendo el bien en la tierra" sigue cumpliéndose de modo admirable. ¡Gracias, Padre, porque hoy nos la haces cercana de una manera nueva, para alabanza y gloria de tu nombre por los siglos!”, concluyó san Juan Pablo II.

Más información en: 

Biografía Alençon (1873 - 1877) Lisieux (1877 - 1888) En el Carmelo. Un camino de soledad (1888 - 1897) Camino espiritual Santidad Doctora de la Iglesia Oración de Santa Teresita del Niño Jesús por los sacerdotes Oración de Santa Teresita a la Virgen Novena de Santa Teresita del Niño Jesús Especial de Santa Teresita del Niño Jesús

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— ACI Prensa (@aciprensa) octubre 1, 2015

 

BOLOGNA, 01 Oct. 17 / 05:40 am (ACI).- Tras el rezo del Ángelus este domingo en Piazza Maggiore de Bologna, Italia, donde se encuentra de visita apostólica, el Papa Francisco dio las gracias por la beatificación del mártir Titus Zeman, que tuvo lugar el sábado 30 de septiembre en Bratislava, Eslovaquia.

“Ayer en Bratislava, Eslovaquia, fue beatificado Titus Zeman, sacerdote salesiano. Se une así a una larga lista de mártires del siglo XX, porque murió en 1969 después de haber estado durante largo tiempo en la cárcel debido a su fe y su servicio pastoral”, explicó el Santo Padre.

“Que su testimonio nos sostenga en los momentos más difíciles de la vida y nos ayude a reconocer, también en la prueba, la presencia del Señor”, pidió.

Titus Zeman falleció víctima de la represión de las autoridades comunistas eslovacas contra la Iglesia Católica.

Nació en Vajnory, cerca de Bratislava, el 4 de enero de 1915. A los 10 años, tras una infancia marcada por los problemas de salud, se cura de improviso por intercesión de la Virgen María, venerada por el pueblo polaco bajo la advocación de Nuestra Señora de los Siete Dolores.

A pesar de las dificultades económicas de su familia, Titus decidió entrar en el seminario para dar respuesta a su vocación sacerdotal. Recibió la ordenación en 1940 en Turín, Italia.

En 1946, bajo la dominación comunista de Eslovaquia, Titus se opone a la eliminación de los crucifijos de las aulas escolásticas, donde impartía clase.

Emprendió una tarea humanitaria a partir de 1950 para llevar a Italia a jóvenes eslovacos. En 1951 es hecho prisionero y acusado de espionaje y traición. Fue condenado a 25 años de cárcel. Cumplió condena en diferentes cárceles hasta que es internado en un centro de gestión de material radioactivo, donde le obligan a trabajar en la trituración manual del uranio. Murió el 8 de enero de 1969.

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Etiquetas: Italia, Mártires, Eslovaquia, Papa Francisco, Comunismo, beatificación

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BOLOGNA, 01 Oct. 17 / 05:26 am (ACI).- En su segundo acto programado en Bologna, el Papa Francisco se reunió en Piazza Maggiore con miembros del mundo del trabajo, sindicalistas, miembros de cooperativas, empresarios y desempleados y, ante ellos, aseguró que tras la crisis económica y el desempleo que afecta a Europa se encuentra una traición al bien común.

El Pontífice observó que los representantes del mundo del trabajo congregados para escucharle pertenecen “a diferentes sectores sociales, a veces en discusión entre ellos, pero habéis entendido que sólo juntos se puede salir de la crisis y construir un futuro. Sólo el diálogo, en las recíprocas competencias, puede permitir encontrar respuestas eficaces e innovadoras para todos, también en la igualdad del trabajo”.

En este sentido, insistió que ante los desafíos que plantea el mundo del trabajo, “existe la necesidad de soluciones estables y capaces de ayudar a mirar al futuro para responder a la necesidad de las personas y de las familias”.

Destacó la cooperación entre diversos entes y realidades, y resaltó los frutos de las experiencias realizadas hasta ahora en este sentido. “En vuestro terreno, desde hace tiempo se desarrolla la experiencia cooperativa que nace del valor fundamental de la solidaridad. Hoy esa experiencia tiene todavía mucho que ofrecer, también para ayudar a tantos que se encuentran en dificultad”.

También pidió anteponer, en las relaciones laborales y empresariales, la solidaridad y el bien común a los beneficios económicos: “No pleguemos nunca la solidaridad a la lógica del beneficio financiero”.

“Buscar una sociedad más justa no es un sueño del pasado, sino un empeño, un trabajo que hoy tiene necesidad de todos”, aseguró.

El Santo Padre se mostró especialmente preocupado por el desempleo que afecta a los jóvenes. “La situación del desempleo juvenil y de tantos que han perdido el trabajo y no consiguen reinsertarse en el mundo del trabajo, es una realidad a la cual no podemos habituarnos, tratándola como si solo fuese una estadística”, afirmó.

Recordó que “la lucha contra la pobreza se realiza en gran parte por medio del trabajo. No se ofrece una verdadera ayuda a los pobres sin que puedan encontrar trabajo y dignidad. Se trata de un desafío apasionante, como en los años de la reconstrucción después de la guerra, que tanta pobreza dejó”.

El Obispo de Roma se refirió a los retos que entraña la crisis económica, cuyos efectos se siguen notando con gran virulencia en diversos lugares de Europa.

“La crisis económica tiene una dimensión europea y global y, como sabemos, se trata también de una crisis ética, espiritual y humana”, indicó. “En su raíz se encuentra una traición al bien común, tanto por parte de personas individuales como de grupos de poder. Es necesario, por lo tanto, quitarle la centralidad a la ley del beneficio, y asignársela a la persona y al bien común”.

Sin embargo, “para que esa centralidad sea real, efectiva, no puede ser solamente proclamada de palabra, sino que necesita aumentar las oportunidades de un trabajo digno. Se trata de una tarea que corresponde a la sociedad entera”.

Por último, el Obispo de Roma se refirió al humanismo como fuente de la que beben unas correctas relaciones laborales orientadas a la persona y al bien común.

Francisco observó que en la plaza en la que se encontraban se situaban tres edificios emblemáticos: la iglesia, la sede del ayuntamiento y la Universidad. “Cuando estos tres entes dialogan y colaboran entre ellos, se refuerza el precioso humanismo que la ciudad expresa y respira, tiene un horizonte y no tiene miedo de afrontar los desafíos que se le presenta”.

“Os animo a valorar este humanismo del cual sois depositarios para encontrar soluciones sabias y con amplitud de miras para resolver los complejos problemas de nuestro tiempo”.

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BOLOGNA, 01 Oct. 17 / 04:38 am (ACI).- Apenas dos horas después de su llegada a Cesena, el Papa Francisco se trasladó de nuevo en helicóptero hasta Bolonia. Allí se reunió en primer lugar con unos mil inmigrantes y personas que desarrollan servicio de asistencia de uno de los centros que se hace cargo de ellos.

“La integración inicia con la conciencia” y “el contacto con el otro lleva a descubrir el ‘secreto’ que cada uno leva con sí y también el don que representa, a abrirse a él para acoger los aspectos válidos, aprendiendo así a querer bien y venciendo el miedo, ayudándolo a integrarse en la nueva comunidad que lo acoge”, dijo el Papa.

“Quiero llevar conmigo vuestros rostros que piden ser recordados, ayudados, diría ‘adoptados’”, afirmó.

El Santo Padre los llamó “luchadores de la esperanza”: “alguno no ha llegado porque ha sigo engullido por el desierto o el mar. Los hombres no los recuerdan, pero Dios conoce sus nombres y los acoge junto a él”. A cotninuación, pidió guardar algunos minutos de silencio para recordar a todas las víctimas.

“Sin la misericordia el otro es un extraño, incluso un enemigo, y no puede ser mi prójimo. Desde lejos podemos decir y pensar lo que sea, como fácilmente acontece cuando se escriben frases terribles e insultos vía internet”, aseguró el Papa.

Por eso, “si miramos al prójimo sin misericordia, no nos damos cuenta de su sufrimiento y de sus problemas”.

El Papa saludó a muchos de ellos, deteniéndose a saludarlos y haciéndose fotos con los que se lo pedían. Media hora después de su llegada, pronunció su discurso en el que habló en concreto sobre el fenómeno migratorio, indicó que “requiere visión y gran determinación en la gestión, inteligencia y estructuras, mecanismos claros que no permiten distorsiones o explotación”.

Francisco volvió a revalidar su postura sobre la necesidad de “programas de ayuda privados y comunitarios a la acogida y se abran corredores humanitarios para los refugiados en situaciones más difíciles, para evitar esperas insoportables y tiempos perdidos”.

En la última parte del discurso, recordó que “la Iglesia es una madre que no hace distinción y que ama a cada hombre como hijo de Dios, su imagen”.

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CESENA, 01 Oct. 17 / 02:45 am (ACI).- En un encuentro con sacerdotes, consagrados y laicos de la Diócesis de Cesena-Sarsina, Italia, el Papa Francisco destacó la importancia de la oración en la evangelización: “la oración es la fuerza de nuestra misión”, afirmó.

En este encuentro, que tuvo lugar en la Catedral de Cesena, el Santo Padre hizo hincapié en la necesidad de curar las llagas de Jesús “visibles en muchos hombres y mujeres que viven al margen de la sociedad: marcados por el sufrimiento, por el dolor, por el abandono, por la pobreza. Personas heridas por la dura prueba de la vida, que son humilladas, que se encuentran en la cárcel, en el hospital…”.

“Mirando con respeto y amor a las personas –afirmó el Papa– podemos hacer la revolución de la ternura”.

Francisco indicó que “curando con ternura estas llagas, con frecuencia no solo corporales, sino también espirituales, somos purificados y transformados en la misericordia de Dios. Juntos, pastores y fieles laicos, experimentamos la gracia de ser humildes y generosos portadores de la luz y de la fortaleza del Evangelios”.

El Obispo de Roma insistió en que para poder acercarse a los que sufren y curar su alma “es necesario reservar un adecuado espacio a la oración y a la meditación de la Palabra de Dios: la oración es la fuerza de nuestra misión, como recientemente nos ha mostrado Santa Teresa de Calcuta”.

“El encuentro constante con el Señor en la oración se vuelve indispensable tanto para los sacerdotes como para las personas consagradas, y para los trabajadores pastorales, llamados a salir de su parcela e ir hacia las periferias existenciales”.

Este encuentro en la Catedral de Cesena se produce en el contexto de la visita pastoral que el Santo Padre realiza este domingo 1 de octubre a las localidades italianas de Cesena y Bolonia.

Tras un primer encuentro que mantuvo con los ciudadanos de Cesena en la Plaza del Pueblo, el Papa se trasladó a la Catedral para encontrarse con el clero, los consagrados, los laicos de los Consejos Pastorales, los miembros de la Curia y representantes de las Parroquias de la Diócesis.

A su llegada a la Catedral, un grupo de niños y jóvenes recibió al Santo Padre, posteriormente, antes de pronunciar su discurso, rezó brevemente ante el Santísimo Sacramento y saludó a un grupo de enfermos.

En su discurso ante los miembros del clero, de la curia diocesana, de los consagrados y de los laicos, Francisco subrayó que “la principal misión de los discípulos de Cristo es anunciar y testimoniar con alegría el Evangelio”.

Además, recordó que “la evangelización es más eficaz cuando actúa con unidad de acción y con colaboración sincera entre las diferentes realidades eclesiales y entre los diferentes sujetos pastorales que encuentran en el Obispo el punto de referencia y cohesión”.

“Mientras el empuje apostólico nos lleva a salir, sentimos la profunda necesidad de permanecer fuertemente unidos al centro de la fe y de la misión: el corazón de Cristo, lleno de misericordia y de amor”.

El Pontífice habló también de la importancia de la evangelización de los jóvenes, que están “entre aquellos que más necesitan experimentar el amor de Jesús”. Aseguró que “la Iglesia los tiene muy en cuenta, y es consciente de sus grandes recursos, de su tendencia al bien, a lo bello, a la libertad auténtica, a la justicia”.

Los jóvenes “tienen necesidad de recibir ayuda para descubrir los dones con los que el Señor los ha dotado, animados a no temer ante los grandes desafíos del momento presente. Por eso os animo a encontrarlos, a escucharlos, a caminar con ellos, para que puedan encontrar a Cristo y su liberador mensaje de amor”.

El Papa animó a los jóvenes a hablar con los ancianos, con los abuelos. “Los ancianos deben darnos a todos nosotros, especialmente a los jóvenes, la sabiduría de la vida. Ese diálogo hará milagros”.

Por otro lado, Francisco animó también a impulsar el trabajo con las familias, “es un trabajo que el Señor nos pide hacer de forma especial en este tiempo que es un tiempo difícil tanto para la familia como institución y célula base de la sociedad, como para las familias concretas, que soportan buena parte del peso de la crisis socio económica sin recibir a cambio un adecuado apoyo”.

El Santo Padre se dirigió a las familias y recordó a los padres la necesidad de dedicar tiempo a los hijos, “de perder su tiempo jugando con los hijos. Eso es importante”.

Por último, el Papa se dirigió de forma específica a los sacerdotes y les recordó que “se os ha confiado el ministerio del encuentro con Cristo. Ello presupone vuestro encuentro cotidiano con Él, vuestro ser con Él. Os deseo que descubráis continuamente, en las diversas etapas del camino personal y ministerial, la alegría de ser sacerdotes, de ser llamados por el Señor a seguirlo para llevar su palabra, su perdón, su amor, su gracia”.

Como en anteriores encuentros con el clero, consagrados y laicos, el Papa reconoció que en el caminar juntos del anuncio del Evangelio pueden surgir incomprensiones, “y cuando surjan incomprensiones, hablad entre vosotros, o hablad con el párroco para que os ayude. Pero nunca difundáis rumores ¡Nunca! Los rumores destruyen una comunidad. Los rumores son un acto terrorista”.

Animó a sacerdotes y consagrados a no perder la alegría, “tantas veces la gente encuentra sacerdotes tristes. Cuando encuentro un sacerdote triste pienso ‘¿y tú qué has desayunado? ¿Café o vinagre?’”.

La llamada del Señor “¡es una llamada que nunca deja de sorprendernos!”, concluyó.

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