Artículos Recientes

Malmö, 01 Nov. 16 / 07:39 am (ACI).- Ante la multitud congregada en el estadio de Malmö, Suecia, para asistir a la Misa con motivo de la Fiesta de Todos los Santos, el Papa Francisco rezó el Ángelus del domingo.

El Santo Padre destacó que “como católicos formamos parte de una gran familia, sostenida por una misma comunión”.

El Papa animó a los miles de asistentes “a vivir su fe en la oración, en los Sacramentos y en el servicio generoso ante quien tiene necesidad y sufre. Los aliento a ser sal y luz en medio de las circunstancias que les toca vivir, con su modo de ser y actuar, al estilo de Jesús, y con gran respeto y solidaridad con los hermanos y hermanas de las otras iglesias y comunidades cristianas y con todas las personas de buena voluntad”.

El Santo Padre agradeció las palabras y la acogida del Obispo de Estocolmo, Mons. Anders Arborelius, así como a las autoridades civiles y a todos los que participaron en la organización y desarrollo de la visita, por su esfuerzo.

“Saludo cordialmente al Presidente y al Secretario General de la Federación Luterana Mundial, y al Arzobispo de la Iglesia de Suecia. Saludo a los miembros de las delegaciones ecuménicas y del Cuerpo Diplomático presentes para esta ocasión; y a todos los que han deseado unirse a nosotros en esta celebración Eucarística”, señaló.

Francisco recordó que “en nuestra vida no estamos solos, tenemos siempre el auxilio y la compañía de la Virgen María, que se nos presenta hoy como la primera entre los Santos, la primera discípula del Señor".

"Nos abandonamos a su protección y le presentamos nuestras penas y alegrías, nuestros temores y anhelos. Todo lo ponemos bajo su amparo, con la seguridad de que nos mira y nos cuida con amor de madre”.

Además, dio gracias a Dios “por haberme dado la oportunidad de venir a esta tierra y encontrarme con ustedes, muchos de los cuales provienen de diversas partes del mundo”.

Finalmente pidió a los fieles presentes que oren por él: “queridos hermanos, les pido que no olviden rezar por mí. Yo los tengo también muy presentes en mi oración”.

También te puede interesar: 

Etiquetas: Vaticano, Ángelus, Papa Francisco, Suecia, Visita Apostólica, Todos los Santos, viaje del Papa Francisco, Viaje del Papa Francisco a Suecia, viaje apostólico

Let's block ads! (Why?)

Malmö, 01 Nov. 16 (ACI).- El Papa Francisco concluyó su visita a Suecia con una Misa con motivo de la Fiesta de Todos los Santos en el estadio de Malmö, en la que participaron miles de católicos

“Las bienaventuranzas son de alguna manera el carné de identidad del cristiano, que lo identifica como seguidor de Jesús. Estamos llamados a ser bienaventurados, seguidores de Jesús, afrontando los dolores y angustias de nuestra época con el espíritu y el amor de Jesús”, explicó en la homilía el Papa.

A continuación, el texto completo de la homilía:

Con toda la Iglesia celebramos hoy la solemnidad de Todos los Santos. Recordamos así, no sólo a aquellos que han sido proclamados santos a lo largo de la historia, sino también a tantos hermanos nuestros que han vivido su vida cristiana en la plenitud de la fe y del amor, en medio de una existencia sencilla y oculta. Seguramente, entre ellos hay muchos de nuestros familiares, amigos y conocidos.

Celebramos, por tanto, la fiesta de la santidad. Esa santidad que, tal vez, no se manifiesta en grandes obras o en sucesos extraordinarios, sino la que sabe vivir fielmente y día a día las exigencias del bautismo. Una santidad hecha de amor a Dios y a los hermanos. Amor fiel hasta el olvido de sí mismo y la entrega total a los demás, como la vida de esas madres y esos padres, que se sacrifican por sus familias sabiendo renunciar gustosamente, aunque no sea siempre fácil, a tantas cosas, a tantos proyectos o planes personales.

Pero si hay algo que caracteriza a los santos es que son realmente felices. Han encontrado el secreto de esa felicidad auténtica, que anida en el fondo del alma y que tiene su fuente en el amor de Dios. Por eso, a los santos se les llama bienaventurados. Las bienaventuranzas son su camino, su meta, su patria. Las bienaventuranzas son el camino de vida que el Señor nos enseña, para que sigamos sus huellas. En el Evangelio de hoy, hemos escuchado cómo Jesús las proclamó ante una gran muchedumbre en un monte junto al lago de Galilea.

Las bienaventuranzas son el perfil de Cristo y, por tanto, lo son del cristiano. Entre todas ellas, quisiera destacar una: «Bienaventurados los mansos». Jesús dice de sí mismo: «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29). Este es su retrato espiritual y nos descubre la riqueza de su amor. La mansedumbre es un modo de ser y de vivir que nos acerca a Jesús y nos hace estar unidos entre nosotros; logra que dejemos de lado todo aquello que nos divide y enfrenta, y se busquen modos siempre nuevos para avanzar en el camino de la unidad, como hicieron hijos e hijas de esta tierra, entre ellos santa María Elisabeth Hesselblad, recientemente canonizada, y santa Brígida, Brigitta Vadstena, copatrona de Europa. Ellas rezaron y trabajaron para estrechar lazos de unidad y comunión entre los cristianos. Un signo muy elocuente es el que sea aquí, en su País, caracterizado por la convivencia entre poblaciones muy diversas, donde estemos conmemorando conjuntamente el quinto centenario de la Reforma. Los santos logran cambios gracias a la mansedumbre del corazón. Con ella comprendemos la grandeza de Dios y lo adoramos con sinceridad; y además es la actitud del que no tiene nada que perder, porque su única riqueza es Dios.

Las bienaventuranzas son de alguna manera el carné de identidad del cristiano, que lo identifica como seguidor de Jesús. Estamos llamados a ser bienaventurados, seguidores de Jesús, afrontando los dolores y angustias de nuestra época con el espíritu y el amor de Jesús. Así, podríamos señalar nuevas situaciones para vivirlas con el espíritu renovado y siempre actual: Bienaventurados los que soportan con fe los males que otros les infligen y perdonan de corazón; bienaventurados los que miran a los ojos a los descartados y marginados mostrándoles cercanía; bienaventurados los que reconocen a Dios en cada persona y luchan para que otros también lo descubran; bienaventurados los que protegen y cuidan la casa común; bienaventurados los que renuncian al propio bienestar por el bien de otros; bienaventurados los que rezan y trabajan por la plena comunión de los cristianos... Todos ellos son portadores de la misericordia y ternura de Dios, y recibirán ciertamente de él la recompensa merecida.

Queridos hermanos y hermanas, la llamada a la santidad es para todos y hay que recibirla del Señor con espíritu de fe. Los santos nos alientan con su vida e intercesión ante Dios, y nosotros nos necesitamos unos a otros para hacernos santos. Juntos pidamos la gracia de acoger con alegría esta llamada y trabajar unidos para llevarla a plenitud. A nuestra Madre del cielo, Reina de todos los Santos, le encomendamos nuestras intenciones y el diálogo en busca de la plena comunión de todos los cristianos, para que seamos bendecidos en nuestros esfuerzos y alcancemos la santidad en la unidad.

También te puede interesar: 

Papa Francisco en Todos los Santos: Las Bienaventuranzas son el camino de la vida https://t.co/YOrjtAUJqx

— ACI Prensa (@aciprensa) 1 de noviembre de 2016

 

Malmö, 01 Nov. 16 / 05:05 am (ACI).- El Papa Francisco concluyó su visita a Suecia con una Misa con motivo de la Fiesta de Todos los Santos en el estadio de Malmö, en la que participaron miles de católicos

“Las bienaventuranzas son de alguna manera el carné de identidad del cristiano, que lo identifica como seguidor de Jesús. Estamos llamados a ser bienaventurados, seguidores de Jesús, afrontando los dolores y angustias de nuestra época con el espíritu y el amor de Jesús”, explicó en la homilía el Papa.

A continuación, el texto completo de la homilía:

Con toda la Iglesia celebramos hoy la solemnidad de Todos los Santos. Recordamos así, no sólo a aquellos que han sido proclamados santos a lo largo de la historia, sino también a tantos hermanos nuestros que han vivido su vida cristiana en la plenitud de la fe y del amor, en medio de una existencia sencilla y oculta. Seguramente, entre ellos hay muchos de nuestros familiares, amigos y conocidos.

Celebramos, por tanto, la fiesta de la santidad. Esa santidad que, tal vez, no se manifiesta en grandes obras o en sucesos extraordinarios, sino la que sabe vivir fielmente y día a día las exigencias del bautismo. Una santidad hecha de amor a Dios y a los hermanos. Amor fiel hasta el olvido de sí mismo y la entrega total a los demás, como la vida de esas madres y esos padres, que se sacrifican por sus familias sabiendo renunciar gustosamente, aunque no sea siempre fácil, a tantas cosas, a tantos proyectos o planes personales.

Pero si hay algo que caracteriza a los santos es que son realmente felices. Han encontrado el secreto de esa felicidad auténtica, que anida en el fondo del alma y que tiene su fuente en el amor de Dios. Por eso, a los santos se les llama bienaventurados. Las bienaventuranzas son su camino, su meta, su patria. Las bienaventuranzas son el camino de vida que el Señor nos enseña, para que sigamos sus huellas. En el Evangelio de hoy, hemos escuchado cómo Jesús las proclamó ante una gran muchedumbre en un monte junto al lago de Galilea.

Las bienaventuranzas son el perfil de Cristo y, por tanto, lo son del cristiano. Entre todas ellas, quisiera destacar una: «Bienaventurados los mansos». Jesús dice de sí mismo: «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29). Este es su retrato espiritual y nos descubre la riqueza de su amor. La mansedumbre es un modo de ser y de vivir que nos acerca a Jesús y nos hace estar unidos entre nosotros; logra que dejemos de lado todo aquello que nos divide y enfrenta, y se busquen modos siempre nuevos para avanzar en el camino de la unidad, como hicieron hijos e hijas de esta tierra, entre ellos santa María Elisabeth Hesselblad, recientemente canonizada, y santa Brígida, Brigitta Vadstena, copatrona de Europa. Ellas rezaron y trabajaron para estrechar lazos de unidad y comunión entre los cristianos. Un signo muy elocuente es el que sea aquí, en su País, caracterizado por la convivencia entre poblaciones muy diversas, donde estemos conmemorando conjuntamente el quinto centenario de la Reforma. Los santos logran cambios gracias a la mansedumbre del corazón. Con ella comprendemos la grandeza de Dios y lo adoramos con sinceridad; y además es la actitud del que no tiene nada que perder, porque su única riqueza es Dios.

Las bienaventuranzas son de alguna manera el carné de identidad del cristiano, que lo identifica como seguidor de Jesús. Estamos llamados a ser bienaventurados, seguidores de Jesús, afrontando los dolores y angustias de nuestra época con el espíritu y el amor de Jesús. Así, podríamos señalar nuevas situaciones para vivirlas con el espíritu renovado y siempre actual: Bienaventurados los que soportan con fe los males que otros les infligen y perdonan de corazón; bienaventurados los que miran a los ojos a los descartados y marginados mostrándoles cercanía; bienaventurados los que reconocen a Dios en cada persona y luchan para que otros también lo descubran; bienaventurados los que protegen y cuidan la casa común; bienaventurados los que renuncian al propio bienestar por el bien de otros; bienaventurados los que rezan y trabajan por la plena comunión de los cristianos... Todos ellos son portadores de la misericordia y ternura de Dios, y recibirán ciertamente de él la recompensa merecida.

Queridos hermanos y hermanas, la llamada a la santidad es para todos y hay que recibirla del Señor con espíritu de fe. Los santos nos alientan con su vida e intercesión ante Dios, y nosotros nos necesitamos unos a otros para hacernos santos. Juntos pidamos la gracia de acoger con alegría esta llamada y trabajar unidos para llevarla a plenitud. A nuestra Madre del cielo, Reina de todos los Santos, le encomendamos nuestras intenciones y el diálogo en busca de la plena comunión de todos los cristianos, para que seamos bendecidos en nuestros esfuerzos y alcancemos la santidad en la unidad.

También te puede interesar: 

Let's block ads! (Why?)

Malmö, 01 Nov. 16 / 04:42 am (ACI).- Miles de fieles participaron en la Misa que el Papa Francisco presidió en el estadio de Malmö en Suecia con motivo de la Fiesta de Todos los Santos. En la homilía que pronunció, el Pontífice explicó que la principal característica de los santos es la alegría y afirmó que “las bienaventuranzas son el perfil de Cristo y, por tanto, lo son del cristiano.”

“Los santos logran cambios gracias a la mansedumbre del corazón. Con ella comprendemos la grandeza de Dios y lo adoramos con sinceridad; y además es la actitud del que no tiene nada que perder, porque su única riqueza es Dios”, afirmó.

Con esta fiesta “recordamos así, no sólo a aquellos que han sido proclamados santos a lo largo de la historia, sino también a tantos hermanos nuestros que han vivido su vida cristiana en la plenitud de la fe y del amor, en medio de una existencia sencilla y oculta. Seguramente, entre ellos hay muchos de nuestros familiares, amigos y conocidos”.

Francisco recordó que es “la fiesta de la santidad”, una santidad “que tal vez no se manifiesta en grandes obras o en sucesos extraordinarios, sino la que sabe vivir fielmente y día a día las exigencias del bautismo. Una santidad hecha de amor a Dios y a los hermanos. Amor fiel hasta el olvido de sí mismo y la entrega total a los demás, como la vida de esas madres y esos padres, que se sacrifican por sus familias sabiendo renunciar gustosamente, aunque no sea siempre fácil, a tantas cosas, a tantos proyectos o planes personales”.

La caracteriza de los santos “es que son realmente felices” y que “tiene su fuente en el amor de Dios”. “Por eso, a los santos se les llama bienaventurados. Las bienaventuranzas son su camino, su meta, su patria. Las bienaventuranzas son el camino de vida que el Señor nos enseña, para que sigamos sus huellas”, dijo respecto al Evangelio del día.

El Pontífice aseguró que “las bienaventuranzas son de alguna manera el carné de identidad del cristiano, que lo identifica como seguidor de Jesús” y manifestó que “estamos llamados a ser bienaventurados, seguidores de Jesús, afrontando los dolores y angustias de nuestra época con el espíritu y el amor de Jesús”.

Entre todas ellas, el Papa destacó ·Bienaventurados los mansos· y explicó que “la mansedumbre es un modo de ser y de vivir que nos acerca a Jesús y nos hace estar unidos entre nosotros; logra que dejemos de lado todo aquello que nos divide y enfrenta, y se busquen modos siempre nuevos para avanzar en el camino de la unidad”.

Etiquetas: Misa, Homilías del Papa Francisco, Bienaventuranzas, Suecia, Todos los Santos, viaje del Papa Francisco, Viaje del Papa Francisco a Suecia

Let's block ads! (Why?)

Malmö, 01 Nov. 16 (ACI).- Miles de fieles participaron en la Misa que el Papa Francisco presidió en el estadio de Malmö en Suecia con motivo de la Fiesta de Todos los Santos. En la homilía que pronunció, el Pontífice explicó que la principal característica de los santos es la alegría y afirmó que “las bienaventuranzas son el perfil de Cristo y, por tanto, lo son del cristiano.”

“Los santos logran cambios gracias a la mansedumbre del corazón. Con ella comprendemos la grandeza de Dios y lo adoramos con sinceridad; y además es la actitud del que no tiene nada que perder, porque su única riqueza es Dios”, afirmó.

Con esta fiesta “recordamos así, no sólo a aquellos que han sido proclamados santos a lo largo de la historia, sino también a tantos hermanos nuestros que han vivido su vida cristiana en la plenitud de la fe y del amor, en medio de una existencia sencilla y oculta. Seguramente, entre ellos hay muchos de nuestros familiares, amigos y conocidos”.

Francisco recordó que es “la fiesta de la santidad”, una santidad “que tal vez no se manifiesta en grandes obras o en sucesos extraordinarios, sino la que sabe vivir fielmente y día a día las exigencias del bautismo. Una santidad hecha de amor a Dios y a los hermanos. Amor fiel hasta el olvido de sí mismo y la entrega total a los demás, como la vida de esas madres y esos padres, que se sacrifican por sus familias sabiendo renunciar gustosamente, aunque no sea siempre fácil, a tantas cosas, a tantos proyectos o planes personales”.

La caracteriza de los santos “es que son realmente felices” y que “tiene su fuente en el amor de Dios”. “Por eso, a los santos se les llama bienaventurados. Las bienaventuranzas son su camino, su meta, su patria. Las bienaventuranzas son el camino de vida que el Señor nos enseña, para que sigamos sus huellas”, dijo respecto al Evangelio del día.

El Pontífice aseguró que “las bienaventuranzas son de alguna manera el carné de identidad del cristiano, que lo identifica como seguidor de Jesús” y manifestó que “estamos llamados a ser bienaventurados, seguidores de Jesús, afrontando los dolores y angustias de nuestra época con el espíritu y el amor de Jesús”.

Entre todas ellas, el Papa destacó ·Bienaventurados los mansos· y explicó que “la mansedumbre es un modo de ser y de vivir que nos acerca a Jesús y nos hace estar unidos entre nosotros; logra que dejemos de lado todo aquello que nos divide y enfrenta, y se busquen modos siempre nuevos para avanzar en el camino de la unidad”.

LIMA, 01 Nov. 16 / 03:05 am (ACI).- El P. Carlos Rosell, rector del Seminario Santo Toribio de Mogrovejo de la Arquidiócesis de Lima (Perú), explicó cuál es el trato correcto que deben tener los fieles para con sus difuntos, y explicó que el “llamar” a los difuntos para tratar de hablar con ellos es un pecado.

En declaraciones a ACI Prensa, el también miembro de la Comisión Arquidiocesana Para la Doctrina de la Fe de la Arquidiócesis de Lima, señaló que la palabra “espíritus” es un término muy amplio, que incluye incluso a los ángeles, buenos y malos, así como a los difuntos.

“Cuando se dice voy a evocar espíritus podría entenderse ‘voy a evocar a los ángeles caídos’, pecado muy grave, pero también ‘voy a evocar a mis difuntos’, pecado grave”, advirtió.

El P. Rosell señaló que “lo que uno debe hacer con sus difuntos es rezar por ellos y punto. Todo lo demás viene del maligno”.

Lo que la Iglesia nos enseña sobre el “más allá”, dijo el sacerdote peruano, es “a invocar a los santos, que son nuestros amigos, sobre todo a pedirles mucho a pedirle mucho a la Virgen María Nuestra Madre para que vivamos en Gracia de Dios”.

“También la Iglesia nos enseña a ofrecer la Santa Misa por nuestros difuntos”, recordó.

“Nosotros podemos ayudar a las almas del purgatorio rezando por ellas, es lo que se llaman los sufragios. Y también la Iglesia nos habla del infierno no para meternos miedo sino para decirnos que podemos perder el cielo si usamos mal nuestra libertad”, señaló.

El P. Rosell advirtió también que “quienes hacen lo que se denomina la evocación de espíritus están jugando a ser Dios. Dios es el Señor del más allá, y la manera correcta de relacionarnos con los difuntos no es a través de la evocación, es a través de la oración”.

“Si son santos los invocamos para que nos ayuden”, explicó, mientras que “si no sabemos si nuestros difuntos están en el cielo, lo que debemos de hacer es rezar por ellos, sobre todo ofrecer la Santa Misa”.

“Esa es la manera correcta de relacionarnos con el más allá”, aseguró el rector del seminario de Lima, pues “otras formas de relacionarnos con nuestros difuntos, como el espiritismo, son puertas abiertas para llamar al maligno”.

“El maligno se sirve de esas técnicas de invocación para entrar en la vida de una persona y arruinarla”, señaló.

Let's block ads! (Why?)

ROMA, 01 Nov. 16 (ACI/EWTN Noticias).- Con ocasión de la fiesta de Todos los Santos, la Diócesis de Roma repartió el 1 de noviembre de 2014 en todos los cementerios de la ciudad un folleto titulado “Haz una oración por tus difuntos”, cuyo objetivo es recordar a los fieles el significado cristiano de visitar a los difuntos y orar por sus almas.

“La visita al cementerio no se puede reducir solo a la limpieza de las tumbas y llevar flores u otro objeto, sino que es el momento favorable para una pausa de silencio y de oración”, afirmó mediante un comunicado el director de la Oficina Litúrgica del Vicariato de Roma, P. Giuseppe Midili.

Para el P. Midili los símbolos de la fe, aunque perduran en la iconografía cristiana en los sepulcros, a veces se convierten en signos convencionales que parecen no decir nada a los parientes y amigos del difunto.

“Y así, en las tumbas se ponen otros objetos, considerados quizá más expresivos y verdaderos: un peluche, escritos, incluso bufandas de clubes de fútbol; las fotos se convierte en un gran cartel que satura toda la lápida inmortalizando un momento feliz de aquella vida que se fue. Y quizá, precisamente esta consciencia, unida a un gran dolor, empuja a alguno a buscar formas de sepultura alternativas, desde la conservación en casa de las urnas funerarias hasta la dispersión de estas en la naturaleza”, explicó.

Desde el silencio del cementerio, el religioso carmelita invita “a alzar la mirada al cielo, dirigirnos al futuro, y descubrir el sentido de la vida, que no se nos quita, sino que es transformada, y encuentra en Dios una plenitud que ni siquiera podemos imaginar, más hermosa que el mejor instante terrenal”.

El P. Midili aconseja aprovechar la fiesta de Todos los Santos para hacer una pausa con toda la familia, también con los hijos y nietos, y unirse en el recuerdo de quienes tocaron nuestras vidas y orando por las almas de los difuntos que ya nadie recuerda.

“Como cristianos estamos llamados a testimoniar la fe en Cristo resucitado, primicia de una entera humanidad llamada a la vida que no termina… Por eso la Iglesia nos llama a practicar y animar la visita al cementerio. Lugar de memoria, de esperanza, privilegiado para un serio examen de consciencia sobre el espesor de nuestra fe, puesta ante la roca inevitable de la muerte”, concluyó.

Diocesis de Celaya

Forma de Contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Con tecnología de Blogger.
Javascript DesactivadoPor favor, active Javascript para ver todos los Widgets