Venezuela necesita ser refundada para salir de la crisis, afirman obispos

Al concluir su 117° asamblea plenaria, realizada del 7 al 12 de enero, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) alentó a los ciudadanos a “refundar la nación” para superar la grave crisis social, económica, política y de toda índole que atraviesa el país, gobernado por Nicolás Maduro.

En un mensaje titulado “Que tu gran amor, Señor, nos acompañe, tal como lo esperamos de ti”, los obispos venezolanos alentaron a sus compatriotas a trabajar por el bien común, superando las divisiones y enemistades para asumir “su compromiso histórico con Venezuela”, de modo que “nadie se sienta excluido de este llamado por el bien de la familia y el pueblo”.

“Como Episcopado, en uno de nuestros comunicados, propusimos la necesidad de refundar la nación. La fundamentación de esta propuesta la asumimos desde el principio cristiano de la ‘Encarnación’”.

Los obispos recordaron que “así como el Hijo de Dios se hizo hombre y asumió toda la dinámica humana para lograr una ‘nueva creación’, cuyo efecto primero fue la transformación del ser humano al hacerlo hijo de Dios, hombre nuevo, marcado por la pascua liberadora, así también lo humano, como condición de lo social, debe ser refundado desde los valores y principios que permiten la construcción del bien común, recuperando los valores de la verdad, la justicia, la solidaridad, la responsabilidad, la honestidad, la cultura del trabajo productivo”.

Los prelados dijeron que “la refundación de la nación también implica: la inclusión de los pobres y necesitados como sujetos de su desarrollo; recuperar la convivencia fraterna a través de la promoción permanente y efectiva del diálogo; realizar negociaciones claras y justas en favor del pueblo; promover la familia y la educación; renovar los partidos políticos y los liderazgos que no han permitido un discernimiento político centrado en las exigencias actuales”.

Todo esto, precisaron, debe realizarse “haciendo uso de los mecanismos previstos en la Constitución Nacional y las leyes para resolver los problemas que humillan y cierran posibilidades de vivir con calidad y en Estado de derecho”.

“Es el momento de caminar todos juntos en la construcción de un país donde haya oportunidades para todos, de tal forma que quienes se han ido puedan tener la oportunidad de regresar y volver a la unidad familiar y como nación”, resaltaron.

La grave crisis

Uno de los desafíos a los que se enfrentan los venezolanos es la actual pandemia del COVID-19, por lo que alentaron a sus compatriotas a vacunarse.

Los obispos recordaron uno de sus comunicados previos, en el que señalaban que “el pueblo venezolano vive una situación dramática y de extrema gravedad por el deterioro del respeto a sus derechos y de su calidad de vida, sumido en una creciente pobreza y sin tener a quien acudir. Es un pecado que clama al cielo querer mantener a toda costa el poder y pretender prolongar el fracaso e ineficiencia de estas últimas décadas: ¡es moralmente inaceptable!”.

Los prelados destacaron luego tres realidades “tristes y escandalosas”: “El desmantelamiento de las instituciones democráticas y de las empresas del Estado; el dramático éxodo debido a la emigración forzada de cerca de seis millones de compatriotas expatriados por falta de oportunidades de desarrollo en el país, sobre todo jóvenes en edad productiva; la pobreza de la gran mayoría de nuestro pueblo, con particular acento en la desnutrición de la infancia y las situaciones de injusticias que viven las personas de avanzada edad”.

Los obispos advirtieron que todo esto tiene “un objetivo de fondo: convertir al ser humano, creado por Dios como ser libre y responsable, en simple ejecutor de centros idolátricos de poder”.

Los prelados venezolanos también denunciaron que en los últimos tiempos aparecen inversiones que solo benefician “a pocas personas o grupos de inversionistas en áreas poco accesibles a la mayoría empobrecida de la población”, como “casinos y casas de juego, bodegones, restaurantes y hoteles, edificios y casas ostentosas”.

Los obispos también recordaron la importancia de rescatar la educación para formar a las futuras generaciones; así como la promoción de la democracia. “Cuando una ideología se antepone como un sistema de poder, que violenta los derechos humanos y rechaza la dignidad de la persona, genera injusticia y violencia institucional”, alertaron.

Los prelados lamentaron el escenario hostil de las elecciones del 21 de noviembre, poniendo como ejemplo lo sucedido en el estado Barinas.

“Anular unas elecciones que ya tenían ganador, volver a pedir que se repitieran, inhabilitar a candidatos, el colocar a dedo a un candidato oficialista sin tomar en cuenta las bases del partido, utilizar los recursos del Estado a la vista de todo el pueblo para hacer campaña en favor de ese candidato, son algunas de las anomalías sucedidas”, señalaron.

Sin embargo, dijeron los obispos, “el pueblo de Barinas mostró su nobleza y su deseo de cambio en favor de la libertad y del desarrollo humano integral de esa importante región”.

Signos de esperanza

Pese a todo, “podemos constatar que hay signos de luz y de esperanza en medio de nuestro pueblo. Es alentador observar cómo se han conformado redes de ayuda médica y de solidaridad con los enfermos y los más necesitados”, resaltaron los obispos.

“La Iglesia, a través de Cáritas y otros organismos eclesiales, ha dado respuestas oportunas a las diversas necesidades de la población. Se ha despertado la solidaridad y la cercanía a los más pobres, se ha caminado con ellos ratificando la opción preferencial por los excluidos”, explicaron.

Los prelados invitaron a todos, “principalmente a las nuevas autoridades regionales y municipales electas, a atender las ingentes necesidades de las comunidades, para eso fueron elegidos, que su política no sea el sostén de una ideología, sino de la vida de los más pobres, es decir, la construcción del bien común”.

Para concluir, los obispos pidieron a Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela, y al Beato José Gregorio Hernández que los ayuden “en la tarea de reeducar e inculcar los valores que nos identifican como nación”.

“Para que caminando juntos reconstruyamos el tejido social, que nos lleve a ser una Iglesia que promueva la cultura del encuentro, del amor, la justicia, la paz, la libertad”, concluyeron.

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