“Volver a Irak durante la ocupación de Isis ha sido una llamada de Dios”

Monseñor Basel Yaldo, obispo auxiliar de Bagdad, víctima de un secuestro hace 9 años, cuenta su difícil labor pastoral

Roma, 23 de junio de 2015 (ZENIT.org) Luca Marcolivio | 0 hits

Monseñor  Basel Yaldo, desde hace cinco meses obispo auxiliar del patriarcado caldeo de Bagdad, ofreció un testimonio extraordinario de fe cristiana en un escenario de persecución para concluir el encuentro Peregrinos en el ciberespacio (Grottammare del 18 al 20 de junio).

El prelado pidió a los periodistas presentes “hacer escuchar en todo el mundo la voz de una Iglesia que sufre”. Además, contó la historia de su secuestro que tuvo lugar en Bagdad en septiembre del 2006, en un clima de tensión, tras el conocido discurso del papa Benedicto XVI en Ratisbona, completamente mal entendido por muchos sectores del Islam

Dirigiéndose a aclarar la controversia con un grupo de musulmanes, el joven sacerdotes fue agredido y retenido como prisionero durante tres días, durante los cuales su único consuelo fue recitar el rosario.

“Me dijeron que me liberarían si el Papa pedía perdón y yo les dije que no habían entendido su mensaje. Su reacción entonces fue ‘cállate’”, contó monseñor Yaldo.

Hablando de la actual ocupación de una amplia parte del territorio iraquí por parte del Califato islámico, el obispo auxiliar de Bagdad admitió: “Bajo Sadam los cristianos vivíamos bien, hoy en vez de un dictador tenemos 100…”.

De 45 años y originario de la Llanura de Nínive, Yaldo se trasladó con su familia  Bagdad cuando tenía 7 años. Al finalizar el instituto entró en el seminario mayor. Después de licenciarse en teología en 2002 en la Universidad Pontificia Urbaniana, fue ordenado sacerdote en Roma, el 23 de noviembre de ese mismo año.

Tras la caída de Sadam Husein en 2003, Yaldo volvió a Bagdad como vicedirector del seminario y de secretario del patriarca de los caldeos. Después de su secuestro, el sacerdote dejó Irak por motivos de seguridad, dirigiéndose primero a Estados Unidos y después de nuevo a Roma, donde realizó el doctorado en teología dogmática. En febrero de 2015, volvió a Bagdad como obispo auxiliar.

En entrevista con ZENIT, monseñor Yaldo habla de su experiencia pastoral, dejando un gran mensaje de paz.

 

¿Qué recuerda del secuestro que sufrió hace 9 años?
-- Monseñor Yaldo: Sucedió en septiembre de 2006, poco después del discurso del papa Benedicto XVI en Ratisbona, que suscitó grandes polémicas y también violencia entre los musulmanes, también en nuestros país. En esa circunstancia, muchos sacerdotes fueron secuestrados: me tocó también a mí, cuando era secretario del patriarca de Bagdad.

Fue una experiencia que me dio fuerza para profundizar en mi fe. Recuerdo que me quitaron todos mis objetos personales: documentos, dinero, cartera, reloj, móvil. Me dejaron solamente un pequeño rosario. El secuestro comenzó el sábado y terminó el lunes. El domingo, por tanto, no puede celebrar la misa, porque me encontraba con las manos atadas detrás de la espalda. Me limité a rezar con es rosario, pidiendo la intercesión de la Virgen María. Cuando me soltaron, acogí esto como un milagro. Doy gracias al Señor que mi secuestro duró solo tres días.

¿Con qué espíritu ha vivido su vuelta a Irak al inicio de este año?
-- Monseñor Yaldo: Bagdad es la ciudad donde crecí y esto muy unido a ella. Me sentí feliz de volver en este tiempo difícil para demostrar a nuestros fieles que estamos cerca de ellos en el sufrimiento. Tenemos que pensar en nuestra comunidad y en particular a los más pobre, para hacerles entender que no están solos. Este espíritu de solidaridad me da la fuerza para servir más. Para mí es un verdadera misión y una llamada de Dios. He vuelvo a Bagdad en el momento justo para ayudar a la gente que sufre.

¿Cómo es posible vivir como cristianos en un país como Irak, en particular cuando se trata de perdonar a los enemigos?

-- Monseñor Yaldo: En Irak, los cristianos somos una minoría del 2-3 por ciento. Nuestra pequeña presencia es un buen ejemplo para todo el país. En Irak todos saben que los musulmanes son gente pacífica, leal y fiel. Tenemos relación con todos, ningún cristiano e Irak ha matado por motivos religiosos o ha sido kamikaze. Nuestra presencia es muy importante. Por tanto debemos saber perdonar en el ejemplo de Jesucristo, nuestro Maestro y dar un buen ejemplo a los otros.

¿Cómo está viviendo su ministerio episcopal?
-- Monseñor Yaldo: Cada día voy a una parroquia para animar a la gente, diciendo que estamos unidos, que estamos con ellos. El patriarca Sako y yo estamos animando a nuestros fieles a permanecer en Irak. En nuestra tierra está todos nuestro patrimonio y nuestra historia. Cerca de Bagdad tenemos tres de las ciudad cristianas más antiguas de Oriente Medio, mencionadas también en las Escrituras: Nínive en el Norte, Babilonia en el centro, Ur en el sur. Debemos dar testimonio también con la sangre y nuestra iglesia, en los últimos años, se ha convertido en una iglesia de mártires.

¿Qué llamamiento quiere lanzar a la comunidad internacional?
-- Monseñor Yaldo: Pedimos a la comunidad internacional ayudarnos para que termine esta tragedia. En Irak tenemos muertos cada día. En un noche, al norte del país, han huido más de 10 mil personas, dejando su tierra y sus casas. Deben ayudarnos no solo a nivel material: en primer lugar deven expulsar a los terroristas del Isis. Por esto pedimos ayuda también al Santo Padre, vista su influencia entre los poderosos del mundo. El papa Francisco ha demostrado gran atención hacia el pueblo iraquí, mandando a nuestro país a varios cardenales. El prefecto de la Congregación Propaganda Fide, Fernando Filoni, ha venido dos veces a visitar a los refugiados, también ha venido el arzobispo de Lyon, Philippe Barbarin; el prefecto de las Iglesia Orientales, Leonardo Sandri, y finalmente hace unos días, el arzobispo de Milán, Angelo Scola. Todo esto nos da ánimo y esperanza.